Karol
- Qué haces acá ojos rojos- muerdo el pan y el se acerca.
- Vine a verte- podía ver perfectamente sus ojos rojos, si eran bonitos.
- Bien ahora vete no tardarán en olerte- me quito la tostada y le dio un mordisco.
- Como se siente que tu huella de decepcione- apreté mis puños.
- No te incumbe- empecé hacer otra tostada.
- Me recuerdas a ella- dijo sentándose a mi lado.
- A quien- pregunte.
- A mi esposa.
- Claro
- No me creas
Rodé los ojos, empecé a olfatear su olor.
- Aaron esta aquí- le susurre a él vampiro.
- Quien? Tu huella- asentí.
- Mejor vete- el río.
- Alfa Aaron, un placer- señalé la puerta diciéndome que se valla.
- Puede salir de su escondite ya sabemos que esta aquí- empecé a empujarlo afuera.
- Bien si no sale es porque no le importas- paró hablándome a mi.
- Aaron quédate donde estas- empujé de nuevo a la salida el vampiro.
- No le importas- rodé los ojos harta.
- Vete- susurre pero me paró acercándose peligrosamente a mi.
- Ven conmigo- pasó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
- No- lo empuje de nuevo.
- Vamos, únete a mi- ya me estaba hartando.
- Véte ojos rojos- pedi de nuevo.
- No le importas a él pero a mi si- se acercó de nuevo a mi cara, su mano tocó mi mejilla, está frío y yo estaba caliente, era frío y calor, su tacto me relajó, no pude sostenerme a recargarme en su mano cerrando mis ojos.
- Tienes 3 segundos para soltarla antes de que te arranque esa mano- unas fuertes manos me jalaron hacia un cuerpo firme.
- Aaron Aaron- un gruñido de mi huella y en segundos el cobarde ojos rojos salió de allí.
- Lo matare- susurro revisándome.
- Estás bien- me pregunto y yo asentí.
- Si- susurre.
- Porque hablaste con él- su semblante cambió seriamente.
- Es.. no te incumbe- suspiro rodando sus ojos.
Mi mano fue a sus ojos que cargaban unas largas ojeras y en su mejilla un rasguño.
- Que te pasó- el me quito mi mano de su cara.
- Nada- dijo secamente.
Me separé de él y empecé a comer de nuevo mi tostada.
- Como puedes estar tan tranquila después de un ojos rojos casi de mata- reí limpiando la mesa para subirme.
- Ojos rojos no me iba a matar- dije empezando a subir las escaleras me
- Claro- rodó los ojos antes de subir detrás de mi.
- De ahora en adelante llevarás guardias- negué llegando a mi puerta.
- No estoy bien, le cuido sola, deberías tener guardias tú con esa fiera allí adentro- reí sarcásticamente, su espalda estaba completamente arañada, cuando la vi de inmediato supe que pasaba.
- Ja ja ja- se acercó a mi hasta acorralarme contra la puerta, el olor a ella inundó mis fosas nasales lo que me dio asco.
- Aléjate- esa no era yo era mi pantera, estaba perdiendo el control, ella me estaba controlando ahora.
- Como quisieras estar en el lugar de ella, que huela a ti, que me rasguñes y que me hagas gritar tu nombre- un gruñido salió de mis labios.
- Quítate- le repetí con enojo, sentía como ella salía, estaba enojada y no me controlaba.
- Anda saca a la bestia, que me va hacer, daño? Soy tu huella no me puedes poner un dedo encima si no es para darme placer- tenía razón, tanta que mi enojo creció.
- En este momento estoy segura que te mataría- rio amargadamente.
- De lo único que me matarías es de placer- nuestras narices rosaban, la imagen de nuestros labios juntándose me ganaron, la tentación creció.
- Aunque sea de placer, de placer te matare- sin darme cuenta mis manos fueron a su nuca y lo atraje a mi succionando sus labios.
Me respondió la instante juntando nuestras caderas, abrí la puerta, el la cerró mientras lo acorralaba contra ella, el beso de volvió desesperado, el olor que me daba asco empezaba a desaparecer, baje a su cuello dejándole besos humedos y pequeñas mordidas, el olor desaparecía lo que me gustaba.
- Entonces mátame de placer, tanto que me desconozca tanto que olvide toda mi vida tanto que solo sepa decir tu nombre- sus palabras me excitaron al momento.