Alma se subió al regazo de Pía que la recibió sin resistirse, enseguida bajo a su cuello y lo besó, Alma echó la cabeza hacia atrás y se aferró a sus cabellos, la miró a los ojos y comenzó a agitarse sobre Pía, que la recostó en el sofá y le subió el vestido, bajo hasta su sexo y la invadió con su lengua, la extrañaba tanto: su piel, su olor, su suavidad, su sabor, Alma jadeaba y pensaba en la locura que estaba ocurriendo, tuvo una sensación de victoria y de pronto sintió miedo. —¡Solo sexo! —pensó, eso dirá Pía, estaba segura. El orgasmo que la golpeó no le dio chance de seguir explorando esos pensamientos, Pía se tendió sobre ella y la besó profundamente en la boca mientras le introducía dos dedos debajo y Alma se retorcía de placer, con gritos ahogados que la boca de Pía absorbía ent

