Prólogo
La niña con enormes ojos marrones lo miró con temor, ¿Cómo podía él hacerle eso? ¿Acaso no entiende que ella es una simple sirvienta que trabaja para su madre?
—Joven Cristian, no deberíamos estar hablando de algo así. —Se alejó dos pasos de él y evitó mirarlo a la cara. —Y tampoco debería retenerme aquí en su habitación, las muchachas podrían notarlo y su madre se enojaría mucho. —Presionó sus manos. —Necesito mi trabajo. —El hombre quien no apartó la mirada de esa chica, con pelo n***o, piel bronceada, de estatura pequeña, cuerpo desconocido debido a su manera de vestir y con un rostro angelical único en el mundo, sonrió.
—Deberíamos hablarlo. —El tono profundo de su voz aceleró más el corazón de la sirvienta. —Te he confesado mi amor, no deberías preocuparte por nada más que corresponderme. —Alzando su mirada con un poco de vergüenza, lo miró a los ojos.
—Por supuesto que debo preocuparme por otras cosas, yo trabajo para su madre, joven Cristian... ni siquiera se me permite mirarlo. —Retrocedió rápidamente cuando vio la mano acercarse a ella.
—No temas. —Susurró divertido por el sonrojo en sus mejillas. —Estoy dispuesto a enfrentar a mi madre por nuestro amor y a todo aquel que crea no es correcto. —El corazón de Elizabeth palpitó tan bruscamente que jadeó.
—Señor, por favor... déjeme ir, a estas horas yo debería estar en mi habitación. —Cristian ya cansado de su negativa, tomó del brazo y tiró de ella hasta atraparla entre sus brazos.
—¿Se atreve usted a darle una negativa a su señor, señorita Elizabeth? —Tomando ahora su mentón, la obligó a mirarlo. —Eres tan tierna e inocente que no sería capaz de dañarte. —Elizabeth pasó saliva con dificultad, es un sueño el que él le diga esas cosas, pero también es peligroso y ella comprende su posición en el mundo y está muy por debajo a la de él.
—Joven Cristian... mi corazón se alegra por sus palabras y su confesión, pero ni su familia ni la sociedad aceptarían algo más allá de una relación de jefe y empleada. —Los ojos le ardieron por las lágrimas que inician a formarse en ellos. —Temo por lo que pueda pasar, usted tiene a muchas pretendientes y además está a punto de casarse... realmente necesito irme. —Cristian dejó toda la diversión de lado e ignoró la sensación de calidez que es estar cerca de ella y la apartó.
—¿Ya olvidaste lo que pasó aquella noche? —Fue más un reproche que una pregunta. —Ambos bajo la luz de la luna, frente al jardín, admirando las preciosas rosas rojas, esas que tanto te gustan, hablando de nuestros sueños y anhelos. —Profundizó en sus ojos. —Ese día quedó claro todo, pero decidí esperar un poco más para decirte con palabras exactas lo enamorado que estoy de ti... ¿Cómo puedes temer a lo que dirán? ¿Cómo puedes no entregarme tu amor por miedo? Elizabeth, desde que te vi por primera vez hace tres años, supe que eras especial y a pesar de que tenías solamente dieciséis años, no pude evitar pensarte con demasiada insistencia.
—Cristian... —Susurró llena de sentimientos, su plan era hacerse la difícil para que él no insistiera, pero ¿Cómo puede ella negarse más?
—Te amo, Elizabeth, te amo porque eres real, porque eres cariñosa, amorosa y sé que me amarás a mí y no a lo que tengo... por favor... dame la oportunidad de hacerte feliz y verás que no lo lamentarás.
—¿Por qué tiene que ser tan romántico? —Sollozó. —Es usted muy insistente, joven Cristian, tanto que es inevitable no sentirse emocionada. —Cristian sonrió con felicidad. —Yo también lo amo, lo amé desde que dejé caer el café caliente sobre sus piernas y sus enormes ojos grises penetraron en los míos. —La risa de Cristian le llenó el alma.
—Ese día no solo sentí calor en las piernas, mi corazón también se llenó de él. —Deseando ese contacto que había anhelado por años, la tomó con delicadeza entre sus brazos y de la misma manera besó sus tiernos y vírgenes labios.
Elizabeth se sintió en un sueño, ser besada con tanta ternura e intensidad al mismo tiempo es lo mejor que ha podido sentir en toda su vida. Su primer beso con el hombre que amó a primera vista es lo más especial que ha tenido jamás.
—Siento mucha culpa. —Confesó una vez el beso finalizó. —Estás comprometido y...
—No sientas culpa por corresponder mi amor. —Acarició su mejilla con ternura. —No amo a Megan, casarme con ella sería un error del que me arrepentía incluso antes de contraer matrimonio. —Depositó un beso en su frente para después mirarla a los ojos. —Yo te protegeré siempre y por muy difíciles que sean las cosas jamás te traicionaré...
"Y fue así como lo entregó todo por amor, fue así como comprendió que no todas las promesas se cumplen, fue así como entendió que una posición jamás cambia, fue ahí donde su corazón dejó de latir por una traición y un engaño, fue en ese momento que su inocencia y bondad se vieron corrompidas".