Un teléfono a prueba de todo.
- Vuelvo en un momento- salí de la cafetería para recibir la llamada de mi mejor amigo (en el mundo mundial) Roger, quien vive a millas de kilómetros de aquí, quien casi confirma que la distancia no acaba con el amor.
- No tardes mucho- contesto Ana, una de mis mejores amigas.
No pude evitar resoplar ante su respuesta tonta, ya que era probable que me tomara al rededor de media hora, por lo menos, terminar esa llamada.
Salí del edificio a paso apresurado. Roger sabía que estaba con las chicas esta noche y si me llamaba era para contarme algo excepcional.
- Hola mi Roy, ¿qué tal el día? - y así comienza nuestra típica conversación, la verdad es que estar lejos no ha afectado nuestra relación, nos contamos todo lo que nos ocurre cuando pesa la distancia, cuando recibo sus llamadas creo que esta aquí junto a mí, resultado patético no, pues si al parecer lo es.
Nosotros los locos.
Después de veinte minutos hablando con Roger decido entrar en la cafetería, aun voy distraída tecleando en el teléfono cuando un idiota se cruza conmigo haciendo que cayéramos uno encima del otro. Empece a echar pestes sobre la bendita suerte que me cargaba cuando contemple por un segundo al individuo -oh Dios mío, como diría Mary (mi otra mejor amiga), este tipo de lo más ...
Un momento- dice una voz en mi cabeza-concéntrate, te acaba de empujar y estas debajo de él. Al instante hago un poco de fuerza y el, notando mi incomodidad, sé recupera y me ayuda a ponerme en pie.
- Lo siento, perdón- dijo un poco nervioso- la verdad es que no te había visto.
Resoplé de una manera poco femenina mientras observaba al hermoso espécimen frente a mí. Arque una ceja y con tono burlesco le respondí.
- Ni que yo fuera de la mujer invisible- dije un poco molesta, aunque la verdad estaba un poco embobada el tipo esta de veras .....
¡Las cosas bellas que uno se perdió en esta vida!
Concéntrate layla, tenemos una pérdida, deberías fijarte mejor por dónde vas —le reproche.
- Discúlpame un momento- dijo ahora con más seguridad y petulancia –pero usted por lo visto también estaba distraída, ¿no?
- Si es la verdad, lo que pasa es que estaba hablando en un momento, por estar embobada había olvidado algo muy importante —mi teléfono, ¿dónde está ...?
No me hizo falta en realidad terminar la pregunta si ya sabía la respuesta, mire rápido al suelo y encontré los pedazos más cercanos de mi pobre bebé, tanto que lo que quería, con el habia pasado tantas cosas buenas y malas que sentí morir. Típico drama mío.
Al aprecie puse una de mis famosas caras de tragedia más lindo del planeta conocido.
- Creo que tiene salvación, si no, pagare el teléfono.
- Si, tal parece que se arreglara —dije reuniendo los pedazos - si no, no te preocupes. Puedo arreglármelas sola.
Siempre he tenido un aire de superioridad ante los hombres, aunque digamos que es más orgullo, me encanta poder resolver todo sin tener que pedir ayuda es algo que según Roger me hace daño pero en fin, así soy.
¿'Qué le vamos a hacer?
- Al parecer la señorita se enojó -dijo tomando la batería del teléfono que estaba más cerca del —solo quería remediar nuestra situación.
Yo ya tenía las otras piezas y arreglándome literalmente las manos le dije- No estoy molesta, solo que no necesito que me repares mi teléfono. Puedo hacerlo sola.
- Con que además de enojona, engreída- dijo riendo- bien, como quieras.
No puedo creer que me diga engreída, no soy engreída ¿oh si? - ¡claro que como yo quiero! - le contesté de mala gana- esta engreída se va, adiós idiota.
-adiós, nenita engreída- dijo entre risas. ¿Se está burlando de mi? me voltee para reclamar pero ya se había ido, gracias a Dios porque le iba a dar. Termine de colocar el teléfono, pulse el botón de encendido y listo, como nuevo.
