—Podrá usted comprobarlo por sí mismo, Sargento. Y a continuación comencé a leerle la carta, con el mayor énfasis y la mayor discreción po- sibles, la cual se hallaba concebida en los siguientes términos: "Mi buen Gabriel: Le ruego informe al Sargento Cuff que he cumplido la promesa que le hiciera, con el siguiente resultado, en lo que atañe a Rosanna Spearman: Miss Verinder declara solemnemente que en ningún instante cambió en privado palabra alguna con Ro- sanna, desde el instante en que esta infortunada mujer entró por vez primera en mi casa. Que en ningún momento, ni siquiera por casualidad, se encontró con ella la noche en que desapareció el diamante; y que ninguna clase de contacto hubo entre ellas desde la mañana del jueves, día en que se dio la primera alarma en la

