Capítulo 24

1224 Palabras
Malek Ella no despegaba su mirada de mí, desde que llegué, sus penetrantes ojos me miraban con deseo, era una mujer atractiva y ella estaba utilizando sus dotes femeninos para seducirme. Mentiría si dijera que no lo estaba logrando. Ella era rubia y sus ojos eran tan azules que podían compararse con dos zafiros, su lengua acariciaba su labio inferior mientras que sus dedos jugueteaban con el pronunciado escote de su vestido. —Deberías hablar con ella —sugirió Chad. La chica estaba interesada, eso lo había dejado claro por la manera en que jugueteaba con su cabello, su lenguaje corporal era más que evidente; sin embargo, había que me impedía acercarme. Había pasado un largo tiempo desde que estuve con una mujer, recuerdo que desde que mi hermano asumió el mando de la mafia árabe, él y yo salíamos cada noche a trabajar. Nunca faltaron mujeres que se insinuaban con la finalidad de tener estabilidad al lado del mafioso más peligroso del Oriente Medio, no les importaba vender su cuerpo a cambio de algunas migajas de atención por parte de Nader y de mí, odio admitirlo, pero yo era un imbécil que se acostaba con cualquier mujer que deseaba y después las desechaba como basura. No quería volver a ser ese cretino. Es por eso que odiaba a los sujetos que menospreciaban a las mujeres, por eso odiaba a Varick Bauer, porque yo solía ser como ellos. —Hola —saludó una voz femenina. La rubia que no había dejado de mirarme se colocó frente a mí. —Hola —respondí a su saludo. —Te vi del otro lado del salón y decidí saludar — u sonrisa coqueta no pasó desapercibida —. Soy Adrianne. —Un placer Adrianne, soy Malek. —Sabes Malek, eres un hombre atractivo —dijo con voz seductora —. Así que, seré directa, me gustas. —Parece que sabes lo que quieres —ella mordió su labio como respuesta. —Así es y ¿qué tal si nos divertimos un rato? —Sugirió, ella tenía claras sus intenciones. —Creo que no, gracias —la indignación llenó su rostro. —¿Disculpa? —Era como si no hubiera entendido mis palabras. —No estoy interesado —dije, pero esta vez con más firmeza. —Oh, ya entiendo — Adiranne soltó una pequeña risita —. Eres de los hombres que les gusta hacerse los difíciles. Tomé un trago de mi bebida y después la miré. —Eres una mujer hermosa Adrianne —sus ojos se iluminaron ante mis palabras, no bromeaba, en realidad ella era una mujer atractiva que podría tener a cualquier hombre a sus pies —. Créeme que en otro tiempo estoy seguro que hablar no es lo que estaríamos haciendo en este momento —coloqué un mechón dorado detrás de su oreja —. Estarías en mi cama gimiendo. Adrianne no retrocedió ante mi franqueza; al contrario, parecía que esas palabras lograron excitarla aún más. —Esa idea no me desagrada en lo absoluto —sus labios rozaron los míos, pero antes de que me besara me aparté. —No lo entiendes, preciosa —dije amablemente —. Tú vales más de lo que crees y mereces a un hombre que te muestre el mismo interés. Y puedo asegurarte que habrá muchos hombres que querrían tu atención esta noche —mis pulgares acariciaron su mejilla —. Creo que el hombre con el que compartas tus noches será muy afortunado. Adrianne entre abrió sus labios, estaba tan aturdida por mis palabras que no fue capaz de formular una frase coherente, no pretendía seguir más tiempo aquí, así que dejé un billete sobre la barra para después irme. Cualquier hombre hubiera aprovechado esta oportunidad, pero no yo, había cambiado y creo que ya era ahora de demostrar que las mujeres eran los seres más hermosos que habían pisado la tierra y no objetos sexuales que podían ser desechados. Desde que dejé mi antigua vida decidí que sería hombre de una sola mujer. Aunque lamentablemente la mujer que me ha atrapado, está comprometida con otro hombre. [...] Detuve mi auto frente al enorme edificio en el que vivía; sin embargo, no tenía ánimos de estar encerrado en mi apartamento, a pesar de que era un lugar espacioso en algunas ocasiones era sofocante. Tal vez perderme entres los gigantes árboles de Central Park me haría sentir mejor. A estás horas de la noche no solía haber mucha gente, ya que, era la hora de la cena; sin embargo, para mí era la mejor hora para despejar mis pensamientos. La imagen de Adrianne apareció en mi mente, ella quería una aventura de una noche y aunque hubiera aceptado su oferta no iba a poder complacerla como quería. No cuando en mi mente solo aparecía la imagen de Francescca. Ella era en lo único que pensaba en todo el día. Maldición. No sé ni cómo ni cuándo esa mujer apareció para volver mi mundo de cabeza, hace más de nueve años que estoy solo y nunca necesité de nadie, solo mi trabajo, pero desde que ella apareció me impulsó a ser diferente, poco a poco ella comenzaba a destruir aquella coraza que tanto me había costado hacer para protegerme. Y eso me asustaba. No sabía qué hacer o como actuar. Jamás había tenido una relación y ahora que ella había aparecido en mi vida lo complicaba todo. Dejé salir un suspiro frustrado, juro que estoy a punto de enloquecer. Mis pasos se detuvieron abruptamente cuando me percaté de una silueta sentada en una banca a esta hora de la noche, su cabello castaño caía sobre su cara mientras que trataba de limpiar las lágrimas que caía de sus ojos con del dorso de su mano. Era Francescca y estaba llorando. Jamás había tolerado ver a una mujer llorar y menos cuando la mujer que tenía enfrente me importaba tanto. Antes de que me diera cuenta ya me encontraba caminando hacia ella. [...] Francescca Regresar al departamento que compartía con Varick no era una opción, no podía regresar al lugar que estaba lleno de recuerdos de mi fallida relación. Mi corazón se estremeció al recordar las duras palabras de aquél que creía que sería la persona con la que quería compartir mi vida. > No era hora de estar lamentando lo que pasó, tenía que buscar un lugar donde pasar la noche. La paga del bufete era buena, lo suficiente como para poder pasar la noche en un buen hotel, no sería el Hotel Plaza, pero tampoco sería un motel barato y si tenía suerte podría conseguir un buen apartamento gracias a mis ahorros. Sin embargo, mis ahorros no serían suficientes, tal vez me ayudarían a sobrevivir por algunos meses, pero ¿después qué? Me negaba a pedirle ayuda a mis padres y regresar a Minessota no estaba en mis planes, si regresaba a solo le daría la razón a mis padres y jamás me perdonaría un fracaso. Dios, esto es tan complicado. Pero todo irá bien ¿cierto? —Todo va a estar bien... —me dije a mí misma mientras trataba de contener las lágrimas; sin embargo, no lo logré ya que una lágrima traicionera resbaló por mi mejilla. Me estaba derrumbando y estaba vez no tenía un soporte que evitara mi caída. —¡Francescca!
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