Capítulo 1: Encuentro

3528 Palabras
“—Eres tan hermosa que siento esto irreal. —Sonrió mirando sus ojos. —Eres lo mejor que me ha pasado, Liz, lo mejor. —La joven se sonrojó llena de alegría. —El sueño es para mí. —Acarició su mejilla. —Al inicio, cuando te conocí... yo creí que jamás te fijarías en mí, pero ahora aquí estás, a mi lado, disfrutando de esta hermosa noche de luna llena. —Sentándola a horcajadas sobre él, besó sus labios. —¿Cómo no me iba a fijar en ti? —Agrandó la sonrisa. —Desde que vi esa preciosa mirada de la que eres dueña, me enloquecí por ti. —Río esta vez. —Dios, es inevitable ser un tonto cuando te tengo a mi lado. —Bajando las manos, recorrió sus curvas hasta llegar a sus nalgas. —Así cómo también es inevitable desearte de una manera casi enfermiza. —Acabamos de hacer el amor. —Jadeó ya excitada. —Deberíamos parar, ¿No crees? —La mirada hambrienta respondió por su dueño. —Me avergüenza desearte tanto, me avergüenza pensar cosas cuando te comportas así. —No deberías avergonzarte. —Se deshizo de su blusa. —Deberías dejarlo salir y hacer todo lo que pasa por tu cabeza. —Mordió su cuello con un poco de fuerza. —¿Quieres que meta mi cara entre tus pechos? —Lo hizo. —Lo haré, ¿Deseas que mis manos se cuelen entre tus pantalones? —El gemido que salió de su boca erizó toda su piel. —Lo haré, ¿Quieres que te abra de piernas y me deleite con tu humedad? —Dándose vuelta, la acostó sobre el pasto. —Sin pensarlo dos veces, lo haré. —Tiró de sus pantalones y los bajó junto a sus bragas. —Chris... —Gimió cerrando los ojos con fuerza. —Dios... —Tiró de él para poder mirarlo a los ojos. —Prométeme que siempre me amarás, júrame que nunca me dejarás. —Enternecido por su petición, ascendió depositando besos en su cuerpo hasta llegar a sus labios. —Tu inocencia es lo que más adoro de ti, te amo, Liz, y siempre lo haré. —Mordiendo sus labios, inició a hacer fricción entre sus partes íntimas. —Aunque tú te canses de mí, jamás permitiré que te vayas de mi lado, juro por Dios reconquistarte cuántas veces sean necesarias para mantenerte feliz y a mi lado.” —¿Eli? —Al escuchar esa voz, salió de sus pensamientos. —¿Estás bien, Cuqui? —Agrandando la sonrisa, giró para mirarle de frente. —Estoy bien, Gordi. —Lo tranquilizó. —Hoy se cumplen tres meses. —Parpadeó varias veces para deshacer las lágrimas que inician a formarse en sus ojos. —La extraño muchísimo y me siento tan nerviosa que... —Ven aquí. —Tirando de ella, depositó un beso en su cuello. —Mamá nos hizo prometer que no estaríamos tristes. —La miró a los ojos. —Hoy debemos irnos al Reino Unido. —Le recordó. —Cuqui... por favor, piensa las cosas y... —Nueve años. —Lo cortó. —Cinco de ellos metida en una cárcel lejos de mi hogar. —El resentimiento en su voz fue incapaz de no notarse. —Asustada, sufriendo y pensando en que había hecho para merecer eso. —A James se le estrujó el corazón al escucharla. —Yo sufrí cosas terribles ahí dentro y me juré a mí misma hacerlos pagar a todos y cada uno de ellos. Fueron cuatro años en los que he trabajado día y noche para convertirme en lo que soy hoy y... —Pero mi madre... —Sé lo que dijo. —También lo cortó. —Recuerdo cada uno de sus consejos, cada una de sus advertencias, cada palabra de preocupación y también recuerdo que pidió no seguir por este camino porque podría perderlo todo, pero no me importa. Si he de perderlo todo nuevamente para hacerlos pagar estoy dispuesta a ello. —James la miró con tristeza. —¿También estás dispuesta a perderme a mí? ¿O solamente te interesaba mi madre? —Al darse cuenta de sus palabras, cerró los ojos y se maldijo. —Lo siento... no debí decir eso. —Dejó salir el aire por la boca y lo miró. —Eres todo lo que me queda, James, sabes perfectamente que te amo y lo