Francescca
Los murmullos eran incomprensibles y la multitud no me permitía acercarme, así que, me abrí paso empujando a quien se encontrara en mi camino, necesitaba llegar junto a esos dos. Sabía que había sido mala idea dejarlos solos. No podía creer lo que veía, Malek se encontraba sobre Varick golpeando una y otra vez su rostro, la camisa color beige de Malek estaba manchada de tierra y de la sangre de Varick.
¿Por qué nadie los detenía?
—¡Basta! ¡Deténganse los dos! —Chillé horrorizada, pero ninguno parecía escucharme.
Di un paso al frente para detenerlos, pero Clary me detuvo.
—¿Estás loca? Podrían lastimarte si te acercas —mordí mi labio inferior con fuerza, tenía que separarlos.
—¡Ya basta! —Pero para mi sorpresa mis plegarias fueron escuchadas, Marco había separado a Malek de Varick.
Malek era sostenido de los hombros por Joseph y Marco mientras Chad ayudaba a Varick a ponerse de pie.
—¡Eres un puto salvaje Eljal! —Espetó Varick molesto —. Sigues siendo el mismo energúmeno de siempre.
—¡Cierra la maldita boca sino quieres que te la rompa otra vez!
—¡Ya basta, Malek! —Marco llevó a Malek lejos del lugar mientras que los invitados no dejaban de murmurar entre ellos.
—Sigan con la fiesta —pidió Clary mientras encendía la música provocando que las personas comenzaran a bailar.
Llevaron a Varick adentro de la casa para que pudiera curar ese labio partido, parece que Malek le acaba de dar la paliza de su vida.
—Ponte esto —le entregué un poco de carne congelada.
—¿Es en serio?
—No tienes derecho de quejarte —espeté molesta —. ¿Se puede saber en qué diablos estabas pensando?
—Fue el imbécil de Malek, él muy idiota me atacó de la nada —lo miré con el ceño fruncido.
—Nadie golpea sin una razón —Varick dejó a un lado la carne congelada y me tomó de las manos para sentarme en su regazo.
—Ese idiota dijo que no eras buena abogada y que no llagarías a nada —no pude disimular mi sorpresa ¿de verdad Malek fue capaz de decir algo tan cruel? Después de aquella conversación que tuvimos hace un momento, creí que nuestros malos entendidos habían sido resueltos, pero veo que no fue así —. Dijo que las mujeres solo servían para gemir en la cama, no lo soporté y lo golpeé —su confesión me cayó como balde de agua fría, no creí que Malek me creyera tan insignificante —. Cariño debes dejar de trabajar con él, ven a mi despacho.
Apreté los dientes tratando de contener mi enojo, estaba harta que machistas como Malek Eljal denigraran el trabajo de una mujer.
—¡No! No voy a darle gusto a ese imbécil de verme caer. Le demostraré de lo que soy capaz.
—No hay duda de que mi chica es la mejor —miré conmovida a mi prometido, sus ojos cafés no se apartaron de los míos, él se había metido en una pelea por mí.
Delineé con mi dedo su labio inferior hasta que me detuve justo en su herida, él hizo una mueca al sentir mi caricia y con cuidado deposité un casto beso para después besarlo en los labios con más intensidad.
—Te amo Varick.
[...]
Malek
Ajusté el nudo de mi corbata antes de entrar al bufete, en cuanto las puertas del ascensor se abrieron me gané las miradas de todos los que trabajaban en el edificio, parece que el pequeño incidente de ayer ya era noticia, le resté importancia y seguí con mi camino.
No podía llegar tarde a la reunión de esta mañana.
—Malek ¿deseas revisar tu agenda de hoy? —Preguntó Lexa, nuestra asistente.
—Cancela todas mis citas de hoy —pedí —. Tengo algo importante que hacer.
—Sí, señor.
Abrí la puerta de la sala de juntas y para mi sorpresa, Francescca se encontraba ahí como si me estuviese esperando. Sus ojos me miraban furiosos como si quisiera arrancarme la cabeza en ese momento, seguramente estaba molesta porque golpeé a su noviecito, pero no me arrepiento en absoluto.
Decidí ignorar su mirada y tomé mi lugar.
«¿Cómo era posible que ella saliera con una basura como él?»
Después de la pelea Marco me sacó del lugar, no sin antes reprocharme mi mal comportamiento y a pesar de su insistencia no le conté lo sucedido. Y por si fuera poco descubrí a Francescca muy acaramelada con el idiota de Varick justo después de la pelea.
Si tan solo supiera la verdad.
—Buenos días, demos inicio a la junta —ordenó Ann para después dar inicio a los casos.
[...]
Todos se retiraron a trabajar justo después de la reunión, todos menos yo, esperé a que todos se fueran para poder hablar a solas con Francescca, ella se apresuró a guardar sus documentos en su portafolio para después salir sin ni siquiera mirarme. Antes de que saliera la tomé del codo y la introduje nuevamente a la sala de reuniones, cerré la puerta con seguro para que ella no pudiera escapar.
—¿Qué? —Su voz sonaba irritada.
—Escúchame, tenemos que hablar —sabía que me veía patético rogándole a una novata, pero, maldición, no quería ella tuviera una mala impresión de mí.
—¿Quires hablar? Bien, tal vez quieras iniciar explicando porque golpeaste a Varick —me tensé al mismo tiempo que me aferré al agarre de su brazo.
—¿Por qué sales con él? —Solté —- No entiendo porque una mujer con un futuro tan brillante sale con una basura como Varick.
—¿Crees que tengo un futuro brillante? —Asentí, pero lo único que obtuve fue una fuerte bofetada en mi mejilla.
¿Pero qué mierda?
—Me parece muy hipócrita de tu parte que me digas eso —su mirada irradiaba furia era como si me odiara —Varick me dijo porque se pelearon, él solo me defendió de tus insultos.
Me quedé desconcertado.
—¿Así qué crees que las mujeres solo sirven para gemir en la cama? Bien, te voy a demostrar que no es así y será una mujer quien te ponga en tu lugar —y sin decir más salió de la sala.
Maldito hijo de perra, el había utilizado sus mentiras y engaños como era costumbre para obtener lo que quiere y esta vez logró que Francescca me odiara.
No podía creerlo.
—Parece que las cosas no salieron para nada bien.
Ann entró a la sala de reuniones, al parecer estaba tan ocupado intentando de aclarar las cosas con Francescca que no percaté que ella había escuchado toda nuestra conversación. Llevé mi mano al puente de mi nariz para tratar de relajarme.
—No sé que hacer Ann, parece que ella me odia —ella posó su mano sobre mi hombro y me sonrió con dulzura.
—¿Qué hiciste ahora Malek?
—Perdí los estribos cuando un imbécil la insultó, así que, lo golpeé —relaté lo sucedido en la casa de Clarisse —. El imbécil es su prometido.
—Si él piensa eso no es digno de ella.
—Pero ella no lo sabe.
—Pues demuéstrale que está equivocada —sugirió —. Ábrele los ojos a esa muchacha.
—¿Cómo? Tenía la esperanza de que ella trabajara conmigo de nuevo, pero ahora dudo que acepte —Ann soltó una ligera risa —¿Qué es tan gracioso?
—Es la primera vez que te veo así por una chica —se mofó.
—No digas tonterías, sabes que me importa lo que piensen de mi reputación.
—Y más ella ¿verdad? —Sentí mi cuerpo estremecerse —. Ya era hora, así que, de nada sirve negarlo.
Ann tomó sus cosas, una mujer tan importante como ella no podía tener tanto tiempo libre.
—Y sobre trabajar con esa chica, tú déjamelo a mí.