Mirando en la misma dirección, pude yo a mi vez comprobar que se trataba de la ventana del aposento de Miss Raquel y que las luces iban y venían allí dentro, como si algo desusa- do estuviera acaeciendo en la habitación. —¿No es ése el cuarto de Miss Verinder? —me preguntó el Sargento Cuff. Yo le respondí afirmativamente y lo invité a entrar para cenar. El Sargento permaneció en el mismo sitio y dijo algo que se refería al placer que le producía el aspirar los perfumes del jardín en la noche. Yo lo dejé abandonado a su deleite. En el preciso instante en que do- blando penetraba en la casa, oí la música de "La última rosa del verano", que llegaba hasta mis oídos desde el portillo del jardín. ¡El Sargento Cuff acababa de hacer un nuevo descu- brimiento! ¡Y la ventana de Miss R