daría todo por ti, pero prometiste esto, prometiste estar a mi lado y cuidarme. —Negando y culpándose por haber prometido tal locura, gruñó. —Te amo demasiado y jamás rompería una promesa que te he hecho. —Elizabeth sonrió agradecida. —Además, no puedo permitir que mi Cuqui se vuelva una bruja de n***o, no puedo permitir que su ternura se pierda del todo. —Juro por Dios que cuando haya alcanzado mi meta, seré esa niña asustadiza que conociste hace cuatro años. —James miró esos ojos oscuros y dulces, esos ojos que dejan ver lo que hay en el interior solamente cuando está a solas con él. —Bien, debemos pasar por la empresa antes de marcharnos. Jacob llamó a tu móvil, he respondido y me ha dicho que el vuelo es en dos horas, así que estamos contra el tiempo. —Elizabeth dejó caer sus hombros. —Quería beber un último café antes de irnos de Francia. —James, tomándola de la mano, la obligó a caminar. —Podemos pedirle a Jacob que pasé por el café de camino a la empresa. —La idea le encantó. —Madame. —Jacob, el guarda espalda de Elizabeth y su fiel empleado, abrió la puerta del pasajero. —Señor. —Saludó a James de igual manera. —Buenos días, Jacob. —Respondieron a la par que suben al auto. —¿Vendrás conmigo a la junta? —James negó, disfrute muy poco de esas reuniones de negocios. —Estaré esperándote en tu despacho, no quiero ver a hombres temblando por tu presencia. —Elizabeth sonrió, en un mundo de hombres es mejor convertirte en la más temida. Mirando por la ventanilla, observó todo lo que deja atrás, el lugar que la vio convertirse en lo que es ahora, será su refugio para cuando termine lo que se prometió años atrás. —Eli, hemos llegado. —James frunció el ceño, está muy pensativa los últimos días. —Vamos, cariño. —Le ofreció la mano. —Lo siento. —Sonrió recibiéndosela. —Estaba pensando en la primera vez que vine aquí. —Salió del auto y miró el imponente edificio. —Las piernas me temblaban y ahora aquí estoy más fuerte que nunca. —James la detalló. —Hermosa, sexy y arrogante. —Ladeó la cabeza. —Siendo el sueño de todo hombre, pero lastimosamente solo hay un ganador. —Pasando la mano por su cintura, la invitó a caminar. —Es usted muy arrogante, señor Ferguson. —Ambos entraron al gran edificio. Todos se tensaron y evitaron interponerse en el camino de la mujer más poderosa de Francia, su cabellera negra larga, suelta, su rostro angelical, pero con mirada fría, su porte sofisticado y la seguridad con la que camina entorpecen a todos por lo que prefieren evitarla a toda costa. —Señora, señor Ferguson. —Saludó la recepcionista de piso. —Su junta está preparada y esperan por usted. —James miró a su Cuqui guardando las apariencias. —Nos vemos en tu despacho, por favor, recuerda que tenemos un viaje. —Tras darle un beso en los labios, la acompañó al ascensor. —Yo subiré más tarde. —Elizabeth asintió a las palabras de su esposo. El ambiente en el ascensor inmediatamente cambió debido a su presencia, los hombres la miran con deseo, la miran como ese sueño que cualquiera desearía hacer realidad y las mujeres la miran con envidia, o simplemente con admiración. Ser una mujer fuerte no es fácil para todas, y menos cuando se mueven en un mundo dominado por hombres, pero ella, Elizabeth Ferguson, no solamente tiene un esposo que lo da todo por ella, sino que también tiene ese poder que no cualquiera puede quebrantar o cuestionar. —Buen día. —Se despidió antes de bajar a su piso, las contestaciones fueron apenas murmullos. —Buenos días. —Saludó entrando a la sala de juntas. —Madame Ferguson. —Todos los presentes se pusieron en pie para recibirla, todos con los nervios a mil. —Gracias por recibirnos y... —Tenía que. —Lo cortó con su habitual elegancia. —Estuvimos a punto de perder un importante contrato, ¿Cómo