Francescca
Una sensación de alivio me inundó cuando Malek dijo que podía irme, no discutí y salí corriendo de la oficina, literalmente, su cercanía mezclado con aquella fragancia varonil no eran buena combinación, podría jurar que él pudo escuchar los desenfrenados latidos de mi corazón. Me era imposible pensar con coherencia teniendo a semejante hombre tan cerca de mí, lo único que quería hacer era besarlo y dejar que sus manos exploraran mi cuerpo mientras mi boca devoraba la suya.
Dios...
Estoy jodida.
Yo soy una mujer que tiene novio y por si fuera poco, se casaría en unos meses; sin embargo, había algo que había cambiado. Mis sentimientos hacia Varick ya no eran los mismos. Ambos estábamos tan ocupados en nuestras propias vidas que olvidamos fomentar ese amor que jurábamos tener y a este paso ¿la boda seguirá siendo lo que yo quiero? ¿Realmente quería pasar el resto de mis días unida a Varick? Llevé ambas manos a mi cara intentando despejarme, pero ni siquiera el agua fría que mojaba mi cara podía hacerme entrar en sí, en mis pensamientos solo estaba la imagen de Malek Eljal. Decidí dejar a un lado mis pensamientos lascivos por un momento, parecía una adolescente con las hormonas alborotadas, así que, lo mejor sería ir a casa.
Una vez lista decidí salir del tocador de damas, pero me detuve a medio camino cuando mi celular comenzó a vibrar, miré el nombre del contacto que aparecía en la pantalla, no puede evitar rodar los ojos al ver el nombre de Varick.
¿Qué querrá?
Deslicé mi dedo sobre la pantalla aceptando la llamada.
—Hola —saludé con cansancio.
—Francescca —el tono brusco con el que dijo mi nombre no me pasó desapercibido —. ¿Dónde estás?
—En la oficina —respondí mientras aplicaba un poco de brillo labial sobre mis labios —estaré en el departamento en breve.
—Bien, necesito que hablemos —enfoqué mis ojos en el espejo, considero que una llamada telefónica no es la mejor opción para solucionar un problema.
—Está bien, hablaremos cuando llegue a casa.
—¡No Francescca! Debemos hablar ahora —entre abrí mis labios para responder, pero el sonido de la voz femenina que usualmente usan en los aeropuertos me tomó desprevenida.
—Varick ¿dónde estás? —Él dejó salir un pesado suspiro.
—En el aeropuerto.
—¿En el aeropuerto? ¿Qué demonios haces allá? —La preocupación y en desconcierto eran evidentes en mi voz.
—Voy a Miami.
—¿Miami?
—¿Quieres hacer el favor de no repetir cada palabra que digo? Es bastante irritante —él sonaba molesto —. Voy a representar a mi cliente allá, tiene unos negocios pendientes y necesita que vaya, así que, estaré fuera las próximas tres semanas.
—Al menos pudiste habérmelo dicho —reproché, sabía que era su trabajo, pero eso no le daba derecho a irse sin decir nada.
Ahí fue cuando caí en cuenta que nuestra comunicación se había roto desde hace tiempo.
—Ahora se supone que debo darte explicaciones ¿no? Es mi trabajo Francescca.
—Lo sé, pero....
—No —interrumpió —ya que tú te empeñas a dejar a un lado nuestros planes de boda, no te molesta que me tome unos días por mi trabajo ¿verdad? —No podía creer lo que escuchaba ¿todo esto era por la boda?
—¿Te estás escuchando? Suenas como un maldito crío Varick, teníamos un trato —un nudo se comenzó a formar en mi garganta —. No pienso casarme antes de mi graduación.
—¿Es tú última palabra? —Sabía que mi respuesta no le agradaría, pero no me importó cuando respondí.
—Sí.
—¿Sabes qué? Estoy harto —no podía verlo, pero estaba segura que su mandíbula estaba tensa y sus manos hechas puños —. Harto de ti y harto de tu maldita estupidez de querer ser abogada ¿qué no entiendes que eso no es lo tuyo? Para empezar nunca debiste ser aceptada en la universidad, nunca debiste venir a Nueva York.
Entonces todas las piezas encajaron en el rompecabezas, esas palabras que supuestamente Malek dijo en la parrillada, nunca fueron de él sino de Varick.
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Inevitablemente las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas manchando mi piel con un ligero color n***o gracias al rímel, era la primera vez que Varick me hablaba de esa manera.
—Bien podrías aceptar quedarte a mi lado, sabes que soy en mejor abogado de Nueva York y conmigo no te faltará nada —escupió.
Estaba furiosa, la ira carcomía cada parte de mi alma y no iba a tolerar la mierda de un idiota como él.
—Así que, eso es lo que piensas —hablé después de varios minutos.
—Sabes que tú eres la única culpable de estas peleas constantes, tú te has dedicado a tirar a la basura todos estos años de relación —sus palabras eran como dagas en mi pecho —. Ya estarás contenta.
—No me culpes de algo que no es verdad —defendí, tragué el nudo en mi garganta y me armé de valor —. Ahora me doy cuenta de quien eres en verdad.
—¿Y quién soy yo? Según tú.
—Eres un machista de mierda que no acepta que una mujer tenga más éxito que él —una risa amarga se escuchó del otro lado de la línea.
Los recuerdos golpeaban mi memoria como miles de flash backs, siempre que le contaba a Varick sobre mis casos ganados, él solía tener ciertos cambios de actitud hacia mí, era como si le molestara mis triunfos. ¿Cómo era posible que esta pelea me abriera los ojos?
—No me hagas reír, eres una maldita resentida y ¿sabes qué? Una mujer como tú jamás llegará a nada —esa fue la gota que derramó el vaso.
—¿Y sabes también que no llegará a nada? Lo nuestro —solté —. Esta relación se acabó.
—¿Qué? ¡Joder, Francescca! Espera —su voz se escuchaba ansiosa y llena de frustración.
—No.
—Maldita sea ¿quieres escucharme? Mi amor, perdóname yo no quise...
—Esto se acabó Varick.
—Franny tengo que colgar, pero cuando vuelva hablaremos sobre esto.
—No tengo nada que hablar contigo, así que, no me busques más —y antes de que pudiera decir algo más colgué.
Dejé el teléfono sobre el lavamanos, sabía que no debería sentirme mal por terminar con Varick, ya que, él se comportó como un verdadero idiota; sin embargo, ¿por qué duele tanto? Y sin poder evitarlo me dejé caer sobre mis rodillas y comencé a sollozar.
[...]
Malek
La sobrecarga de trabajo me estaba matando y los recuerdos con Francescca no me ayudaban en absoluto, lo mejor sería dejar el trabajo a un lado e ir a descansar.
—Malek —la puerta de mi oficina se abrió dejando entrar a Marco.
—¿Qué sucede Marco? —Él se colocó en el sofá de mi oficina y se puso cómodo.
—Los chicos y yo vamos ir a beber algo ¿quieres venir? —Estaba a punto de declinar la oferta hasta que las palabras de Francescca vinieron a mi mente.
«No temas a dejar que las personas te conozcan como en realidad eres. Yo ya lo he visto y puedo apostar que a los demás les encantaría conocer al verdadero Malek Eljal, tanto como a mí»
Tal vez dejar de encerrarme a mi mismo no era tan mala idea después de todo, Francescca tiene razón. No porque mi propio hermano me haya traicionado quiere decir que los demás vayan a hacerlo.
—No estría mal ir a beber algo —dije finalmente.