—¿Esperas que te haga el amor con la ropa puesta, querida? ¿O te la quito yo? —Envuelto en una corta bata de satín, Hugh se paró frente a Leah. Aunque comprendía su reticencia a desvestirse ante él, veía que no podía apartar los ojos de él. Con evidente curiosidad, lo miraba desde el cabello hasta la cara y desde el pecho hasta la cintura y los muslos. El resplandor de las velas trazaba delicadas pinceladas sobre ella mientras las llamas del hogar iluminaban los objetos a su alrededor. Finalmente, se dirigió a la cama y se deslizó entre las sábanas.—¿Te retiras esta noche completamente vestida? ¿Tienes algo que ocultar, tal vez? —Le dedicó una sonrisa sugerente. —Hugh, no deseo que te acuestes conmigo ahora. No antes de la boda, como dije antes. —Ella no dejó que las palabras salieran tan