Lo bueno es bueno donde quiera que esté.
——-
Unos minutos después de volví a la mesa con mis compañeras y amigas del alma. Ya había pasado el pequeño enojo que me poseía y dramáticamente me desparrame en la silla.
- Pensamos que te habían secuestrado, justo íbamos a llamar a la policía- dijo mary con su teléfono en la mano, ¿en realidad se atrevería?
El drama nos consumía.
- Les contaré lo que me pasó -dije con un tono dramático en la voz, eso hizo que pensaran que era algo de verdad intenso. Empezar a contar toda la historia y sus cambios faciales por las expresiones no me dejaban terminar, eran muy graciosos, lo que hizo más largo el tiempo del cuento.
Siempre lo mismo.
- Y ahora cuéntanos como era- soltó Ana, la verdad es que estaba asustando todo el tiempo que espero para preguntármelo. Nunca se tomaban tanto tiempo para esperar los pequeños detalles.
- Pues era un poco más alto que yo- comienza la descripción- con hermosos ojos azules (ni los recordaba), hermoso pelo n***o y un cuerpo de lo mas ...
- Bendito- fue lo único que pudo articular Mary, estaban pasmadas, se enloquecen con hombres así, también yo ... hay que ser sinceras, pero por lo menos sabia disimularlo un poco.
Dignidad, dignidad.
Terminamos nuestras bebidas y fuimos a casa, primero dejamos a Mary que vive a dos cuadras de nuestro departamento. Ana y yo vivíamos el "refugio". El que compartimos desde que comenzamos la universidad.
Bajamos del auto de Ana y subimos hasta nuestro piso. Un pintoresco departamento de dos habitaciones y un barcon por el que observar y chismear a los transeúntes.
Como niñas buenas nos despedimos y cada una tuvo su rumbo. Cuando fui a dormir, Ana me llamo para recordarme que empezaba a trabajar mañana como asistente de uno de los empresarios más importantes de la ciudad —palabras de maribel ya que también era su jefe— y que no podia llegar tarde. Yo, con lo sucedido con el buenorro, ya hasta lo habia olvidado, pero la verdad es estaba ansiosa pro comenzar, y tambienn porque el préstamo de la universidad y los gastos de la casa no se pagan solos, como ya dije no me gusta depender de nadie para nada, me gusta y quiero total libertad. Siempre.
Y así comienza mi historia, la típica historia de una joven que va a otra ciudad para lograr sus metas, Layla (yo) de 24 años y aún si saber lo que yo esperaba en la vida. A pesar de llevar un tiempo viviendo aquí tengo la certeza de que ahora empezaba otra etapa en mi vida.
.................
El murmullo de una voz chillona me saco de mis dulces sueños, cosa que me enojo, no todos los días soñaba con un hombre tan hermoso. Siendo más precisos. Nunca soñaba nada de nada.
Menuda suerte.
- Layla, por amor a Dios- grito Ana haciéndome saltar en la cama.
- ¿Se puede saber que te pasa? - dije tirándome rápido de la cama y golpeándome el pie, ¿pero qué rayos ?, porque me hace levantarme temprano, según mi reloj son las seis de la mañana.
Ah cierto empiezo a trabajar a las 7:30, si era eso.
! Dios mío era eso! corrí lo más rápido que puede al baño, después de diez minutos salí envuelta en una gran y mullida toalla, fui a la habitación y ... se me olvidó sacar que ponerme hoy, ¿porque soy tan distraída? me voy a volver loca hoy.
Era justo.
-Toma- dijo Ana entrando a la habitación- sabía que no habías buscado nada. Como eres ¡Dios!
- ¿Te dijo lo mucho que te quiero? - Le di un beso en la mejilla y salió de la habitación.
Así era ella. Chiquita, odiosa e impertinente. Pero la amaba.
Diez minutos mas y ya estaba vestida, peinada y maquillada como toda una profesional, tenía mis trucos debo decir, los tutoríales y Maribel servían para algo.
