Capítulo 11 Recuerdos Presentes

1418 Palabras
Víctor se quedó pensativo unos minutos para reflexionar. -Sí, franceses y vinos Rose piénsalo, Italia te espera, te aseguro que pasarías las mejores vacaciones de tu vida, alguna vez escuchaste la historia de Mata Hari-. -Sí, aunque se han dicho muchas cosas, que en realidad no son, no era una espía como tal, era una alta cortesana de elite, por así decirlo, luego se han dicho muchas cosas que no son tales, jamás fue a una escuela de detectives como se ha dicho en algunas versiones, ni utilizó tinta invisible para enviar sus cartas, aunque el amor de su vida terminó traicionándola, esa es la parte triste-. -Rose, podrías darme una mano con alguna que otra nota-. -Creo que tienes mucho material para una buena historia, yo solo suelo hablar conmigo misma-. Rose hizo una mueca con sus labios. -Quizás, quizás, quizás-. Y dicho esto llegaba a su casa, dándole un beso tierno en sus mejillas, Rose le acarició sus cabellos, la velada había sido magnifica, y estaba segura que la noche se había confabulado para todo. -Rose, querida gracias a ti, ahora irás a dormir y soñar con algún buen piano y tu voz de fondo-. -Jajaja… creo que tendré pesadillas, nadie me lo creería-. Víctor le dio un tierno beso en sus labios, algo dentro de ella latía fuerte, su corazón se aceleraba. Le dio las gracias nuevamente mientras abría la puerta de su casa, se despedían con el rostro sonriente. Rose caminaba soltando su vestido, directo a la cama buscando su bata, que noche que había pasado, se metía bajo cobijas donde el calor era confortable, sacaba de su mesa de noche un paño para desmaquillarse mientras pensaba en su hijo y lo que le había comentado. Estaba segura que saldrían adelante, crisis siempre solían venir, lo que había que cuidar era no dejarse llevar por los impulsos, ella lo había vivido al inicio de su vida con Tom, pero supo manejar la situación con mucha cautela, ellos eran felices, pero no eran perfectos, Tom al inicio viajaba por trabajo así que lo llevaba a ausentarse de casa por días y alguna que otra semana, aquella chica Eliden quien era la secretaria de Tom, se había enamorado, o eso eran los comentarios que habían surgido. Rose lo había tomado con calma, para que hacer una tempestad de un vaso de agua, en algunas ocasiones Tom le había comentado que le había llevado a su casa, o que había tenido alguna atención con su pequeño hijo, era madre soltera, sola luchando con su pequeño. En una navidad la invitó a pasar en familia, Rose no se opuso en lo más mínimo, no quería parecer una celosa de imaginaciones, pero al verla comprendió porque despertaba simpatía en Tom, era algo ingenua, candorosa, sencilla, pero hermosa, no se le podía negar que era realmente hermosa. Esa noche les había contado acerca del padre del pequeño Jerry, solo en algunas ocasiones le enviaba algo de dinero, algún regalo de navidad, una que otra carta. -La vida no ha sido generosa conmigo señora Rose, la felicito-. -Siento mucho lo del padre de Jerry-. -Sí, yo también lo he sentido, pero él es casado, tiene una familia, nosotros no ocupamos ningún lugar, es como un cero a la izquierda-. La chica cambió la expresión de su rostro al Tom colocar una vieja canción. -Señora Rose, bailaré esta pieza con su esposo, claro si usted no se molesta-. El rostro de Eliden brillaba, sus ojos habían pasado de ese opaco triste a unos luminosos. -Por supuesto, es una linda noche de navidad-. Y bailaron por la gran sala, la chica sonreía como si fuera una niña, como si aquella canción le trajese buenos recuerdos, momentos en que quizá la vida habría sido hermosa, sencilla, Tom sonreía a grandes carcajadas como si por momentos la chica le traspasase su loca risa. Rose jamás le hizo comentario alguno, y todo siguió normal, al cabo de unos meses Eliden se había marchado a su ciudad, al despedirse de Tom, le había dado un beso, y las gracias por todos los instantes, Rose se había enterado por Tom de aquel cándido beso. -Lo siento Rose, no quiero ocultártelo, es una chiquilla, no puedo decir que es un beso de amor, fue