Olivia (1): el primer paso

2453 Palabras
Era pleno día, estaba soleado y Olivia corría con todas sus fuerzas por las calles abandonadas de lo que alguna vez fue la gran ciudad de Nueva York, todas las calles estaban abandonadas, destrozadas o llenas de zombies, no se veía una sola alma. Atravesaba una calle principal, era grande y ancha pero el camino por donde podía pasar era angosto por la gran cantidad de autos abandonados, supuestamente alguna vez aquellas calles y avenidas habían estado llenas de cientos de personas y aquellos cientos de carros abandonados transitaban por las calles, con cientos de personas conduciéndolos, personas que se dirigían a sus trabajos o regresaban a sus casas a disfrutar con su familia o sus amigos a vivir pacificas vidas, un mundo totalmente distintos, donde cualquiera podía comprar comida en cualquier lado y nadie se preocupaba de ser comidos. Olivia pensaba que era difícil de imaginar, después de todo, habían pasado mas de sesenta años desde aquello y ella solo tenia veintiún años y nunca había conocido un mundo que no fuera el suyo, las calles que ella conocía eran de concretos cubiertas por completos por raíces, arboles, tierra y plantas, sus calles eran verdes y sucias y los carros eran refugios de animales pequeños y nunca te encontrabas con una persona que no quisiera atacarte, romperte la cabeza, comerte incluso violarte, su mundo no era muy ameno, pero era el único mundo que Olivia conocía. Paso media hora desde que los zombies habían percibido a Olivia después de que había salido a cazar un ciervo, llevaba una hora siguiendo al condenado animal, lo seguía de lejos, escondida entre los autos o la alta hierba, cuando al fin había conseguido tener un tiro certero con su arco pero entonces tropezó con unas enredaderas y cayo al suelo mientras que su arco daba un golpe en el carro desde donde se ocultaba, haciendo un estruendoso sonido que causo eco en la silenciosa ciudad, el sonido espanto al ciervo pero había hecho que un grupo de zombies la encontraran, los muertos salieron desde un callejón sin salida y la tomaron por sorpresa cuando se levanto del suelo y vio como uno de «ellos» trataba de atraparla, estuvo apunto de lograrlo pero Olivia había actuado rápido y antes de que la atrapara, saco su bate de baseball y golpeo al condenado con el, haciendo que cayera al suelo y dándole oportunidad de escapar. Olivia estaba enojada por haber sido tan torpe e incluso casi grita de enojo, aunque claro, se lo guardo para ella misma, después de todo, no quería que mas muertos la persiguieran. Media hora llevaba Olivia corriendo sin parar, había escapado por la gran calle principal donde se encontraba, sabia bien cual era el camino que debía seguir, aunque tuvo que correr por 10 minutos mas de lo que esperaba (el ciervo la había hecho alejarse mas de lo que debería), sabia cual era el cruce que debía tomar, la calle era larga y casi interminable pero confluía con varias otras calles mas pequeñas, cruzo en una de ellas en la que había un edificio con un grafiti de un gran ojo que alguien había hecho, continuo corriendo por la calle hasta el final donde varios autos destrozados cortaban el paso y luego cruzo a la derecha en otro callejón que daba a otra calle paralela. Olivia miraba para atrás cada cierto tiempo para ver si la seguían... y vaya que lo hacían, para mala suerte de Olivia, aquellos zombies eran de los que podían correr mas rápido que los otros y no solo eso, también eran mucho mas insistentes al momento de cazar a sus presas, algunos los llamaban «Perseguidores», porque siempre lograban atrapar a sus presas y nunca se rendían, por suerte Olivia era rápida. Recordó una historia de como una corredora olímpica había pasado mas de 8 horas huyendo de un grupo de Perseguidores que al fin habían logrado atrapar a la corredora después de que la mujer había caído del cansancio. Recordar eso no ayudaba a su estado de animo ni su situacion. Corrió y corrió, mas de una vez estuvieron a punto de atraparla, Olivia estaba muy cansada, sus piernas le dolían y tenia todo el cuerpo sudado, estuvo a punto de pararse y enfrentarse a los