Capítulo 32

1393 Palabras

El Desembarco en la Isla de los Vientos Mykonos no era un refugio; era un escenario. Aarón y Vale llegaron al puerto viejo en un ferry atestado de turistas, camuflados entre mochileros y parejas en luna de miel. El sol griego, implacable y purificador, golpeaba las paredes blancas de Chora, creando un resplandor que obligaba a mantener los ojos entrecerrados. Para El Cuervo, este era el destino lógico. Mykonos representaba el exceso, el anonimato del dinero internacional y, sobre todo, el lugar desde donde se había emitido la señal del VPN de la obra digital. —Recuerda la Regla Seis (El Silencio)—, susurró Aarón mientras caminaban por los laberínticos callejones empedrados. —Aquí no somos nadie. Somos fantasmas disfrutando de un cóctel antes del fin del mundo. Se instalaron en una vill

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