El estruendo de los neumáticos sobre la grava fue el heraldo del caos. Aarón no esperó a que golpearan la puerta. Siguiendo el Protocolo de Fuego, lanzó a Vale hacia el pasillo reforzado que conectaba la sala con el área de servicio. —¡Búnker interno, ahora!— rugió Aarón, mientras desenfundaba la pistola silenciada que había recuperado del compartimento de seguridad. —¡Dijimos que lucharíamos juntos!— replicó Vale, su adrenalina quemándole las venas mientras sostenía su cámara como si fuera un escudo, aunque en su otra mano apretaba el pequeño taser que se había convertido en su sombra. —¡La Regla Nueve sigue vigente, pero no puedes disparar lo que no ves!— Aarón se apostó tras la columna de mármol de la entrada. —¡Entra al búnker, activa el borrado remoto de la laptop y espera mi señal

