El gesto de James le agradó, el asombro que muestra es digno de su confesión. Se nota que no conoce a esa maldita mujer, se nota que ella lo está utilizando a su placer tal y como lo hizo con él.
—¿De qué estás hablando? —Salió de su shock. —Christian, creo que deberías ir a casa, estás muy borracho. —Le aconsejó sin querer creer lo que escuchaba.
—¿Borracho? —Río burlón. —¿Qué sucede, James? ¿No puedes creer lo que tu perfecta esposa hizo? —Carcajeó lleno de dolor. —Esa maldita mujer abandonó a mi hijo después de nacer, ella, su madre, la mujer que yo tanto amaba lo abandonó porque no podía ni siquiera tener algo que le recordaba a mí. —El corazón de James inició a martillar en su pecho con una fuerza brutal, ¿Cómo puede decir esas cosas?
—No lo entiendo, ¿Por qué no he conocido a tu hijo? —Preguntó confundido, Elizabeth sabe todo respecto a los Hamilton, ella también sabría la existencia de ese niño, de su propio hijo. Christian limpió sus lágrimas y negó ahora con gesto de derrota.
—Murió. —Dijo debatido. —Mi niño murió a la edad de cinco años. —Lo miró sin poder contener las lágrimas. —Le puedo perdonar que me abandonara, le puedo perdonar el inmenso dolor que me ocasionó al irse, pero jamás le perdonaré el abandono de mi hijo, si ella hubiera estado ahí, con él... quizás mi bebé estuviera vivo, quizás su salud hubiera sido otra. —Lo miró a los ojos. —Esa mujer a la que tú tanto defiendes, tiene otra cara y siento lástima por ti, siento tanta lástima que... —La arcada lo calló. —Joder. —Corrió a uno de los cubículos para vomitar, rebasó el límite al que acostumbra y está seguro que lo pagará muy caro.
James, quien estaba inmóvil en el lugar, intentó buscar alguna respuesta lógica, algo que le indicara que Elizabeth no le ocultó algo como eso, o por lo menos buscar indicios de que Christian está mintiendo en lo que le ha dicho, pero no hay nada que lo haga dudar de Christian, solamente su amor por Elizabeth es quien puede cegarlo y esta vez ni eso puede sacarlo de sus dudas.
—James, ¿A dónde vas, amigo? —Sin escuchar a su colega, se marchó del local, necesita hablar con Elizabeth, necesita saber la verdad de las cosas, necesita una buena explicación a lo que Christian le dijo.
Elizabeth se levantó del suelo con ayuda de Jacob, el niño no deja de golpearlo para huir, pero el gigantesco hombre no cede ante su esfuerzo.
—¿Está todo bien aquí? —Un par de policías se acercaron a ellos mirando al niño con poca amabilidad.
—Todo está bien, oficiales. —Elizabeth miró al niño y sonrió al verlo quedarse quieto. —El niño viene conmigo, me ha desobedeciendo e intentó huir. —Los policías la miraron por unos segundos y finalmente asintieron para posteriormente marcharse.
—No debió hacer eso, señora. —Jacob la miró con seriedad una vez quedaron solos. —Pudo lastimarse. —Elizabeth le sonrió en complicidad.
—¿No te trajo recuerdos? —Agrandó la sonrisa. —Recuerdo muy bien que cuando mi suegra te envió por mí me perseguiste por un largo rato. —Jacob contuvo la sonrisa, nunca había conocido a alguien tan rápido como ella. —Y tú, guapo, vienes conmigo.
—No, no voy a ir con usted, si no me deja ir gritaré. —Jacob lo alzó y lo miró a los ojos con severidad
—Nos sea malagradecido, si mi señora no te deja con los policías, lo haré yo. —Amenazó, lo que hizo que el niño inmediatamente callara lleno de temor.
—Vamos, Jacob, llévame a casa. —El hombre frunció el ceño, ¿Acaso piensa ella llevar a ese niño a su casa? Suspiró, por supuesto, que lo hará.
Elizabeth recogió sus tacones y entró al auto, una vez el niño estuvo dentro, lo miró con una sonrisa. Un niño de no más de catorce años, quizás el descuido, lo haga ver menor, una cabellera negra desaliñada, unos enormes ojos grises y una dulzura oculta por un gesto osco y suciedad.
—¿Por qué me mira así? —Elizabeth sonrió con tristeza.
—Por nada, simplemente estoy observando lo guapo que eres. —El chico hizo un gesto arrogante, lo cual fue gracioso para Elizabeth.
—Lo siento, es preciosa, pero no podría estar conmigo. —La carcajada que soltó Elizabeth impresionó a Jacob, ella ríe solamente cuando está con James en la intimidad de su casa. —¿Por qué ríe? Está claro que soy guapo y le he gustado. —La calidez que Elizabeth sintió en su corazón la hizo sentir nuevamente viva.
—¿Cómo es que un niño tan inteligente como tú está solo en las calles? —El chaval endureció el gesto.
—Por gente como usted. —Eli frunció el cejo y dejó de reír. —Las personas como usted solamente quieren niños modelos, cuando tienen algún problema los votan como si fueran un animal problemático.
—Oye... —Intentó tocarlo, pero él se apartó con brusquedad y la mirada de terror que le dio congeló a Elizabeth. —No te haré daño, lo prometo.
—Siempre dicen lo mismo. —Se apartó un poco más. —Sé por qué vino por mí, pero no diré nada... nada. —Elizabeth suspiró, ¿Cómo forzarlo a decir algo cuando se nota que está tan aterrado?
—De acuerdo, no es necesario que me lo digas. —Le sonrió con ternura. —Lo importante ahora es que vendrás conmigo a mi casa y como no tengo ropa que te quede, tendremos que parar en una tienda. —Lo miró a los ojos. —¿Estás bien? —Se preocupó al verlo respirar tan pesadamente.
—Sí, estoy bien. —Mintió con descaro.
—No soy tu enemiga, ¿De acuerdo? —No quiso mirarla, pero a Elizabeth no le importó, seguirían siendo amable con él. —Ya sabes quién soy, pero igualmente me presentaré. Soy Elizabeth Ferguson. —Le tendió la mano, pero no obtuvo respuesta. —Bien. —Suspiró dándose por vencida. —Jacob, para en una tienda, iré por ropa. —Sin pedir permiso, inició a buscar la talla en la camiseta.
—¿Qué hace? Deje de tocarme, esto es abuso. Soy precioso, pero no debe tocarme. —Elizabeth tiró de su oreja, le hace gracia, pero no debe permitirle aquello.