-Mamá quiero que hablemos esta noche de algo importante, en algún momento si tu faltaras… ¿De quién sería el café? -.
-Oh por Dios Lili, que pregunta más inoportuna, mamá es una mujer sana, joven y no es oportuno ahora salir con eso-. Lauren se quedó mirando a Lili.
-Lauren no es para que te molestes, sencillamente era una pregunta-.
-Pues bastante fuera de lugar-. Lauren se despedía después de pasar por la caja y pagar las cajas de galletas para sus compañeras, no la perdonarían que llegara sin ellas.
-Madre creo que este café debe ser mío, tengo los medios para sostenerlo, soy estable y soy la mayor, espero que eso lo tengas en cuenta-.
-Querida, no te preocupes tanto por el café, seguirá funcionando tal cual como está, y tengo muy claro que cuando no pueda, o no me de mi fuerza para seguir al frente, entonces lo venderé, creo que Josef, o Mely serán buenas opciones, pero no estoy de muerte Lili-.
Lili la miró con frialdad, seguro que su preferido seria Omar, quizá se lo dejaría a él por aquello que era buen administrador, mantendría la tradición por años.
-Mamá, deberías de considerarlo, ya no estás en edad de tener que continuar trabajando, papá te dejó cómoda económicamente, tienes su pensión que está bien para tus cosas, deberías de verdad considerar irte a casa a descansar, bordar, o que se yo-. Lili frunció su rostro.
-Creo que no terminas de centrarte cariño, esta es mi vida y haré lo que quiera con ella, ya crie tres hijos, están adultos e independientes; Cariño, dedícate a tu vida por favor-. Rose acomodaba en las cestas las galletas que recién salían del horno.
-Eres muy egoísta madre-.
-Tú también actúas como tal-
Lili salía por la puerta del café molesta como ya era de costumbre.
-Vaya Rose, debe ser difícil para ti esta situación con Lili-.
-Para nada Mely, se le convirtió en costumbre, creo que le recomendaré ir a terapia, nada mal le vendría-.
Rose, desde el mostrador la vio marcharse, qué bueno que se había ido. cinco minutos después Rose se marchaba al salón, la cita era a las siete y media, llegaría a tiempo para su nuevo cambio, retornando al café nuevamente pues ese día el trabajo estaría por las nubes, y de paso adelantarían para el fin de semana, todos los viernes siempre había un cumpleaños, una familia reunida para una merienda a la tarde, alguna boda civil y acudían al café, Josef aparte de todo creaba delicias en la pastelería, esa tarde llegaría un nuevo exhibidor para los pasteles, y ponqués tradicionales.
El hecho de darle un giro al café, con aquellos nuevos muebles, la barra amplia y hermosa, las sillas, la máquina del café a la vista, el mueble de las tazas, los tonos, la decoración, le habían dado vida, la música, y todo lo tenían en su nueva carta, le había dado un gran giro.
Mientras conducía se quedó algo ida en sus pensamientos, ¿En qué momento su hija había dado un giro tan abrupto? - Desde que había conseguido el nuevo cargo, habían hecho su nueva casa, su auto era de agencia, quizá Lili todavía no aprendía a valorar las cosas pequeñas y disfrutarlas tanto como los grandes éxitos.
Aparcando su coche, entraba a la peluquería con presteza, era muy
puntual.
-Señora Rose, siempre puntual-.
-Me parece oportuno serlo-.
-Entonces este es el corte que desea-. La chica trajo la revista para comprobar por última vez.
-El mismo querida, ni más ni menos-.
-Se verá hermosa-. Y dicho esto la preparaba para el gran cambio de su vida.
Lenin despertando se levantaba a colocar la cafetera, hacer el desayuno y llevarle a Mery a la cama una buena taza de café.
-Princesa, buenos días-.
-Oh…que temprano, todavía el sueño me carcome-.
-No te levantes, no hay prisa, los chicos abrirán la tienda, se las arreglarán sin mí, ventajas de ser el dueño-.
-Ven aquí-.
-Haré tu desayuno-.
-Eso puede esperar-. Las sábanas quedaron a un costado, los pechos de Mery eran del total gusto de Lenin, en un arrebato la tomó en sus brazos alzándola, la llevó contra la pared, allí nuevamente se perdieron en besos, caricias, Mery sintió como la hacía suya de nuevo, sus gritos eran de placer, de éxtasis, y pasión, tenía años que no sentía algo parecido, se aferraba con fuerza a su espalda desnuda, su torso era sencillamente único, y de su total gusto.
Se fundieron en uno, hasta perderse entre los gemidos apagados, para caer en la amplia cama.
