Capítulo 9 Gran Cambio

1506 Palabras
En el café Charles le comentó que había cancelado la salida por un tema de trabajo, aunque se había desocupado con tiempo para llegar, pensó que no era buena idea, la apreciaba, no estaba quizás del todo listo para algo más, solo era una cita. -Aunque no niego que me gustas Rose, eres una mujer muy hermosa, y tu encantadora personalidad es aún más hermosa-. -Si, tal cual lo dices, seamos amigos, no es una relación ni un compromiso-. Rose tomaba su café, algo lejana a la plática de Charles quien en ese momento le contaba de su secretaria, se le había declarado, cosa que no le había hecho para nada gracia. -Una secretaria enamorada, una heroína sin lugar a dudas-. Dijo Rose. -Una mujer que estuve a punto de despedir-. -Menos mal, hubiese formado parte de la lista de desempleo-. -Rose, sueles tener sentido del humor-. -El sentido del humor ayuda en momentos críticos, que sería de la vida sin reírnos un poco de nosotros mismos, de los errores, o de las situaciones, ¿No te parece Charles? - Rose pedía otro café, en realidad que sentía esa sensación de tomar varias tazas. -Creo que me quedaría algo fuera de lugar, reírme de mí mismo, soy un hombre con múltiples compromisos-. -Yo también tengo los míos, claro que no diseño edificios, museos, grandes hoteles, puentes colgantes, leí sobre ti Charles-. Charles se quedó sorprendido un poco, quizás era en la revista de Panorama, allí había una foto suya y una reseña-. -Es bueno saber que te gusta la lectura-. -Me gustan muchas cosas, todo no pasa por solo huevos, pan, tipos de café y tazas-. Rose le miraba fijamente, eso le hizo sentirse incómodo, mejor hablar de otras cosas pensaba Charles. -Rose, espero el fin de semana pasar por ti, iremos a desayunar, es una invitación a la cual no puedes salir con un rotundo no-. -El domingo iré a la iglesia, a las nueve estará bien, llega puntual-. - ¿Ya te marchas? -. -Sí, ya me marcho, hoy es un día súper atareado, mañana es sábado, mis hijos suelen ir a cenar-. -Entonces quizá te llame para saludarte, si no es molestia-. -Bien, no es molestia. Rose se despedía y salió a paso presuroso, caminaría las cinco cuadras de distancia a su café, el sol brillaba con tranquilidad, esa noche iría con Víctor, cenarían pizza, y pasarían un momento ameno, agradable y lleno de música. Estaba segura que el sábado sus hijos tendrían una nueva controversia con el tema del café, pero no era de nadie, era absolutamente de ella, y haría lo que quisiera, a lo mejor más adelante vendiera y se diera a la tarea de viajar, eran tantas cosas que deseaba hacer, los años no pasaban en vano, ese año al final haría un gran balance, porque estaba segura que la vida le daría cambios que estaba dispuesta a abordarlos con seguridad. -Esta juventud de hoy en día cree que estamos fuera de circulación, solo nos salen algunos cabellos grises, pensamos con más madurez, y no tenemos prisa por irnos a cualquier cama-. Le comenzaba esto de meditar y hablar con ella misma. Cuando entraba al café, estaban todo ocupado el lugar, tomó su delantal y comenzó a despachar, los clientes que cancelaban le decían lo hermosa que se veía, el gran cambio era impactante. -¡Rosa! -. -Mery querida, pero... ¿No es acaso hora de estar en tu oficina? -No, hoy es un día único, y llévame a tu peluquería, me hare un cambio también-. -Que bien, yo que tú me haría un corte que me facilite, dejar los moños tiene sus ventajas-. -Oh, maravillosa Rose, ahora sírveme un café, y te cuento...-. La humeante taza de café estaba lista, Rose se quedó mirando a Mery, suspiraba... vaya sorpresa, algo se traía entre manos. Mery se percató que nadie estuviese cerca para escuchar, mirando la barra se fijó que solo había tres mujeres alegres conversando, y después unos obreros haciendo su pedido, podía hablar con tranquilidad. -Rose, creo que le gusto a Lenin, de hecho, anoche cuando llegue a buscar a Sam, me invitó una pizza, charlamos, bailamos un poco, la verdad fue algo muy sorprendente-. -Mery realmente sorprendente, no creo que quedó ahí solamente-. -Oh, Rose eres muy lista, pasamos la noche juntos, jamás me he sentido llena de vida, claro que tenemos alguna pequeña diferencia-. -Gran cosa, unos tres o cuatro años, es toda la diferencia, si crees que es tu felicidad Mery, no me lo consultes, decisiones querida