Capítulo 4

1479 Palabras
Malek Esa mañana que ingresé al bufete me encontré con la irritante voz de Skye, ella me insistía en tener una cita conmigo, así que, vi en la necesidad de rechazarla por quinta vez en el día, ella no me interesaba en lo absoluto ¿tan difícil era entender eso? No estaba interesado en nada que no fuera mi trabajo, así de simple. Skye era inteligente y capaz, además de atractiva; sin embargo, su frivolidad y falta de tacto hacia los demás me parecían de lo más desagradable, una mujer sin empatía o cordialidad simplemente no era de mi interés. Todo en la sala de descanso lucía igual que siempre, insípido y aburrido a excepción de algo, no era extraño que mis compañeros se reunieran a esta hora para charlar y beber café, pero me sorprendió ver a una chica con cabello castaño junto a Clarisse. Su menudo cuerpo era resaltado con el atuendo que llevaba, cada curva resaltaba a la perfección, se podría decir que me gustaba apreciar la verdadera belleza femenina; sin embargo, me limitaba a demostrarlo. Fingí desinterés y solo me limité a tomar mi Expresso y salir de ahí; sentí la mirada de la chica sobre mí cuando salí del salón. Ella había llamado mi atención desde el primer momento y el interés que demostraba con cada palabra que decía hizo que mi interés en ella se incrementara, me sorprendía que una mujer tan joven se interesara en el derecho penal, pero cuando Ann me asignó como su mentor mi interés decayó. Siempre había trabajado solo porque no toleraba la incompetencia y gracias a eso jamás había perdido ningún caso y ahora tendría que orientar a una novata. Cuando todos abandonaron la sala de juntas me acerqué a Ann, ni de broma iba a trabajar con esa chica, nunca había trabajado en equipo así que era muy tarde para iniciar ahora. —¿Se te ofrece algo Malek? —Ahora que lo dices, sí —Ann elevó una ceja esperando mi respuesta —. ¿Se puede saber por qué me asignaste a esa chica? —No veo el problema —respondió encogiéndose de hombros. —Hay muchos más abogados con lo que podría colaborar ¿por qué precisamente yo? —Simplemente no podía aceptarlo —he investigado a Hayes desde hace un año y no dejaré que una novata lo arruine ahora que estoy tan cerca de exponerlo —espeté, intentando hacerla cambiar de opinión, pero Ann no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer. — Tú lo has dicho, hace un año que llevas tratando de incriminar a Cedric Hayes y no has encontrado nada —su comentario me tomó con la guardia baja —. No te vendría mal algo de ayuda y menos ahora que el caso de Lucas Hoult te está dando esa oportunidad. Maldición. Cuando salí de la sala de juntas me encontré con los ojos de Franny, así la había presentado Clarisse esta mañana, sus ojos captaron mi especial atención en cuanto de encontraron con los míos, eran de un peculiar color verde con algunas manchas color azul. Heterocromia. Debo admitir que era un rasgo que resaltaba su belleza. —Sígueme —ordené y comencé a caminar hacia mi despacho sin ni siquiera asegurarme de que ella me seguía. Abrí la puerta, una oficina espaciosa adornada con un escritorio color n***o que hacía juego con las claras paredes, además de que tenía una excelente vista del lugar. Dejé mi portafolio sobre mi escritorio, nuevamente sentí sus ojos sobre mí provocando que los vellos de mi nuca se erizaran, sentía una extraña sensación ante la presencia de esta mujer. —Tú dirás —ella decidió hablar al percatarse de que yo no tenía la intención de iniciar una conversación. —Esta oficina solo tiene un escritorio, así que, lo compartiremos, tú de un extremo y yo del otro. No invadas mi espacio y todo estará bien. —Bien —ella se acercó y comenzó a ocupar el lugar que le correspondía. Todo iba bien hasta que ella se atrevió a abrir uno de mis expedientes, el cual no dudé en quitarlo de sus manos. Ella batió sus pestañas confundida por lo que acababa de pasar. —Déjame poner las cosas claras —inicié —. Si vamos a trabajar juntos quiero que respetes mis reglas; la primera de ellas es que no toques mis documentos sin permiso, la segunda es que respetes mi espacio y la tercera no pretendas relacionarte conmigo con asuntos que no sean de trabajo. —No puedo creerlo —ella sonrió ¿qué se le hacía tan gracioso? —Entiendo que no debí tocar eso, pero no tienes que ser tan idiota. Me reí. La primera chica que se opone a mí y se trataba de una novata. —Desde ahora seré tu mentor, así que, no permitiré que mi trabajo se vaya a la basura por ti —ella frunció el ceño —. Así que, desde ahora seguirás mis reglas. Novata. —Vine aquí a aprender y ni tú ni nadie va impedirme que logre convertirme en una exitosa abogada —la novata tenía determinación. Eso me gustaba. Cualquiera que se dejara intimidar ante cualquier situación de conflicto no se podía llamar más que un cobarde, aunque la extensión de la palabra no le hacía justicia a los miserables que contaminaban esta ciudad. —Ordena los expedientes que hay en ese estante, deben ir primero por mes. Si quería averiguar como el caso de Hoult se relacionaba con Cedric Hayes, necesitaba mantener en orden todos los expedientes que lo involucraran. —¿Cómo es que ordenar los expedientes nos ayudará con el caso? —Solo hazlo —no suelo dar explicaciones, ni tampoco pretendo hacerlo, así que, ella asintió y comenzó con su tarea. Mientras la novata ordenaba los expedientes, yo me dediqué toda la tarde a analizar los casos que tenía pendientes, en especial uno. El caso de Lucas Hoult. [...] Habían pasado cerca de tres horas y ella seguía leyendo y ordenado cada uno de los expedientes, podía ver en su rostro determinación, leía con detenimiento cada caso y de vez en cuando realizaba algunas anotaciones. > Me reproché a mí mismo cuando me descubrí con esos pensamientos, dejé de mirarla para después centrar mi atención en lo que en verdad importaba. Mi trabajo. —He terminado —dejé el documento que estaba leyendo para posar mis ojos en ella. —Bien, mañana seguirás con el archivero —me limité a decir —. Es todo por hoy. Ella tomó sus cosas y para dirigirse a la salida, en ningún momento mis ojos se despegaron de ella, estaba concentrado en cada uno de sus movimientos hasta que me percaté de algo que hizo que mi corazón diera un vuelco en cuanto su mano izquierda tomó el pomo de la puerta. Un anillo de compromiso. [...] Francescca Salí corriendo del edificio esperando que Varick apareciera para recogerme y después de diez minutos un auto color azul marino se detuvo frente a mí. —¡Hola preciosa! —Varick abrió la puerta del auto y me apresuré a entrar sin responder al saludo de mi prometido —. ¿Sucede algo? —No es nada —bufé —. Solo vamos a casa —pero él hizo lo contrario, apagó el motor del auto —¿qué haces? —Cariño, hemos estado juntos más de tres años y te conozco muy bien ¿qué te pasa? —Me dejé caer sobre el respaldo del auto y comencé a contarle lo sucedido con Malek. —Es la persona más arrogante y prepotente que he conocido —me quejé —. Es como si me viera como una simple asistente y no una abogada. —¿Cómo dices que se llama ese abogado? —Malek Eljal —el ceño de Varick se contrajo en cuanto mencioné ese nombre. —¡Maldito árabe! —Gritó al mismo tiempo que golpeaba el volante del auto. —¡Varick! —Lo reprendí, no me gustaba que insultara a las personas por su origen. —No puedo creer que después de tantos años vuelvo a escuchar el nombre de ese idiota —comentó con mal humor. —¿Lo conoces? —Estaba perpleja, no sabía que Varick conocía Malek. —Él es el idiota de Chicago —confesó. Mis neuronas hicieron sinapsis al recordar lo sucedido, recuerdo que saliendo de la universidad Varick trabajó en un despacho en Chicago, ahí tuvo problemas con uno de los abogados, según Varick el tipo era un arrogante que se creía el dueño del mundo, además, de que él le robó el puesto en el mejor despacho de Chicago. Nunca creí que ese tipo sería mi jefe y mentor, el dicho de el mundo es un pañuelo quedaba a la perfección.
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