no recibirlos? Yo también deseo saber lo que pasó. —Dejando su bolso a un lado, se sentó lentamente, sin apuros ni afán. —¿Iniciamos? —Todos tomaron asiente. —La buena noticia, cómo ya usted lo sabe, hemos ganado el contrato. —El hombre trató de regular los latidos de su corazón. —La mala es que nos han puesto un tiempo de prueba y... —¿La mala? —Enarcó una ceja. —¿Por qué tendría que ser mala? Somos la mejor constructora de Francia y del mundo, eso no debería ser algo de importancia. —Lo miró a los ojos. —¿O duda de nuestra capacidad y la de nuestros trabajadores? —Todos negaron con premura. —Por supuesto que somos los mejores. —Tomó la palabra, la ingeniera. —Pero han llegado rumores a nuestros oídos, la competencia está haciendo lo imposible por dejarnos mal frente a todos. —Son rumores, señorita. —Sonrió levemente. —¿Se preocupará por rumores? —La miró ladeando un poco la cabeza. —Tienen todo para demostrar lo imparables que somos, las acciones dicen más que mil palabras. —Se puso en pie. —Tengo un vuelo que tomar, desde hoy quedarán bajo la orden del señor Clark, haré viajes para estar al corriente de lo que pasa aquí. —Estiró su vestido. —Las preocupaciones que están teniendo, no hace más que hacerlos dudar. —Sin decir más, salió de la sala, realmente creyó que algo malo estaba pasando con el nuevo proyecto, ha perdido su tiempo y eso es intolerante para ella. —¿Todo bien? —James se levantó del sofá. —Ha terminado todo, creí que el problema era de preocuparse. —Dudas, ¿Puedes creer que pidieron verme para decirme que tienen duda? —Gruñó fastidiada. —Son todos prepotentes, estoy enojada, me han hecho perder mi tiempo. —No dijiste nada esto en la sala, ¿Verdad? —Elizabeth negó tras resoplar. —No podía hacerlo, me voy y lo que menos quiero es dejar a mis trabajadores enojados. No me puedo arriesgar, sabes perfectamente que la competencia está tratando de llevárselos. —Se apoyó en el escritorio. —Espero que Clark sepa bien como llevar la empresa, o de lo contrario habrá sido un error haberlo elegido a él. —Deberías relajarte. —Abrazándola por detrás, beso su cuello. —Ahora hay cosas más importantes de las que debes preocuparte. —Elizabeth giró para mirarlo a los ojos. —Me comuniqué con Hughes, hoy en la noche debemos ir a una fiesta de bienvenida. —James sonrió al ver su gesto duro. —No te pongas así, invitó a toda la competencia, entre ellos a New Era Construction Company. —El corazón de Elizabeth inició a latir con fuerza. —La familia Hamilton será una de los invitados especiales. —Elizabeth se separó de James, siente que le falta el aire, ¿Acaso los verá el mismo día en el que llegará? —Pero si no te sientes preparada, puedo asistir yo y excusarte. —No. —Negó tratando de relajarse. —Quiero verlos, quiero que estén ahí y de esa manera hacerme su aliado. —Lo miró. —Es el primer paso, recuérdalo y de poder darlo rápido, lo daré. —James la miró con seriedad, se vuelve otra persona cuando se trata de esa venganza, ¿Cómo puede un corazón puro volverse n***o de un momento a otro? Es cierto, el dolor. —Está hecho, entonces confirmaré nuestra asistencia. —Sacando el móvil, tecleó en él por unos minutos y al finalizar, lo volvió a guardar en el bolsillo de su saco. —Está hecho, ahora debemos irnos, tenemos un viaje que hacer. —Con los pensamientos volando, se dejó hacer por James, finalmente iniciará todo, finalmente se presentará ante esa familia que tanto daño le hizo y les demostrará que ya no es la inocente sirvienta a la que hicieron daño, ahora les hará saber que es toda una dama con el suficiente poder para acabar con ellos de todas las maneras que se proponga. El vuelo fue corto, poco más de una hora y veinte minutos. James sintió muchos nervios, Elizabeth ha estado muy