Capítulo 9

1291 Palabras
Malek Recuerdo que hace algunos años conocí a Varick Bauer en un despacho en Chicago, ambos éramos recién graduados de la escuela de leyes, así que, iniciamos a trabajar juntos. Al principio, creí que ambos podríamos trabajar juntos, después de todo, él me había ofrecido una mano amiga y en un país donde todos te miran de una forma diferente por tu origen, creí que Bauer podría ser un amigo. Sin embargo, quién iba a pensar lo que sucedería después. Hace unos años, ambos decidimos abrir nuestro propio despacho. Ese había sido el sueño de Varick y yo estaba dispuesto a apoyarlo, él solía decir que seríamos los nuevos Nelson y Murdock de la insípida ciudad de Chicago, así que, iniciamos a trabajar con lo poco que teníamos. Los clientes que llegaban a nosotros no eran los que Varick esperaba y a final del año, los ingresos del despacho no lograron cubrir la inversión que habíamos hecho y eso comenzó a frustrar a Varick y con ello comenzamos a ver nuestras diferencias. Ya no nos llevamos bien. Varick era un hombre competitivo que siempre se las arreglaba para causar problemas y al poco tiempo, él comenzó a olvidar que era su amigo y comenzó a verme como una amenaza, así que, su plan sería sacarme de la jugada. No lo logró. Desde aquella, ambos decidimos tomar rumbos separados, jamás lo volví a ver, hasta hoy y cabe decir que su presencia no me agradaba en lo absoluto. —Cariño, te estaba buscando —él colocó su mano alrededor de la cintura de Francescca de manera posesiva, gesto que no me pasó desapercibido. «Tan inseguro como siempre» —Quería una bebida —respondió ella. —No creí que te vería de nuevo. ¿Cómo has estado Bauer? —Me atreví a decir. —Lo mismo digo Malek —su voz era forzada y su sonrisa fingida, típico de Varick —. Escuché que trabajas en el mismo bufete que mi prometida. —Así es —miré de reojo a Francescca quien parecía incómoda en medio de esta conversación. Sus hombros estaban rígidos, era evidente que el ambiente entre ambos no era para nada armonioso, desde que Varick apareció no quitó los ojos de mí, ignorando completamente la presencia de Francescca. —Franny ¿puedes venir un segundo? —Clarisse apareció justo a tiempo para llevarse a Francescca. —Claro —respondió ella sin antes lanzarnos una última mirada a ambos. —Tú... —Me quedé sin palabras, no me sentía cómodo refiriéndome a Francescca como algo de este idiota —Francescca es muy buena abogada tiene potencial para ser una excelente abogada penalista. —¿En serio? —No pasó desapercibido su sarcasmo —. Es extraño porque ella me dijo que había renunciado porque menospreciadas su trabajo, no has cambiado en nada ¿eh? Siempre queriendo pasar sobre los demás. Mi mandíbula se tensó y mis puños se aferraron a la botella tratando de contenerme. —¿Y qué hay de ti? —Llevé la botella a mi boca y le di un largo trago —. ¿Sigues de lame huevos para mantener tu trabajo? Mi comentario tuvo la reacción que esperaba, la mandíbula de Varick se tensó, estaba furioso y en cualquier momento sabía que me golpearía y yo estaría listo para enfrentarlo. —Da igual, tengo que agradecerte de todos modos. —¿A mí? Que yo recuerde no hecho nada por ti —bebí otro trago de mi cerveza. —Inconscientemente lo hiciste —Varick sonrió con malicia —. Hiciste que Francescca se decepcionará del derecho penal. —Supongo que es porque te preocupas por ella y no deseas que nada le pase —eso solo era una hipótesis, ya que, Varick era incapaz de preocuparse por alguien que no fuera él mismo. —Francescca tiene determinación y cuando algo se le mete en la cabeza no desiste hasta lograrlo —asentí, en eso estaba de acuerdo —. Pero gracias a tu carácter de mierda, ella se dio cuenta que esta profesión no es para ella. Me limité a permanecer en silencio, solo quería saber a donde quería llegar con toda esa mierda de la que hablaba. —Ya sabes como son las mujeres, no saben lo que quieren. No sé porque se empeñan a ejercer una profesión que solo es para hombres, si saben que jamás podrán lograr lo que nosotros —guardé silencio, Varick Bauer siempre fue un machista de lo peor —. Ellas deberían permanecer en su casa atendiendo a su marido y a sus hijos. ¿En qué siglo cree que estábamos? —No sabía que dudaras de las capacidades de tu mujer —un amargo sabor se instaló en mi boca al decir esa palabra. Francescca se merecía a alguien mejor que esta basura. —Seamos sinceros, tú y yo sabemos que ella no es capaz —él llevó la mitad de un limón a su boca —lo único para lo que Francescca es buena es para gemir en mi cama. No lo soporté más ¿quién se creía este imbécil? Sabía que causaría problemas, pero no dudé cuando lo golpeé. [...] Francescca > No me percaté en el momento en que Varick se acercó a nosotros, estaba tan concentrada en mi conversación con Malek que no me di cuenta cuando pasó todo esto. La tensión entre ambos era asfixiante, era como si quisieran matarse el uno al otro, no sabía que se llevaran tan mal. —Franny ¿podrías venir un momento? —Gracias a Dios mi amiga llegó justo a tiempo para sacarme de ahí —. Claro. Clary me llevó al interior de la casa, la cocina para ser exactos, en este lugar nadie podría interrumpirnos, ya que, estaba segura de que me esperaba un largo interrogatorio. —Bien, ¿me puedes decir que mierda pasa con esos dos? —Comencé a juguetear con los dedos de mis manos, ni yo sabía que sucedía entre ellos. —No sé de hablas. —Franny, tu prometido y Malek casi se mataban con la mirada —buen punto, Clary levantó la cortina y pudimos ver como ambos permanecían hablando —. ¿Será por ti? —Casi me atraganto con la saliva. —Clary, en verdad que no tengo idea de donde sacas tantos disparates. —Por favor, tu prometido te tomó de la cintura de manera posesiva. Era obvio que estaba celoso —en eso Clary tenía razón, Varick siempre había sido algo inseguro en cuanto a sus relaciones, no entendía como un hombre tan guapo pudiera tener ese tipo de problemas. —Ellos tuvieron problemas desde antes, yo no tengo nada que ver en esto —aclaré, Clary hizo un mohín. —Es una lastima, ¿te imaginas? Tener a dos hombres tan calientes peleando por ti —ella suspiró —. Quema con tan solo verlos. —¿Y qué pasa con David? —Clary se encogió de hombros. —Que esté a dieta no significa que no pueda mirar el postre —respondió con naturalidad. —Estás loca —dije entre risas. —Lo sé. No podía creer que alguien como Clary pudiera adoptar un semblante serio cuando se encontraba en un juicio. Era casi imposible de creer. —¿En dónde demonios se habían metido? —La puerta de la cocina se abrió dejando entrar a una muy asustada Candace. —¿Qué sucede? —Se apresuró a preguntar Clary. —Deben venir rápido, tenemos un problema —su rostro estaba pálido y asustado hasta que los murmullos de los invitados me alertaron. —¿Qué problema? —Pregunté, tenía un mal presentimiento sobre esto. —Malek y Varick están peleando.
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