Rose de espaldas al espejo estaba a punto de ver el nuevo corte, la chica le hizo girar su silla, ella se quedó estática, sin palabras, sin gesticulación alguna.
-Estupendo, lo hiciste, vaya que cambio el que me hiciste ¡Oh! es maravilloso, sencillamente maravilloso-.
-Qué bueno que le ha gustado, se ve mucho más joven, es usted una mujer muy hermosa, señora Rose-.
-Gracias querida mía, es lo que deseaba, este cambio llega en un momento ideal-.
Rose cancelaba en caja, dejando una buena propina a la chica artífice de semejante hazaña, le había dado al cabello el toque que ella quería, en un mes volvería para cortarlo de nuevo, le crecía veloz-.
De camino al café, giro en dirección a su casa, se daría un baño para quitar cualquier rastro de cabello, cambiarse de ropa, un nuevo labial le hacía juego a ese par de ojos hermosos que poseía.
Llegando a casa, se apresuraba rápido y veloz, se despojaba de la ropa en su habitación, y entraba en la ducha, se cubrió el cabello para no humedecerse al abrir los grifos del agua.
Tras salir, tomó un pantalón mezclilla, una blusa manga larga a dos tonos, junto a su suéter naranja media, le sentaba de maravillas.
Una vez frente al espejo quedó sorprendida, el cambio era radical, tomando su bolso partió a su café.
La antigua Rose había sido enterrada dándole paso a una nueva mujer, y esa nueva mujer tendría que cerrar viejas heridas, una a una, para enfrentarse a la felicidad, en algún momento podía aparecer tocando su puerta, ella no quería tener cuentas pendientes con alguna sombra del pasado, y eso era algo que tenía claro.
Entrando en el café, Josef iba directo a ella, le ofrecía la carta del día, luego de mirarla por varios minutos, saltaba de alegría.
-Pero… es increíble, ese corte le hace ver más hermosa señora Rose, con todo respeto-.
-Gracias querido, ya era hora de enterrar muchas cosas-.
-Creo que sí, es bueno enterrar para plantar- Josef le guiñaba el ojo.
Entrando en la gran cocina, Mely se quedó pasmada, no decía nada, absolutamente nada, Rose le sonreía.
-Es hermoso tu corte Rose, este cambio me encanta…es hora de vivir Rose querida-.
-Es una verdad, hora de resurgir-.
Saliendo a la barra comenzó a despachar café, a enviar pedidos, el lugar se llenó sorpresivamente de un momento a otro, y lo más sorpresivo era ella.
Víctor entraba al lugar, caminando directo hacia la barra para pedir un café. Se quedó mirándole, no estaba seguro si era Rose o algún familiar.
-Rose ¿Eres tú? -.
-Víctor, buenos días, que bueno verte, este cambio me lo debía hace tiempos-.
-Pues esta bellísima, así que esta noche será una noche de pizza especial-.
-Con una botella de vino a bordo-. Rose sonreía.
En ese instante Víctor le entregaba una rosa roja hermosa, ella se quedó mirándole fijamente.
-Una rosa, para una hermosa dama-.
-La colocaré en agua, es hermosa-.
Mientras ella iba a la cocina y la colocaba en agua, llegaron los proveedores, se excusaba con Víctor, pero le decía que quedaría en las manos de Josef, tardaría una media hora mientras hacía unos pagos.
-Tranquila Rose, tomate tu tiempo, si no puedo despedirme de ti, entonces te llamaré para pasar por ti en la noche-.
-Bien, déjame grabar mi número personal en el tuyo.… perfecto ahora tienes guardado mi teléfono personal-.
-Buen día para ti, querida Rose-.
Rose salía del café al estacionamiento, cuando alguien le sujetaba el brazo, ella giró rápidamente.
-Rose, que cambio-.
-Oh, Charles, buenos días, ¿Cómo amaneciste?
-Bien, aunque molesto por no poder llegar a tiempo a la cena, pero ya sabes el trabajo siempre trae sus cosas-.
-Claro, así es, siempre sorpresivo-.
-Déjame invitarte un café, o lo que quieras, vamos a unas cuatro cuadras de aquí, vamos en mi auto-.
-Pero es que yo…-.
-Sin excusas Rose, te debo la salida de anoche, es solo un café-.
-Bien ya que insistes-.
Rose le cancelaba a los del transporte firmando a su vez el recibido, por la puerta de salida de la cocina al costado descargarían todo.
-El resto pueden subirlo al segundo piso, allí hay una bodega, Josef les indicará-
Subieron al automóvil de Charles quien conducía con calma, cuatro cuadras o cinco no eran necesarias en auto. Charles le miraba mientras le decía que su peinado y corte le quedaban bien, si se veía algo diferente.