Una vez que la lista fue hasta la cocina a buscar algo de comer. El departamento en si no es tan grande pero lo suficiente para nosotras dos aunque Mary pasaba algunas noches aquí, aún más cuando tenía problemas con su primo, compañero de departamento.
Por eso era apodado el refugio.
Al llegar a esta me sorprendí al no encontrar a Ana. Ya que este, por lo menos a esta hora era su lugar preferido.
- ¡Te dejñe algo en la isla! —Me gritó desde su habitación— ¡date prisa o llegaras a casa sin trabajo!
- ¡Si mamá! - le contesté y me dirija a la isla, encontré tostadas —porque ella siempre sabe lo que quiero— a pesar de no poder disfrutarlas como es debido por la falta de tiempo.
-¡ Layla por Dios, vete ya! - continuó gritando ella, la verdad es que cuando queria la muy ingrata. Era o es un poco intimidante.
-¡Nos vemos luego! - le grite también- ya te llamare para contarte, adiós.
No escuche la respuesta pero tome las llaves y mi bolso, salí hasta mi querido y apreciado auto, que no está de lo mejor pero aun así lo amo, encendí el motor y en pocos minutos ya estaba llegando a SMITH INTERNACIONAL, una de las empresas más importantes de varios países, ubicado a la adquisición de empresas y esas cosas, es lo único que se, aparte de lo que me conto mary- quien me controla el trabajo allí- según sus palabras y en lugar de decirme algo acerca de mi trabajo , se limitó a decirme que el jefe esta de lo más bello. Ella no se cansa de decirlo e imagino que de verdad debe de ser muy lindo.
Ella nunca me mentía en eso.
No investigue más, ya que lo que quería era el trabajo y así dejar de aceptar el dinero de mis padres y ser independiente por fin. Cuando llegue al estacionamiento entregue una tarjeta que Mary me hubiera dado para hacer la entrada más rápido hasta que tenga la mía.
Al llegar a la recepción me quedo perpleja por un momento, este sitio es de lo más hermoso, la edificación es muy moderna blanco con tonos grises y negros en los muebles.
La recepcionista una chica con una sonrisa Inmaculada muy simpática y coqueta, me saludo al entrar.
Al parecer me iba a agradar.
-buenos días- dijo con una gran sonrisa- soy Emmy, tú debes de ser layla, ¿verdad?
-Si, por supuesto- le respondí. Hasta ahora no había sentido mis nervios —es un placer conocerte.
- Lo mismo digo — contestó sin borrar su sonrisa - tienes que subir hasta el piso 12 ahñi estarás trabajando, te encontraras con Susan y sus otras recepcionistas más, ellas te ayudarán.
- Gracias-le conteste, subí al asesor y llegué de una vez al piso 12, y como era de esperarme a cada lado estaban las dos chicas que Emmy me había dicho, me acerque a una de ellas. La señora, se nota que rondaba por los 40 años sufrió el pelo corto y un traje de falda n***o muy formal. Suerte que Ana me dio para vestirme si no hubiera ido ridículamente informal.
- Hola, soy Susan- dijo sonriendo con naturalidad- tú debes de ser Layla.
Asentí levemente.
- Que bueno que llegaste diez minutos antes- dijo viendo su reloj de pulsera- debes de separar el correo del señor Smith -levantando la mirada hacia la otra asistente dijo- ah por ciento esta señorita que está aquí es Nicole, asistente del señor Brown, el vicepresidente de la empresa.
- Hola- le di una de mis sonrisas y la salude con las manos- un placer conocerte.
Ella se limita a asentir, después de mirarme de arriba abajo. Sus extensiones rubias y uñas acrílicas de largo mantenimiento me dijeron que todo lo que debía saber. No seriamos amigas.
No no.
- No te preocupes-dijo susan sacándome de mis pensamientos- no es personal, ya verás cómo cambia luego.
- Ok -le dije y me dirigí hacia la oficina de mi nuevo jefe. Cuando entre volví a quedarme un poco pasmada, admirando todo, es más grande que nuestro departamento, lo que debería ser ridícula. Los muebles al igual que en recepción son negros y gris, con unos cuadros abstractos bellísimos como si fuera un mural. Desde mi punto de vista, es un lugar perfecto ya que contaba con una pared por completo en cristal. Desde la que podría ver gran parte de la ciudad.
Me quedé mirando como idioma por algunos minutos hasta recordar lo que tengo que hacer, separar el correo, cosa más absurda, pero con toda la calma me dediqué a ello .... pensé en clasificarlos por los lugares de donde probamos que por gracia divina no eran muchos así que terminaría rápido.
Tarareando y licúe dime cómo estaría en casa, Sentí que se abría la puerta mientras yo estaba de espaldas a esta, pero no me voltee, no señor. tenía que terminar de arreglar esto antes de ....
- Buenos días- me dice el hombre que por lo bajo de su tono o aun está en la puerta o hablaba muy bajo.
- Buenos días señor Smith- conteste, Dios, volvían los nervios. Sentía que ni las gelatinas se movían como yo.
- Mi nueva asistente -siguió diciendo en el mismo tono de voz- tengo entendido que te llamas Layla, ¿verdad?
-Si señor- termine de clasificar el correo así que me gire para ver al señor Smith, pero ¿qué demonios?
Si me queda perpleja con el edificio, con saber quién era el "bendito señor Smith", me quedé muchísimo peor, no tuve una palabra articular aunque lo intente varias veces boqueando como pez fuera del agua. El susodicho estaba vestido muy formal con un traje gris que le quedaba perfecto, una corbata azul que tenía el mismo tono que sus hermosos ojos.
Que hombre ¡Dios!
-¿¡Tu!? - me pregunto con el mismo desconcierto que el que debería tener yo en estos momentos.
La vida de muchas vueltas, querida.
-¿Tu eres el señor Smith? - mi voz suena sosa, es que estoy conteniendo el aire, de seguro como dijo Ana hoy llego a casa sin trabajo. Dios me ayude. Siempre meto la pata- ¿Eric Smith?
- Si, si lo soy- esbozo una leve sonrisa, pero ¿qué cara debo de tener en estos momentos ?, siento que las mejillas me ardían como si estuviera cocinándolas-y tu-se acerca más a mi- ¿ere mi nuevo asistente?
Asentí un poco, aun estaba de lo más nerviosa y tenia porque, anoche le habría gritado e insultado a este hombre, además de lo bueno que ......
- Muy interesante señorita Aston- me rodeo observándome desde todos los ángulos mientras esperaba que la tierra me tragara y me llevase a Finlandia o algo más lejos - demasiado interesante.
- Debo suponer- me atreví a hablar mojando mis labios.- que después de lo de anoche no me querrás como tu asistente. mantenía la esperanza de irme lejos. Aún así, seguía deseando el trabajo.
¿Quién es la masoquista más grande de esta tierra?
Pues yo.
- Se equivoca señorita Aston- su sonrisa se volvió más petulante y grande. Dejándome ver una sana dentadura brillante como si fuera un anuncio de pasta dental, esto será muy bueno, digo, si usted aún quiere formar parte de mi equipo, por supuesto.
- Si- amiga, lo dije tan rápido que me sorprendió no morderme la lengua- aun quiero, señor Smith
- Bien, en ese caso ...- dijo acercándose mas a mi- ¿me puedes traer mi café por favor ?, dile a Susan que te diga cómo me gusta.
- Enseguida señor- conteste y justo cuando iba a abrir la puerta su petulante voz me detuvo. Puse los ojos en blanco para luego girarme con la sonrisa más hipócrita de todos mis días.
- Entonces señorita Aston- Arquee una ceja mirándolo directamente - comienza el juego.
Salí de la oficina aún pensando en sus absurdas palabras ¿pero qué significa eso, qué comienza el juego, pero qué juego? ¿Tratara de hacerme la vida imposible? pues si es así será un gran juego. Oh sí que lo será.
Como me llamaba Layla Aston ganaría ese juego. Sino, me cambiaría el apellido.