Fátima, la tercera de las incorporaciones, era una chica de cabello rubio, alta y de complexión normal, con muchos menos aires de grandeza y suficiencia que Andrea, que aún vivía con sus padres en una vivienda cercana a la mía aunque tenía novio con el que pensaba casarse en breve. Como era con la que más me relacionaba laboralmente, en poco tiempo cogimos bastante confianza aunque pasaron varios meses antes de que comenzáramos a enrollarnos sexualmente y fue a cuenta de que, al acabar mi jornada laboral, solía darme un paseo por la orilla del río sabiendo que era un lugar bastante frecuentado por parejas deseosas de satisfacerse sexualmente. Fátima, a la que la gustaba hacerlo al aire libre, resultó ser asidua a visitar aquel lugar en compañía de su novio puesto que en la misma semana la