perseguidores, pero eso podría ser peligroso, eran mas de ocho, tal vez fuera capaz de derribar a cuatro o cinco, pero los otros se tirarían encima de ella y la matarían. Tuvo que meterse por otros varios callejones y casi estuvo a punto de rendirse cuando al fin logro llegar a su destino, al final de la calle cruzo por un callejón mas o menos grande al lado de un edificio rojo abandonado que tenia en el techo un letrero de un niño cepillándose los dientes y con una sonrisa inmensa, le llamaban el «Sonriente Salvador», porque cuando lograbas verlo, sabias que estabas cerca de casa. Olivia había llegado al fin al callejón, era un callejón sin salida y ella lo sabia. cuando al fin llego al final, se volteo de golpe, agarro el bate con las dos manos y espero a que las bestias llegaran. Cuando al fin entraron en el callejón, Olivia golpeo un bote de basura que tenia cerca con el bate, haciendo todo el ruido posible, sabia que eso podría atraer mas zombies pero también podría atraer otras cosas. Los perseguidores se descontrolaron, sabia que el sonido los volvía locos y cuando trataron de abalanzarse sobre ella, unos sonidos de disparos llenaron el callejon y seis de los perseguidores cayeron re-muertos, uno cayo sin re-morir y el octavo se abalanzo sobre ella, que soltó una maldición e interpuso el bate entre ellos, ambos cayeron al piso, con el perseguidor encima de ella. Olivia logro poner el bate en el cuello del perseguidor, el cual trataba de agarrarla y darle mordidas, el perseguidor era grotesco como eran todos los de su tipo, todos tenían menos piel que otros zombies y normalmente tenían partes completas del cuerpo donde solo tenían hueso sin músculos o piel, siempre iban en grupo, como una pequeña manada de animales. También eran mucho mas incontrolables que otros muertos, parecían animales rabiosos y siempre se descontrolaban al escuchar algo, por suerte al parecer tenían peor sentido de audición que los otros. Le dio una patada al perseguidor el cual cayo hacia atrás y Olivia se paro rápidamente, se tiro encima del perseguidor y con todas sus fuerzas golpeo su cabeza con el bate, se la destrozo con un solo golpe y la carne, sesos y sangre voló por todos lados. Olivia entonces se paro y fue hacia el perseguidor restante, se estaba arrastrando hacia a ella y a este también le destrozo la cabeza de un golpe. —¿Parece que diste una buena carrera, no?- —La pregunta venia del edificio del letrero, desde una ventana que daba al callejón, Olivia alzo la cabeza y vio a su salvador... o al menos al idiota de Tristan. —Cállate y ábreme la puerta idiota —respondió Olivia. ¿Vaya, esa es forma de hablarle a tu salvador?- pregunto con una sonrisa burlona—. Que maleducada. —¿Salvador? —pregunto alguien mas, la voz era de mujer y venia de otra ventana—, mas bien gatillo fácil, disparaste mas de ocho veces, solo le diste a dos y ni siquiera los re-mataste. —La mujer era Alana. Tristan y Alana bajaron y le abrieron la puerta trasera del Sonriente Salvador que daba al callejón, aquella era la única forma de entrar al refugio de los «Conejos Salvajes». Tristan era un hombre de aproximadamente veinticuatro años, era moreno y alto, un poco mas que Olivia, tal vez unos 1.90 o 1.85 metros de altura, su pelo era castaño claro y tenia forma de rulos, era robusto, de hombros anchos y brazos un poco musculados, no era la persona mas lista y tampoco el mejor tirador, pero al menos era buen explorador y era bueno peleando con cuchillos y armas cuerpo a cuerpo. Por otro lado, Alana era casi una mole, una mujer alta, tal vez mas de dos metros, con pelo grisáceo, casi blanco, Olivia sabia que tenia buen cuerpo, llevaba años entrenando y ejercitándose, pero al lado de Alana, no tenia comparación, aquella mujer era increíblemente musculosa, no tanto como parecer grotesco, pero si lo suficiente como para que cualquier hombre o mujer se lo pensara dos veces antes de meterse con ella, tenia hombros anchos y una cara cuadrada, tenia unos veintiséis años. Alana era una de las mejores tiradoras de los conejos, nadie podía disparar a tantos blancos con tanta presionen como ella, era ella quien había realmente