Al parecer, poco es lo que le importaba al Sargento que le respondiera o no. Siguió adelante en su marcha (¡el demonio se lo lleve!) con mayor tenacidad que nunca. —Luego de haber planteado el caso según los dictados de mi inteligencia —dijo—, sólo habré de decirle ahora a Su Señoría cuál es el paso que me propongo dar de inmediato. Dos caminos se me ofrecen para llevar esta pesquisa a un desenlace feliz. A uno de ellos lo con- sidero seguro. El otro, admito, es un osado experimento; nada más que eso. Su Señoría será quien decida. ¿Adoptamos primero el que es seguro? Mi ama le hizo un signo para que escogiera él. —Muchas gracias —dijo el Sargento—. Comenzaremos con el método seguro, ya que Su Señoría ha sido tan amable como para permitirme elegir. Ya decida Miss Verinder p