callada y sabe que cuando ella está así es porque sobre piensa las cosas, sabe qué está pensando en una sola cosa... Esa venganza por la que se ha estado preparando tanto. —Es hermosa. —Sonrió al bajar del auto. —¿No pudiste comprar una menos extravagante? —La mansión que se alza ante ellos es enorme y moderna. —Sé cuánto te gustan los ventanales. —Elizabeth miró el frente de la casa, una entrada hermosa, con varios árboles, un pasto verde hermoso y ni hablar de las rosas rojas que hay como decoración en el pasillo que los lleva a la puerta principal. Enormes ventanales dan vista al lujoso interior, sobre la puerta principal una gran escalera que lleva directo a planta alta. —El recibidor. —La guío. —Hermosas escaleras que nos llevan a la segunda planta, por aquí la cocina y el comedor, por acá la sala de star, más allá la sala de cine, detrás el gym y sala de juegos para nuestras noches divertidas —Bromeó. —Afuera una enorme piscina y un jacuzzi, arriba por supuesto las habitaciones y nuestros despachos, pero hay algo que me gustaría enseñarte. —Sin soltarla, caminaron hasta salir al porche trasero. —Un hermoso jardín de rosas rojas, tus favoritas. —El corazón de Elizabeth se llenó de alegría al ver las hermosas rosas cubrir el enorme jardín. —Te amo tanto. —Lo abrazó con fuerza. —Sabía que me sorprenderías con algo, pero aun así no puedo evitar reaccionar así. —Secó sus lágrimas. —Esto es perfecto. —James besó su cabeza. —Lo haría todo por ti, eso no debería ni decírtelo. —Iniciando a caminar, para volver al interior, la llevó directo a la cocina. —Ellas son Ava, ama de llaves, ella junto a Chiara, Alice, Ruby y Chloe, se encargan de la limpieza. Lena será quien se ocupe de ti, será tu mano derecha, esta es Pihu, la chef y sus dos ayudantes, Marie y Diya. Poco a poco conocerás a los jardineros y demás miembros del servicio. —Elizabeth saludó a todos con amabilidad, pero dejando en claro que es la jefa. —Vamos, te llevaré a nuestra habitación. —Una vez se despidieron, se marcharon. —Debiste contratar a menos personas. —James resopló. —Sabes perfectamente que cuando inicie con esto ellos tratarán de defenderse y cualquiera puede traicionarnos. —Eli, por favor. —Le pidió deseando no llegar a una discusión. —La mansión es enorme, no podía contratar a solamente tres personas, eso sería una maldad. —Cerrando los ojos para calmarse, respiró profundamente y luego la miró. —Sé que seguirás pensando que es lo mejor, pero no pienso hacerle algo así a esas personas. Tenemos para pagarles a todos, además, son ex trabajadores de mi madre, jamás nos traicionarían. —Elizabeth dejó su bolso sobre la cama y lo abrazó, con él no puede ser como es con los demás. —Lo siento, es simplemente que no quiero que nada salga mal, no quiero ponerme en riesgo. —James sonrió incapaz de estar enojado con ella. —No te preocupes, aquí estoy yo para protegerte siempre. —Girándola, le ayudó con la cremallera de su vestido. —Toma un baño caliente y relájate, yo estaré en mi despacho atendiendo algunas cosas. —No trabajes demasiado, te quiero a cien en la fiesta, ¿De acuerdo? —James le guiñó para que se tranquilizara. La familia Hamilton se encontraba reunida en el porche trasero de su mansión, la invitación que habían recibido como invitados especiales, los tenía bastante descuadrados, por lo menos a Christian, Débora su madre, estaba feliz y satisfecha. Esa empresa es su mayor competencia y estar en una fiesta que puede llevarlos a una alianza es lo ideal. —¿Por qué nos invitaría a su fiesta? —Christian dejó la invitación de lado. —Han sido nuestra competencia por años, ¿Cuántas veces no pedí una reunión con ellos? ¿Cuántas veces no intenté aliarnos con buenos proyectos? Jamás quisieron, ¿Por qué hasta ahora? —Débora