Caminando hacia la cocina servía una taza de chocolate la cual colocó con dos galletas, sabía que su hijo nunca se negaba a una taza caliente humeante.
-Perfecto para esta noche-.
-Es lo mismo que imaginé-. Rose tomaba el suyo con calma.
-Irá Melvin, ya lo conoces, Greta la ingeniera, aún quedan dos por confirmar, que sería Ted, Robert, no se aun bien madre-.
-Creo que es celos querido, entiendo perfectamente, a veces hay que hacer algunos sacrificios por la familia, deben platicarlo, sobre todo tener la confianza como base-.
-Madre, ese es el detalle, Nicole es celosa, lo que está trayendo algunas situaciones, he hablado con ella al respecto-.
-Pues hijo espero que todo se solucione para bien-. Rose le dio un cariñoso abrazo confortable.
-Me voy, mañana nos veremos en la cena-.
- ¿Y tu viaje? Ella depositaba las tazas en el lavaplatos.
-Haré los cambios para viajar mejor el lunes, así mañana disfrutaré de tu postre, una buena cena, y tu compañía-.
-Entonces, haré el mejor postre-.
-Espero que Lili no llegue con sus charlas de siempre, ojalá Roger le dé una noche de masajes, mimos y besos-. Omar reía con sutileza.
-Creo que es la misma noche que espera tu Nicole-. La risa de Rose se dejaba escapar, Omar tomó las llaves del auto despidiéndose.
Su teléfono repicó, mirando el reloj con detalle, este daba las nueve menos cinco minutos.
-Si…lista para una noche de pizza…-.
-Bien agrega baile-. Víctor llegaba en punto, Rose apagó la luz de la cocina, dejando la tenue lámpara de la sala y de los jardines.
Víctor le esperaba para abrirle la puerta del automóvil, luego el encendía el auto y se colocaron en marcha.
-Iremos a una pizzería de unos amigos, hacia el norte tenemos lugares hermosos, restaurantes que descubrir, este lugar donde vamos es exquisito, Benito es un gran chef, hace una pasta que te chupas los dedos Rose, somos amigos hace años-.
-Eso suena ya tentador-.
-Rose, quería decirte que te ves fascinante, hermosa, glamurosa, llena de vida-.
-Oh, que palabras, me halagas-.
-Es la idea Rose-.
Charlaban sobre el trabajo, sobre el fin de semana, Víctor iría a Nueva York, por tres días, le quedaban unas semanas más, luego regresaría a Italia, aunque pasaría por España para ver una prima en Andalucía, después a revisar algunas cosas pendientes de trabajo.
-Deberías tomar un descanso Rose, te imaginas un viaje a Italia, rosas, pizza, pasta, vino, atardeceres, estamos en una época del año maravillosa-.
-No tengo dudas, pero el trabajo apremia, tengo compromisos-.
-Piénsalo, es una buena oferta, y por cierto Rose, yo invito-.
-Sí que es para pensarlo, porque es tentador-.
Ambos reían, Víctor le contaba de algo que estaba escribiendo, era solo una vaga idea para una novela, por eso también quería regresar, su casa le ayudaba mucho a la hora de escribir, mirar el mar, sentir ese olor en las mañanas, una taza de café, las olas, el sol, todo se confabulaba, girando a la izquierda avanzaban por un sendero lleno de hermosas flores, allí estaba la pizzería, un lugar con terraza, candeleros, algo fuera de serie.
La música del lugar era una bella melodía italiana instrumental, en ese momento Benito se acercaba a la mesa, saludando a Víctor con mucha efusividad, tomando la mano de Rose le besó con delicada caballerosidad, era una mujer hermosa, y dicho esto, les dio varias opciones para esa noche. Unos sorrentinos en salsa cuatro quesos, raviolis, pasta larga, tenían todo lo que pudieran imaginar, ensaladas, y por supuesto pizza, la suya era una mezcla de color, sabor, y exquisitez ante lo cual Víctor quedó tentado.
El ambiente era apacible, como esos lugares que Rose siempre había soñado, era un sitio hermoso, cálida luz, y la música una pieza de arte.
El mesero colocaba las copas, el vino, una cesta con unos pequeños panes en aceite de oliva, ajonjolí, ajo, de una suave textura que hacía sentir antojos de otro más.
Mery caminaba en casa en su pijama con una taza de té en mano, su hijo estaba al teléfono en ese momento, por lo que decía se sentía mucho mejor, ya en dos días pasaría por su casa para desayunar, era una buena noticia, colgando la llamada se dispuso a llamar a Lenin.
-Hola… bien aquí en casa con una taza de té en mano-.
-Yo, en casa, con un café cremoso, algún trozo de ponqué que tenía pendiente-.
-Ya veo, ¿Y cómo estuvo tu día? -.
-Bien, pensándote, extrañándote esta noche Mery, pensé que quizá nos veríamos alguna película en casa-.
-No es mala idea para la noche, podrías venir, en la mañana te haría café, tostadas, queso fresco, y algo más-. Mery sonreía mientras jugaba con sus cabellos.
- ¿Estas invitándome a tu casa? -.
-Totalmente, así que te espero, le daré la orden al portero para que te permita seguir-.
-Estaré ahí en media hora, ponte sexy-.
-Algo rojo logra hacer volar la imaginación-.
Colgaron al mismo tiempo, su bata roja en seda con abertura a los costados era toda una gala, se cepillaba su cabello, pediría algo para cenar, sería una noche nuevamente mágica entre los dos.
Acomodó las sábanas impecablemente, las almohadas, un toque de perfume, en el tocador del baño cepillaba sus dientes, se dio un toque de labial rojo noche en sus labios carnosos, riendo se aprobó su imagen, hizo un pedido al restaurant de la zona, descorchando el vino lo dejó sobre la mesa del comedor con las copas listas, unos minutos después sonaba el timbre de su apartamento, allí estaba frente a ella, enfundado en un abrigo, pantalones de mezclilla, camisa a cuadros, impecablemente perfumado.
- ¡Que fragancia! -.
-Mery…-.
Ella le abrazaba dejando que su bata hablara por sí sola, mientras se perdía en sus brazos, en su aroma, acto seguido Lenin la alzó en brazos para llevarla hasta la habitación, perdiéndose en besos, abrazos, sus ropas cayeron por el suelo, regadas sin preocuparse de nada más, solo de ellos y su pasión, de su idilio que estaba naciendo y a paso veloz.
Rose bailaba una pieza maravillosa en brazos de Víctor, reía con felicidad única esa noche, su noche maravillosa, ella brillaba toda, su cabello, sus ojos, su piel, era un destello que irradiaba juventud y belleza.
La pista se iluminaba con aquella mujer que envuelta en su vestido café le daba un toque al lugar, terminaron la pieza para ir a su mesa, una copa de vino para brindar por una noche especial.
-Rose, brillas en una noche especial, gracias por aceptar esta invitación-
-Gracias a ti, sí que es una noche especial-.
-Me encantaría que te regalaras cantar algo-.
-No, Jajaja, creo que saldrían todos corriendo de aquí-.
-Lo harás bien, vamos anímate, ¿Que canción te gusta? -.
-Historia de un amor, es una canción nostálgica, pero llena de…-.
-Romance, sí que es una hermosa letra-.
Víctor hizo señal a los músicos acompañando a Rose, ella tomaba en ese momento el micrófono con algo de timidez, se sonrojaba y reía nerviosa.
-Vamos Rose es tu noche, ¡brilla! -.
Y Rose comenzaba a cantar algo tímida, pero fue soltando su voz, sus ojos se perdieron entre las luces y los brillos, tenía una hermosa voz, dulce, apasionada, Víctor hacía con ella el coro, sus voces se unieron para darle a la canción ese toque de color, textura, solidez, sí que era una noche extraña, especial, como ninguna otra noche que ella hubiera vivido. Y mientras las notas hacían gala a su voz, un pensamiento vino a ella, ella y Tom en el inicio de su matrimonio, los días difíciles, los momentos que vienen esas tormentas oscuras, pero aun en medio de la tormenta, ella había sorteado en su pequeño velero para luego ver sol, un plácido y hermoso sol.
Cuando terminó de interpretar la canción los aplausos no se hicieron esperar, Víctor maravillado, tomaba su mano para llevarla hasta su lugar.
-Rose, ¡eres una verdadera caja de sorpresas!
-Oh Víctor, solo soy Rose, nada menos ni nada más-.
-Creo que eres una mujer maravillosa-. Y dicho esto brindaron por la noche brillante de Rose.
Víctor y Rose caminaban hacia el auto con tranquilidad, la noche terminaba para dar paso al nuevo día, la una de la madrugada, no parecía que las horas habían pasado tan veloces y a prisa.
En el camino a casa platicaron de la próxima novela que rondaba en mente.
-Creo que es una bella historia, una mujer viaja en busca de su destino, quizá haga algún oficio por aquí, otro por allá, es una buena cantante, algún bar le abrirá las puertas y estoy seguro que generará muchos buenos comentarios-.
-Entonces ella se descubre, puede ser que su vida gire mucho, pero entonces habrá algunos caballeros invitándole una copa, enviando flores a su camerino-.
-Y, se me ocurre que quizá desee ser una espía para los franceses, podría camuflarse muy bien-.
-Que divertido, por aquello de oh, la, la, el amor-. La sonora risa contagiaba a Víctor.