Episodio 6

1068 Palabras
Despertó con el rostro de Liana sobre el suyo, le sonrió y negó con la cabeza. —¡Nunca me habías dejado quedarme! —observó Liana. —¡Nunca me había apetecido desayunarte! —respondió Pía. —Estas como muy deseosa de mí, deberías hacerme caso y dejar que vivamos juntas, o no, pero que tengamos una relación estable, ¿Por qué no quieres? —preguntó ella. —Es complicado, después de mi divorcio quiero tomar las cosas con más calma, ven, déjame consentirte para que no pienses en eso —le dijo Pía mientras la atraía hacia ella. Pía quedó tendida sobre el cuerpo de Liana, la hizo abrir las piernas y quedaron entrelazadas, Liana enseguida la rodeó con sus brazos y comenzó a acariciarle la espalda, quedaron así, mirándose a los ojos, apretada una a la otra, Pía tenía sus brazos apoyados sobre la cama a los lados de la hermosa cabellera de Liana, frotaba su sexo contra el sexo de esa chica hermosa y sensual que tenía debajo de ella, quería comerla con violencia pero en cambio eligió hacerlo suave y lentamente, solo subía y bajaba sobre ella con delicadeza, ya Liana gemía y movía su cabeza de un lado a otro, ya no le acariciaba la espalda, estaba aferrada con más fuerza a las caderas de Pía y la guiaba para sincronizar el ritmo de su sensual y urgido roce de sexos. Pía observó el rostro dulce y suave de Liana, era una chica hermosa, ya habían perdido el contacto de la mirada fija porque los movimientos que hacían ya tenían pérdida a la chica debajo de ella, gemía y se agitaba con los ojos cerrados, mordía su labio inferior y soltaba un grito más profundo de vez en cuando. Pía estaba observándola, quería revivir el momento con Alma, verla venirse en el orgasmo, y que la afectara su orgasmo más que el propio, quería eso. Liana sucumbió al orgasmo y las dos se abrazaron, Pía fue sobre su boca y le depositó un tierno beso con el que atrapó su labio inferior, jugueteo con el un rato y se besaron más profundamente luego. —Eso me encantó, fue diferente —dijo la chica. Pía sin decir nada acariciaba el hermoso rostro de Liana que la miraba con dulzura con sus grandes ojos de forma redonda, esa chica no solo la deseaba, la amaba, y a Pía no le importaba darle falsas esperanzas, pensaba en Alma y ya no se reprimía. Liana se marchó risueña tirando besos con la mano, la única razón por la que Pía soportaba esas cursilerías era porque Liana estaba jodidamente buena como ninguna y a pesar de sus peticiones de noviazgo, no era intensa, sabía respetar el espacio de Pía. ¿Dónde conseguiré una chica con cuerpo de diabla y cara de ángel? Que lo hacía como puta mientras lucía como novia. Es hermosa se decía Pía. Iba pensando en cómo tenía a Dionisio y Liana pidiéndole más, pensó que debería juntarlos a los dos y tener un trio con ellos, Pía no estaba dispuesta a dejar de ver a ninguno de los dos por el otro. Llegó al centro de terapias y subió enseguida, estaba expectante por Alma, se sintió tan afectada que decidió darle un giro a la sesión que tendrían ese día. La dejaría tomar el control. Pía se vistió ese día pensando en ella, se colocó un jean blanco súper ajustado y una camisa dorada con rayas azules, de manga de tres cuartos, la dejó bastante desabotonado arriba y dejó su cabello castaño suelto, llevaba ahora el cabello liso hasta los hombros, era un cabello tan manejable que no debía hacer nada para que se viera hermoso y resaltara sus ojos verdosos y su piel blanca. Calzaba tacones, se sentía super sexy. Cuando Alma llegó no la decepcionó, llevaba una blusa transparente de flores sin mangas y una franelilla blanca debajo con jeans negros súper ajustados, sus risos dorados enmarcaban su rostro en forma de corazón y dejaban todo el protagonismo a sus ojos azules, era hermosa. Tan delgada y frágil que se veía. —¡Hola! —dijo Alma tímidamente. —¡Hola! ¿Cómo has estado después de nuestra sesión? —preguntó Pía. —Turbada —dijo colocándose uno de sus cabellos ondulados detrás de la oreja, mientras bajaba la mirada. —¡Maldita sea! ¡Me la quiero comer! —pensó Pía. —¿Quieres que hablemos de eso ahora o prefieres que sigamos explorando con las sensaciones? —preguntó Pía tratando de disimular lo que la había afectado ese comentario de Alma. —¡No quiero hablar ahora! —dijo en voz baja y con timidez. —¡Bien! Alma, hoy haremos algo diferente, hoy quiero que tú me digas, que quieres hacer, ¿Qué te gustaría probar, experimentar? —planteo Pía. —¿Lo que sea? —preguntó emocionada. —Deberé evaluar la practicidad y pertinencia de lo que pidas y sugieras, pero sí —respondió Pía. —¡Quiero verla tocarse! —dijo sin bajar la mirada. Pía sintió que su mundo giraba, se quedó seria y pensativa, entre las cosas que pensó que Alma diría jamás se imaginó que le pediría tal cosa. Lo pensó un momento, era una locura. —¡No! Yo no soy la paciente, esto tiene que ver contigo, no conmigo, no estoy aquí para tu placer visual, para eso tenemos pornografía, la podemos mirar, busquemos gente dándose satisfacción a sí mismas y trabajemos sobre eso —indicó Pía enseguida. —¡No! Entonces déjeme solicitar otra cosa —dijo firme. —¡Esta bien! Algo razonable —pidió. —¿Será posible que me desvista e intenté el juego previo? —pidió. Alma rió. —Claro eso puedo hacerlo, juego de roles, yo seré el seductor, Marcel, y tú serás Alma —dijo sonriendo. —¡Perfecto! —respondió Alma con picardía. Ese día se había propuesto tener algún tipo de contacto con la doctora, quería intimar con Pía, romper las barreras que la hacían lucir tan distante y fría con ella, porque esa calidez que parecía tener muy dentro, la llamaba. Quizás hasta lleguemos a ser amigas, pensaba Alma. Pía se acercó y se puso de frente a ella. —¿Quieres decirme qué hacer o quiere que yo tome la iniciativa? —preguntó Pía. —Tome la iniciativa —respondió Alma.
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