Francescca
Desperté con la respiración entrecortada y mi corazón a punto de salirse de mi pecho, la ligera blusa de tirantes se adhería a mi piel gracias al sudor que bañaba mi cuerpo y el dolor de cabeza quemaba como el infierno. Llevé mi mano hasta el interior del cajón de mi mesita de noche para buscar mi antigua medicina, cuando las tuve en mis manos puse dos de las diminutas píldoras en mi boca, una vez que el medicamento atravesó mi garganta y el amargo sabor llenó mi boca, no pude evitar hacer una mueca de desagrado.
Había olvidado el horrible sabor de aquel medicamento. Una sensación de alivio inundó mi cabeza cuando la medicina empezó a hacer efecto y poco a poco el ardor comenzó a disminuir, pero lo único que la medicina no podía desaparecer aquellas pesadillas que me atormentaban.
Antes de despertar su recuerdo inundó mi mente. Se trataba de mi hermana. Hacía tanto tiempo que me convencí que ella era parte de mi pasado y que jamás volvería a verla, pero ¿por qué de pronto tenía que recordarla? Tenía diez años cuando la vi por última vez y el único recuerdo que tenía de ella era su rostro deformado por la culpa y el miedo.
Simplemente quería olvidarla a ella y todas las desgracias que trajo a mi vida.
Saqué las sábanas que cubrían mi cuerpo y me dirigí a la ducha, no podía llegar tarde a la oficina. Mi vestido Channel blanco fue mi mejor opción para vestir ese día, una vez lista fui a la cocina.
Me llevé una gran sorpresa al no encontrar a Varick en ninguna parte de la casa, esta mañana cuando desperté él no estaba en la cama por lo que creí que ya se había levantado; sin embargo, parece que se había ido más temprano de lo usual. Seguramente seguía molesto, pero si creía que con sus rabietas de niño pequeño iba a cambiar de opinión con respecto a la boda, estaba equivocado, tomé mis llaves y me dirigí a la salida. Hoy iba ir a la oficina en autobús.
Caminé unas cuantas calles hasta que divisé la parada de autobús, la calle estaba algo solitaria para ser tan temprano; sin embargo, le resté importancia y me senté en una de las bancas que se encontraban al frente de la acera.
Un autobús.
Dos autobuses.
Tres autobuses.
Y ninguno de ellos era el mío, llevaba más de veinte minutos esperando y ninguno iba hacia la calle en la que trabajaba, miré mi reloj. Caminar no era una opción, jamás lograría llegar a tiempo, lo mejor sería pedir un taxi.
Saqué mi celular y comencé a teclear el número de Ann para avisar que llegaría tarde, hasta que un conocido deportivo n***o aparcó frente a mí.
[...]
Malek
Maldije para mis adentros cuando me enteré que se habían llevado mi auto al depósito de autos, así que, después de pagar una multa por dejar mi auto en el estacionamiento de un bar sin autorización me dirigí al trabajo. Había sido una larga noche, no pude pegar un ojo gracias a que el recuerdo de Francescca no dejó de atormentarme en toda la noche. No sé que estaba haciendo esa mujer conmigo y eso era lo que más me preocupaba, tenía una sospecha, pero no quería aceptarlo.
¿Era normal que quisiera verla todo el tiempo?
Sin tener respuesta a esa pregunta seguí mi camino, pero me sorprendí a mí mismo yendo hacia la calle en la que vivía la mujer que atormentaba mis sentidos. Tal vez ¿debería ir a verla?
«No seas idiota Malek. Ella está comprometida con el imbécil de Varick»
Dijo una voz en mi cabeza, así que, frené y di vuelta para retomar mi camino hacia el bufete. No podía dejar que Francescca me afectara de este modo y menos sabiendo que era de otro. Desde ahora mantendría mi distancia con ella.
[...]
Francescca
—¿Alguien ordenó un taxi? —La sonrisa de mi rostro se borró en cuanto vi a Marco aparcar frente a mí —¡vaya! Pareces decepcionada Franny, acaso ¿esperabas a alguien más?
No pude evitar sentir un poco de decepción al darme cuenta que no se trataba de Malek sino de Marco, ¿pero que demonios me pasaba? Estaba segura que pensar en Malek todo el tiempo no era normal.
—Hola Marco —dije con amabilidad —para nada —dije intentando disimular —eres como un ángel caído del cielo.
Marco sonrió ante mi comentario.
—¿Vas a la oficina o tienes algún otro asunto?
—No, de hecho, iba para allá.
—Es una suerte —Marco abrió la puerta del copiloto —sube.
Le dediqué una sonrisa amable y acepté su propuesta. Durante el resto del trayecto hablé con Marco de cosas triviales hasta el punto de terminar riéndonos, descubrí que, a pesar de su semblante serio, Marco es un chico muy divertido.
—Muchas gracias por traerme Marco —dije en cuanto bajamos del auto.
—Ha sido un placer Franny, ya sabes somos un equipo —dije en tono juguetón —Nos vemos, tengo trabajo que hacer.
—Adiós.
Una vez dentro del ascensor presioné el número del piso en el que se encontraba la oficina que compartía con Malek, un nudo apareció en mi estómago en cuanto pensé en él, me sentía como una adolescente. Decidí ignorar mis pensamientos en cuanto el ascensor se detuvo en el piso número diez, era hora de contentarme en mi trabajo. Hice una lista mental de todos los pendientes que tenía por hacer y uno de ellos era seguir con la investigación para llevar a cabo la auditoria que le haríamos a Cedric, además estaba pendiente el acuerdo para el caso de Lucas, además tenía hablar con mis padres, tenía que dejarles en claro que no pensaba casarme con Varick antes del plazo acordado.
Y ahora que lo pienso, ya no estoy muy segura de seguir con los planes de boda. Tomé una profunda respiración antes de abrir la puerta, pero el llanto proveniente del interior de la oficina me hizo abrirla de golpe, había una mujer cerca de los cuarenta, su cabello azabache se adhería a su rostro debido a las lágrimas mientras que Malek la sostenía evitando que se desvaneciera en el suelo.
—Por favor... —suplicaba —ayúdeme a encontrar a ese desgraciado.
La mujer sostenía con fuerza la solapa del saco de Malek, ella estaba tan sumida en su dolor que no se percató de mi presencia, Malek me miró para después mirar a la mujer.
—Señora Miller cálmese por favor —habló con delicadeza tratando de tranquilizar a su cliente.
—¿Cómo quiere que me calme si ese maldito me estafó? —Chilló.
—Señora Miller le aseguro que esto no se va a quedar así, confíe en nosotros —nuevamente los ojos grises de Malek se enfocaron en los míos —. Déjeme presentarle a la abogada que llevará su caso, la abogada Francescca Trembley.
Fue entonces cuando mi respiración se detuvo. Este era el caso del que me había hablado Malek.