mía, solo decisiones-. -No dejaré nuestra relación, iremos conociéndonos, si todo sigue así, creo que será muy en serio-. Mery pestañaba con aires de felicidad. -Bien por ti cariño, creo que es bueno para ti-. Rose y Mery charlaron un poco más mientras vaciaba su taza de café, la barra se llenaba de un momento a otro, Mery se despedía para irse rumbo a su oficina, tenía una agencia de viajes, donde la estarían esperando varios clientes, reservas de vuelos, hoteles y lugares exóticos para descanso, negocios y muchas cosas más. Las horas corrieron veloces, el café estuvo de continuo lleno, citas, desayunos, cafés de tarde, amigos, una pequeña boda, cumpleaños, en fin, un día lleno de alegrías y encantos, citas de enamorados, todos parecían estar felices, alegres festejando cada ocasión, al caer las siete todos se despedían, fin de semana sería igual, aunque Rose había colocado un anuncio para los fines de semana, alguien que les diera una mano en la cocina no estaría nada mal. Ella ahora estaba lista para ir a casa, arreglarse para una cita especial, se daría una ducha, luego se calzaría sus hermosas sandalias rosa, vestido de dos piezas café, su hermoso chal rosa pálido le daría un toque. Víctor le marcaba justo en ese instante para recordarle que a las nueve estaría pasando por su casa, le daría el tiempo suficiente para quedar impecable. Josef terminaba de recoger mesas, dejar manteles cambiados, loza en su puesto y piso reluciente, sacando un paquete de café para la máquina lo dejaba listo, Ana se despedía a prisa pues tenía que llegar a casa para el cumpleaños de su hermana, Mely decía buenas noches, quedando en llegar temprano ya que contratarían para el fin de semana alguien que les diera una mano en cocina, era un hecho, el café de Rose, cada día crecía más, quizá se animara a ampliar, tenía un espacio que había dejado reservado por si llegara a necesitarse, eso les daría un salón con algo de más amplitud. -Josef, asegura las puertas y activa la alarma, y no te vayas a comprometer el domingo, ven a casa, haremos un gran almuerzo en familia, te aseguro que te encantará-. -No me lo perdería por nada, pero no iré solo...- -Puedes llevar a Emi-. Mely se despedía y paso rápido abordaba el taxi que había solicitado, mucho trabajo por un día, solo le restaba llegar a casa para dejarse fundir en un sueño profundo. Emi terminando en la cocina, tomaba su bolso mientras le decía hasta mañana a Josef que la miraba con ojos brillantes, se acercaba a ella, para darle una rosa la cual Emi sonreía al recibirla, Josef le dijo que la llevaría a casa en su motocicleta, de paso podrían parar en alguna heladería y disfrutar una copa de helado ante lo cual Emi no se negó. -Listo todo asegurado, alarma lista, ahora si vámonos por esa copa de helado-. -José...-. -No digas nada-. Josef la besó con ternura, ella algo tímida al principio se apartaba de él, para mirar si alguien los veía, Josef nuevamente la abrazaba, ella cedía un poco más, sonriendo quizá nerviosa, pero con aquella sensación que su corazón parecía latir con fuerza. El reloj del comedor marcaba las ocho y quince de la noche, Rose estaba lista, se encaminaba hacia la cocina para tomar una taza de chocolate, un buen chocolate que se había antojado, su timbre sonó insistentemente ante lo cual, dejando su taza en la barra, fue directo abrir la puerta, miró primero para cerciorarse quien era, ante la mirada distraída de su hijo Omar, abrió rápidamente. -Hola mamá, disculpa que no te avisé-. -Te hacia...-. -No viajé hoy, tengo algunos pendientes, vine para devolverte lo que te pedí prestado, gracias mamá, mañana saldré en el vuelo de las nueve de la mañana-. -Algo te pasa, te conozco bien hijo-. Rose le llevaba de la mano a la cocina, Omar se sentaba frente a ella, quedándose absorto en su madre. -Mamá... te ves hermosa, que cambio, no lo noté...-. -No te preocupes Omar, además creo que otras cosas te están mortificando o algo pasa contigo-. -Es Nicole, no están las cosas tan bien, con esto del proyecto de San Francisco está molesta, no puedo llevarlas conmigo, me cubren los gastos, pero llevarlas sería incurrir en vivienda y demás, tú me entiendes madre-. -Imagínate que va alguien más de tu compañía-. Rose esperó la respuesta con calma, aunque la tenía clara.
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