Capítulo 11: El Mensaje

1097 Palabras
—Tal parece que Christian no es el que está vendiendo la información a los medios. —Dejó reposar la cabeza en el sofá. —Hay alguien más detrás de esto y puede ser su esposa. —¿Cómo es eso? —Se asombró. —Ella no te había reconocido, ¿Cómo se enteró de que eras tú? —No lo sé, creí que Christian le había dicho, pero la manera en la que me vino a reclamar, creo que no fue él... creo que debo actuar ya. —James tenso la mandíbula. —Es muy pronto. —Dijo con seriedad. —Sigo pensando en que deberías hablar con él y preguntarles las cosas directamente, de esa manera sabrás hasta qué punto hacerlo pagar... —James. —Lo cortó. —No hay nada más que hablar, ¿Por qué no lo entiendes? Fueron hechos, los que me lastimaron, no palabras. ¿Cuántas veces debo aclararte lo mismo? —No saldré, te espero esta noche en casa. —No. —Lo detuvo. —Ve y divierte, ¿De acuerdo? Si te veo en casa al llegar, me voy a enojar mucho contigo y no quiero romper mi promesa, ¿Estamos? —James maldijo, si tan solo le hubiera dado más tiempo antes de decirle que saldría, él se hubiera dado cuenta de lo que pasó y podría ir a por ella. —Bien, paso al almuerzo, lo haremos en tu despacho y hablaremos mejor. —Cortó la llamada sin esperar respuestas. Elizabeth frunció el ceño al escuchar su móvil timbrar por la llegada de un mensaje. Es muy rápido para que James le enviara uno. "¿Te gustaría hacerme uno de los tantos favores que le haces a los demás? Estoy dispuesto a darte mucho dinero por una noche de sexo sucio". La confusión se clavó en ella, ¿Quién es tan atrevido para pedirle tal cosa? Al ver el número privado, decidió no prestarle más atención, las noticias la hacen blanco de todas esas cosas. Christian miró a su esposa quien sonríe abiertamente, no siempre él se toma su tiempo para invitarla a almorzar en esos restaurantes costosos y sofisticados que a ella tanto le encantaba. —¿Quieres un poco de vino, cariño? —Megan miró a su esposo, quien no aparta la mirada de ella. —¿Estás bien? —Preguntó sin borrar la sonrisa. —No te molestes que nos tomen fotos, siempre ha sido así. —Dijo llena de felicidad, siempre ha amado que los paparazzi estén detrás de ellos, fotografiándolos y sacándolos en las revistas y periódicos. —¿Cómo supiste que ella era Elizabeth? —La sonrisa se le congeló al instante. —Dime, Megan, ¿Cómo supiste que era ella? —La mujer se acomodó en la silla un tanto incómoda. Debió quedarse callada y no mentir sobre el encuentro con esa negra. —Fue la mujer que te apartó de mí por más de un año, ¿Cómo no recordarla? —Christian, sin hacer gesto, se inclinó hacia ella intimidándola cómo siempre. —Tu manera de comportarte, el vago parecido y... —Calló no hace falta explicar más. —Y cómo ella es la mujer que te quitó a tu prometido, tú fuiste a su empresa y la enfrentaste, ¿No es así? —Ladeó la sonrisa aumentando el miedo en Megan. —Yo... yo lamento mentirte. —Los nervios se apoderaron de ella. —Yo simplemente deseaba saber para qué había vuelto y ella... ella... me atacó. —Mintió con desesperación. —Juro que no hice nada para enfurecerla. —¡¿Por qué mientes?! —Golpeó la mesa llamando la atención de varias personas. —¿Cómo puedes no entenderlo? —La miró furioso. —Esa mujer es peligrosa, Megan, ella no es la misma chica que se fue y me abandonó, ella no es esa chica con un corazón tan grande que perdona y trata bien a quienes la dañan, ¡Ella no es la chica que te toleraba siempre que la denigrabas! —Megan frunció el ceño. —¿Por qué suenas tan dolido? —Christian se asombró, él está molesto, no dolido. —¿Acaso te molesta que no sea esa chica de la que te enamoraste? ¿Estás realmente molesto porque no es igual que antes? —Sonrió furiosa. —¿Ya olvidaste lo que ella te hizo? —Christian endureció el gesto. —No me importa que ella no sea la misma. —Dijo convencido de eso. —Simplemente, te estoy dejando las cosas claras para que no vuelvas a cometer la estupidez que has cometido hoy. —La severidad en su voz le quitó toda la molestia, ¿Por qué es tan duro con ella? —Lo siento, pero no podía quedarme de brazos cruzados, ella te arrancó de mi lado, me humilló frente a todos. —Bufó. —Una maldita sirvienta me quitó a mi prometido y después se marchó sin más. —Lo miró a los ojos. —Ninguna mujer haría lo que yo hice por ti, Christian. Yo te acepté después de que una maldita sirvienta te abandonara, yo estuve ahí para ti, en las buenas y en las malas, yo soporté y sigo soportando todos tus tratos. Ni siquiera la sirvienta de la que te enamoraste antes haría todo esto por ti, recuérdalo, ella no solamente te abandonó a ti. —Sin decir más, se puso en pie y salió del restaurante, dejando a Christian solo con sus pensamientos. Elizabeth, tras el almuerzo con su Gordi, quedó con un mejor humor, hablar con su amigo, lo es todo para ella, con él no necesita a nadie más, él cumple todos los roles, desde amigo hasta esposo. —Pase. —Ordenó sin alzar la mirada, el trabajo ahora se siente más liviano, la visita de los Hamilton por poco le arruinan aquello. —Señora. —Al escuchar esa voz, alzó la mirada. —He traído los resultados de la investigación. —Elizabeth estiró la mano para tomar el documento, ansiosa por saber quien ha estado dando noticias falsas de ella. —¡Es un niño! —Chilló escandalizada al ver la foto. —Sí, señora. —El jefe de investigación, la miró bastante serio. —Y no quiere decir quién lo ha enviado. —Frunció el ceño. —El niño es bastante astuto y no hablará. —¿Le han ofrecido dinero? ¿Alimentos? ¿Ayuda a su familia? —El hombre negó un poco apenado. —El niño no tiene familia, vive en las calles y...
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