miró a su hijo, es tan orgulloso como su padre. —Cariño, no olvides que la dueña murió y hay otra persona al frente, quizás ella sepa que junto a nosotros su empresa será más respetada. —Christian resopló. —No deberías emocionarte por esto, no necesitan de nosotros y nosotros tampoco necesitamos de ellos. —Poniéndose en pie, la miró. —No iré a la fiesta. —Débora miró a su nuera. —Cariño. —Megan se puso en pie. —No seas así, mira que es la nueva dueña, quizás las cosas sean distintas, además, ¿Qué pensarán todos si solamente nos presentamos tu madre y yo? —Lo miró a los ojos. —Eres el hombre de la casa, la cabeza de la compañía, no puedes negarte a esa fiesta. —Sonrió acariciando su mejilla. —Además, habrá otras empresas y quizás consigas algunos contratos. —Christian lo pensó, Megan tenía razón. —Bien, iremos. —Ignorando a su esposa y el beso que quería darle, se marchó. La fiesta era todo lo que las personas esperaban, glamour por dónde se mirara, vino caro, comida deliciosa y elegante, una decoración fantástica y banda de jazz en vivo así como personas importantes. —Están esperando por nosotros, todos llegaron. —James recorrió su cuerpo, está preciosa con ese vestido de noche rojo largo de espalda descubierta. Su cabello recogido en el moño italiano dejan a la vista su delicado cuello. Sin duda Elizabeth es hermosa en su totalidad. —Estoy lista. —Se dio la vuelta, el collar de diamantes hace juego con sus pendientes y la pulsera. —Estás guapísimo. —Admiró el traje Armani n***o que le queda a la perfección. —Igual que mi adorada esposa. —Se apresuró a ofrecerle su brazo. —Me voy a poner muy celoso, esos empresarios no solamente querrán tener tu atención para hablar de negocios, todos desearán tener un poco de ti. —Elizabeth carcajeó. —Estás loco, James, yo podría decir lo mismo de ti y esas chicas. —Mirándola divertido negó. —Sabes muy bien que no tienes que preocuparte. —Ambos se dirigieron al salón donde se estaba dando la fiesta, Elizabeth se negó rotundamente a dar la fiesta en su mansión, así que rentaron otra. —Dicen que es la dama de rojo porque es el único color que usa. —Cuchicheó una de las mujeres. —Dicen que es tan hermosa que todos los hombres la desean. —A mí me han dicho que es cruel. —Agregó otra. —Dicen que todo el que haga algo que no le guste lo pierde todo. —Las mujeres se indignaron al escuchar tal cosa. —Y su esposo es el único que puede tolerarla y evitar que sea tan mala. —Otra de las mujeres se unió. —Y no es lo único, dicen que ella lo embrujó y por eso la madre le dejó la empresa a ella y no a él que es su propio hijo. Las enormes puertas se abrieron dejando el lugar en silencio, las miradas curiosas se posaron en la entrada. Todos deseando conocer a la nueva dueña de Ferguson Construction Company, todos deseando conocer finalmente a la misteriosa chica de las que todos hablan como fría, inquebrantable, poderosa y tan hermosa como un ángel. —Con ustedes. —El presentador y animador de la fiesta, se apresuró a informar la entrada de los anfitriones. —El señor y la señora Ferguson, nuestros anfitriones. —Elizabeth, junto a James, entraron a la sala a pasos lentos y firmes. La superioridad, qué ambos desprendían, es palpable para todos, la pareja es como todos imaginaban, se ven perfectos juntos y sumamente imponentes. Él un rubio alto, corpulento de ojos azules y bien parecido, ella piel bronceada, de baja estatura, ojos oscuros y una encantadora belleza. —Vamos hijo, seamos los primeros en saludar. —Débora apremió a su hijo. —Vamos. —Tiró de él, es invitada especial y por ello debe ser la primera en saludar, tiene que hacerse notar, ellos son los más importantes en esa fiesta. —Señora Elizabeth...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR