—¡Me va a dar algo si no despierta de una puñetera vez! Maldecía Richy a su manera por enésima vez, mientras me miraba chequear el estado de Olympia de manera autómata. —Quizá debí llevarla directamente al hospital —pensé en voz alta compartiendo su preocupación e imitando la posición del fiel amigo, admirándola de cerca. —No, hiciste bien —contestó para mi sorpresa —, a ella le enfadaría el doble despertarse en un hospital, incluso más, que haber sido víctima de un puto misógino. Aquella respuesta no me extrañó en absoluto, estaba seguro de que no le faltaba razón, casi podía escucharla maldecir a los cuatro vientos. Pero no lo hacía... —Mi bella flor, por favor, despierta... —murmuré en un susurro, tomándola de la mano y ansiando algo parecido a una respuesta. —Su respiraci