algo candoroso, Eliden no es una mala chica, solo es una niña perdida en su mundo-. -Lo se querido, quizá vio en ti lo que nadie le brindó en la vida, y eso le hizo recrear el amor que hubiera querido para ella-. Sus pensamientos la trajeron al presente, esos meses en que los rumores iban y venían sobre el amorillo de Tom y Eliden, ella se había mantenido serena, la verdad era que no había nada oculto que sacar a luz, no habían citas a escondidas, si hubiese existido alguna chispa, no fue nunca una hoguera ardiendo, Tom veía a Eliden como una niña, era aún una joven asustadiza, ingenua en ocasiones, Rose sabía lo que ella y Tom tenían construido y sus bases eran firmes. Mientras se limpiaba su rostro de algunas lágrimas que corrían sin ella hacer el mínimo esfuerzo de detenerlas, observó la cajita de madera con la bailarina vestida de rosa, era una hermosa melodía, estirando su mano la tomaba para darle cuerda, en segundos la melodía inundo sus oídos, era confortable y cálida, le llenaba de nostalgias, le recordaba a su padre, juntos solían ir cada mañana a recoger los frutos, su padre le había hecho aquella hermosa cajita, tallada con sus manos, sonrió con felicidad que se mezclaba con sus ojos humedecidos, la cerró de golpe, caminando hacia la amplia cama, apagó la luz, el abrigo de sus sabanas la envolvió, mañana seria otro nuevo despertar. La taza de café humeaba sobre el mostrador, Mely acomodaba las bandejas para hornear, el café estaba a tope y eran apenas las seis de la mañana, por la puerta entraba Rose cargada de cajas con suministros, Josef salía a su paso para ayudarle, varios clientes le saludaron, era de notarse que lucía esplendida. -Buenos días Mely, ya veo que estamos con un día atareado, tomaré una buena taza de café-. -Sí, abrimos de hecho quince minutos antes de la hora, la gente estaba esperando, ya sabes los trabajadores de la obra no pueden empezar su día sin dos o tres buenas tazas de chocolate-. -Es un hecho Mely-. Ella se colocaba a punto despachando desde la barra, un caballero de traje gris plomo llamó su atención. -Rose, buenos días, listo para mi pan y algunas galletas, la verdad es que a mi hermana le gustaron, así que no me perdonaría que no las lleve-. -Ya veo que madrugaste, ¿Café? -. -Si no es mucho pedir, hoy deseo un sándwich de queso y tomate, un cambio en el menú viene bien-. -Me parece formidable, adoro el queso-. Rose hizo el pedido, mientras colocaba la taza de café, el pan estaba caliente, aunque para Charles ese era su punto predilecto. -Rose, quería pedirte el favor si sabes quien pueda acercarme a la oficina, y luego llevarme a la obra, será cuestión de unas dos horas, pero le pagaré bien, mi auto está molestando, llamaré para hacer cita en el taller, así que, si tienes alguien que puedas recomendarme, es por sentirme más seguro-. Charles le indicaba su portafolio. -Bien déjame ver, tomando su libreta recorría con sus ojos, el viejo Willy siempre estaba listo con su auto para cualquier domicilio, o encargo… decidió marcarle, siempre que necesitaba alguien, él era la persona correcta. -Comprendo Willy, no te preocupes-. Colgó la llamada, su mirada se iluminó tras varios segundos. Los ojos de Rose le miraron seriamente, su propuesta seria concreta, la cual no rechazaría, de eso estaba segura. -Bien, solo por hoy y caso especial, te prestaré mi coche-. -Rose, mejor te contrato tus servicios, la verdad es que llevaré un dinero, debo revisar varios documentos, si tú me llevaras, tendría el tiempo para revisar todo, hacer varias llamadas, iré atrás-. Y Charles se dispuso a realizar sus llamadas, varios compromisos que debían ser atendidos, le miraba de tanto en tanto, que formidable mujer que era Rose, y pensar que se habían conocido por el café, en común quizás no tuvieran muchas cosas que los conectaran, pero aun así…se sentía atraído, una atracción que le envolvía, y sentía miedo profundo, un miedo de amar, un temor de vivir…. Se concentraba en lo que tenía en manos, era mejor trabajar y dejar de pensar.
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