Alma la tomo de las mano y quedaron frente a frente, la miró a los ojos y la evaluó con la mirada de arriba bajo, cuando regreso al rostro de Alma le sonrió con picardía, Alma se sintió perturbada por esa mirada, era como llena de deseo, recordó que Marcel la miraba así, otros con los que estuvo antes, la miraban así. La doctora es muy profesional, se dijo Alma.
Pía se acercó más y acarició sus brazo con sus manos, luego coloco su mano sobre la parte alta de la blusa transparente de Alma mientras no dejaba de mirarla a los ojos, metió sus dedos dentro de la blusa desde arriba y sintió la suave piel de Alma y Alma sintió el roce de sus dedos contra su pecho, se sintió sobresaltada.
Su reacción no pasó desapercibida por Pía, que comenzó a desabotonar su blusa, botón tras botón, hasta que dejó expuesta la franelilla que llevaba abajo, Pía pensó que era una lástima que llevara esa franelilla, deseaba verla desnuda, a esas alturas ya había perdido la razón, el corazón le latía fuerte y estaba tan deseosa del contacto con Alma que estaba dispuesta a volverse un poco loca, incluso manipularla.
Terminó de sacarle la blusa y la tiró al suelo, colocó sus manos alrededor de la cintura pequeña de Alma y la acercó más hacia ella, rozo con sus dedos la parte baja de la franelilla sobre el pantalón y se la fue retirando poco a poco, Alma no se inmutaba, sabía que quería sentir cosas y quería que esa mujer siguiera haciendo lo que hacía pero se sentía ajena como si viera todo desde afuera, levantó los brazos para dejar que le quitara la franelilla.
Al fin quedaron de nuevo sus hermosos pechos redondos y firmes expuestos a la vista de Pía, volvió a tomarla por la cintura y miro descaradamente sus pechos, levantó la mirada y sus ojos se cruzaron, Pía llevo sus manos hasta su cuello y lo acarició, Alma se entregó a la sensación de esas suaves manos acariciando su cuello, lentamente llevo su pulgares un poco más arriba y rozo su mentón, llegó hasta sus labios con sus pulgares mientras la seguía sosteniendo por el cuello, Alma tenía la cabeza hacia atrás, Pía dejó que uno de sus pulgares penetrara la boca de Alma, que abrió la boca y la dejo invadirla.
Pía deseaba besarla, besar su boca, sus pechos, cuello, pero se resistió y se limitó a jugar con sus dedos dentro de la boca de ella, de repente Alma, comenzó a chupar el dedo pulgar de Pía, las dos estaban entregadas al acto simple, tan íntimo. Alma lo chupaba con suavidad y gemía calladamente, Pía sentía que explotaba pero están disfrutando el vaivén de la lengua de Alma sobre su pulgar.
Saco sus dedos de la boca de ella, y llevo uno de sus pulgares ahora húmedos por la saliva de Alma, hasta uno de los pezones, ella enseguida soltó un gemido, Pía colocó su mano alrededor del pecho y poso el pulgar sobre su pezón, comenzó a ir a arriba y abajo con suavidad, Alma volvió a echar la cabeza hacia atrás y se agarró del brazo libre de Pía.
Pía no soporto su contacto y la agarro fuerte con ambas manos por los glúteos y la llevo hasta la cama, la tendió con delicadeza mientras la empujaba con su cuerpo, Alma se llevó las manos al cabello y trato de acomodarlo, dejó sus manos estiradas a su lado esperando el próximo movimiento de Pía.
Pía quería hacerle de todo, se detuvo decidiendo que quería hacerle primero, pero decidió controlarse e ir despacio de nuevo, Alma estaba excitada, hacia tanto tiempo que no sentía deseo que estaba que explotaba, quería la boca de Pía sobre ella, quería que la dominase que hiciera con ella lo que quisiera.
Pía beso uno de sus pálidos pechos, Alma gimió y cerró los ojos, lo besó con suavidad, con besos repetidos y tiernos, acarició su otro pecho sobando su pezón tiernamente.
Llevo su boca hasta su pezón nuevamente y lo chupo con delicadeza, Alma estaba pérdida incapaz de reaccionar a las sensaciones que sacudían su cuerpo. Estaba muy excitada. Las caricias de Pía sobre sus pechos eran suaves y deliciosas y su boca era tibia, Pía se alejó de ella, y se levantó de la cama de prisa, se llevó las manos al cabello, lo acomodo y revisó su ropa, Alma la miraba confundida.
—¡Tócate! Córrete —le ordenó.
Alma sin dudarlo desabotonó sus jeans, metió sus manos entre ellos y comenzó a complacerse ante la mirada de Pía, cuando los espasmos acabaron, Alma se sentó en la cama tratando de recuperarse.
—¡Fui lejos contigo! No estuve bien —dijo Pía.
—¡Estuviste más que perfecta! Eres la mejor terapeuta del planeta —dijo Alma recogiendo su ropa de suelo.