Malek
La información salió disparada en la pantalla de mi ordenador en cuanto ingresé la palabra correcta en la barra de búsqueda, no podía dejar ningún espacio en blanco si quería atrapar a ese desgraciado.
Cedric Hayes.
Cuando tomé este caso me obsesioné por completo, con tan solo pensar que ese hombre evade la ley y arrastra a personas inocentes en sus negocios turbios me repugna.
>
Eso es lo que soy y es así como me siento, un maldito hipócrita que lucha por hacer justicia y que se cumpla la ley cuando en realidad fui un bastardo igual que Hayes o incluso peor. Una enorme nube de recuerdos me atormenta y no hay nada que pueda hacer al respecto, cada vez que cierro los ojos el pasado esta ahí y haga lo que haga jamás desaparecerá. El intachable Malek Eljal, el mejor abogado de Nueva York, un hombre justo y dispuesto hacer cumplir la ley, esas palabras con las cuales me describen no son más que una farsa. ¿A caso pensarán lo mismo si se enteran que procedo de una familia involucrada con la mafia?
Lo dudo.
Mi padre, el heredero del imperio de la mafia árabe es un desgraciado hijo de puta, que esperaba que tuviera un patético final para una escoria como él. Sin embargo, el linaje de los Eljal debía ser conservado al m*****o más fuerte o eso solía decir mi abuelo, así que, que mejor que sus nietos fueran los siguientes en la línea, después de que Hakim- mi hermano mayor- muriera gracias a una sobredosis de droga, la tensión entre quién sería el heredero de los Eljal nos puso a todos en una balanza para demostrar quién sería el mejor y ahora querían arrastrarme de vuelta a ese infierno por medio de mi hermano.
Lo que pasé al lado de mi padre Zaid Eljal, fue un infierno. A eso no se le podía llamar vida, ese desgraciado me arruinó por completo y me convirtió en un monstro sediento de sangre y sin corazón. Cuando él murió no sentí más que alivio o eso pensé antes de que mi hermano me convirtiera en un asesino. Nader no dejaría ir a su mejor asesino y a su mano derecha así de fácil, por eso decidió apuñalarme de la peor manera esa noche, gracias a él aprendí que no se puede confiar en nadie.
—Lamento la demora, pero la casa de la señora Miller estaba del otro lado de la ciudad —la voz de Francescca me devolvió a la realidad.
La dulce y animada voz de esta mujer me hacía olvidar aquel oscuro pasado, su presencia era como una luz que me sacaba de las sombras. Me sorprendió darme cuenta de lo importante que se estaba volviendo esta mujer en mi vida.
—Está bien ¿cómo ha ido todo? —Pregunté tratando de sonar tranquilo.
—Todo está en orden —sonrió —. Pasé a los juzgados para averiguar como va el proceso del hombre que estafó a Georgia y me dijeron que ya lo detuvieron.
—Esas son buenas noticias.
—Lo atraparon en el aeropuerto a punto de abordar un avión hacia Nueva Zelanda, él creyó que iba a lograr escapar
—Francescca rebuscó algo en su bolso para después dejar sobre mi escritorio una carpeta color amarillo —. Su verdadero nombre es Augustus Rogers y acabo de iniciar el proceso de demanda. Georgia no fue la única víctima sino también un hombre llamado Jacob Robins.
Ese nombre me era familiar, él había perdido todas sus acciones por ser víctima de una estafa; sin embargo, yo estaba a cargo del caso de Jacob, ya que, él robo fondos de la empresa en la que era accionista. Industrias Haider. Ese era el nombre, lo sé porque Jacob Robins le robó a un viejo amigo que reside en Los Ángeles, por eso estaba llevando el caso y unos días me encontraría con Travis Haider para poner fin a este caso.
—Has hecho un buen trabajo Francescca —halagué, sabía que ella tenía potencial.
—Solo hay que esperar la fecha del juicio y creo que será pronto, ya que, Georgia no fue la única víctima sino hay cuatro más.
—Espero que ese idiota pague por lo que hizo —una nueva carpeta apareció sobre el escritorio —. ¿Qué es esto? —Francescca se posicionó a mi lado para mostrarme el documento.
—Es la orden para la auditoría que haremos al hotel de Cedric —una sonrisa se apoderó en mi rostro.
—Cada vez me sorprendes más.
—Lo sé —una ligera risa se escapó de mi boca ¿cómo era posible que ella hiciera mis tardes más ligeras?
Su cercanía no me parecía incómoda, al contario por un momento me permití observar cada parte de su rostro, su piel clara podría competir con la porcelana, sus cabellos castaños caían sobre sus hombros en finas hebras y su aroma era la fragancia más exquisita que mis sentidos hayan percibido, el aroma a jazmín y cítricos endulzaban el ambiente. Un aroma fresco y dulce, tal y como era ella. Tenerla tan cerca y su aroma me estaba volviendo loco, la imaginaba en mi departamento, ella debajo de mí en mi cama gritando mi nombre hasta que no pudiera más. Definitivamente esta mujer me volvía loco.
Francescca Trembley despertaba en mí los deseos más oscuros y mis instintos más salvajes, nadie había podido producir este efecto en mí, era como una sensación que quemaba cada parte de mi sistema, era como si no pudiera controlarme cuando la tenía cerca de mí.
La deseaba.
Todavía recuerdo el esfuerzo que hice para no besarla en la boca cuando besé su mejilla, su piel tibia contra mis labios resecos e impregnados por el alcohol. Sin embargo, jamás sobrepasaría mis límites con ella, Francescca no es cualquier mujer que se acuesta con cualquiera a la primera oportunidad que tenga, no hay duda que ella es una de las pocas mujeres que saben poner sus propios límites y saben decir > y eso solo hace que me sienta aun más atraído hacia ella y la admire cada vez más. Pero había algo que me detenía a avanzar con Francescca y era su compromiso con Varick Bauer, ese maldito anillo que adornaba su dedo anular era un recordatorio de que ella estaba fuera de mi alcance. Sin embargo, algo dentro de mi se negaba a aceptarlo y quería estar cerca de ella, aunque sea solo como su mentor.
—Es tarde y debes ir a descansar —aparté mi rostro del de ella —. Has hecho un buen trabajo hoy.
—Gracias.
Ella dejó salir un pesado suspiro, tal parece que no le agradaba la idea de regresar a casa y creo saber la razón, el idiota de Bauer no merecía nada de ella y si estuviera en mis manos haría lo que fuera por abrirle los ojos a Francescca.
—Te veo mañana —se despidió.
Por un momento deseé que ella volviera a besar mi mejilla como la otra noche; sin embargo, solo me limité a decir una sola palabra.
—Claro.