salvado a Olivia, lo sabia. Ambos iban vestidos con sus uniformes de camuflaje gris con el bordado en el pecho de los Conejos Salvajes, mientras que Olivia iba con unas ropas simples, una camisa y un pantalón n***o con unas zapatillas de correr, cuando sales a cazar, nunca debes ir con tu uniforme, eso podría causar que visitantes no deseados supieran su localización. —¿No crees que te tardaste un poco?, se suponía que debías volver hace casi media hora, estábamos preocupados. —dijo Alana. —Habla por ti, ya sabia yo que Olivia se perdería, su sentido de localización es tan bueno como una brújula rota. —dijo Tristan mientras reía. Aquellos dos no podían ser mas distintos, Tristan nunca se tomaba nada enserio y Alana era tan seria todo el tiempo, que llegaba a resultar complicado discutir con ella. —No me perdí —dijo Olivia enojada—, como veras, tuve un inconveniente cuando trataba de cazar. Olivia se sentía frustrada, aquel ciervo iba a ser algo bueno para el refugio, últimamente los animales salvajes de las cercanías habían estado desapareciendo, probablemente mudándose a otras zonas, y la comida en el refugio comenzaba a escaquear, cada vez menos cazadores eran capaces de salir sin ser atacados por un zombie. Entraron al edificio, aquel había sido probablemente un edificio de residencias, se dirigieron a la puerta escondida debajo de la escalera principal que daba al segundo piso, ademas de la puerta trasera del callejón, todas las demás puertas estaban bloqueadas y la única otra salida era por la entrada de debajo de la escalera, que esta escondida por un pedazo de madera. En el edificio siempre habían un grupo de Conejos vigilando las cercanías y la entrada, asegurándose que nadie se acercaba mas de lo que debería. Pasaron por un pasillo angosto que daba a una puerta en la parte trasera del edificio. Cuan salieron, se encontraron frente al refugio de los Conejos Salvajes, lo que había sido alguna vez una gran parque llamado «Central Park», ahora era el único lugar seguro para Olivia y muchos otros. El refugio era bastante extenso, aproximadamente mas de la mitad del parque, antes en aquel lugar había habido cientos y cientos de arboles, pero ahora no había ni uno en las proximidades, todos fueron talados hacia ya muchos años cuando crearon el refugio y utilizados para crear altos muros de madera, piedra, concreto, metal y casi todo material que habían sido capaces de encontrar. Los muros eran de aproximadamente unos 20 metros y en cada par de metros podías encontrar algún vigía montando guardia. Los Conejos Salvajes había sido un grupo paramilitar que se encargaba de proteger a todas las personas de Nueva York, un grupo de bravos soldados y grandes personas... Que ahora quedaba reducido a un refugio para unas miles de personas indefensas. En el refugio vivían aproximadamente unas tres mil personas, de las cuales unas ochocientas eran soldados activos de los Conejos Salvajes, los demás, civiles normales, granjeros, cocineros, alfareros, comerciantes y mucho mas, en el refugio había una gran variedad de personas, alguna vez los Conejos Salvajes habían llegado a ser casi seis mil personas e incluso alguna vez mas de diez mil... Pero eso había sido hace mas de cincuenta años, los Conejos perdieron muchos soldados con los años desde el Fin del mundo moderno y sobre todo desde aquel horrible día... aquel día lluvioso hace cinco años, cuando al hombre al que llaman Frank había traicionado a los Conejos y había matado a cientos de soldados e inocentes el mismo, solo con unas cuantas armas de fuego y sus propias manos... El día en que su padre había muerto, ese era un momento que Olivia recordaba muy bien, no había un día en el que no lo recordara. Desde aquel suceso muchas personas habían muertos, tal vez Frank solo había matado a unos quinientos soldados, pero aquello había dejado indefenso al refugio, que fue atacado varias veces por otros grupos que buscaban saquear y robar todo lo que pudieran, como a «Los lobos» o a los «Indígenas Saltarines», grupos de bandidos que se dedican a atacar a cualquier persona que se encuentren y aquellos no eran los únicos grupos peligrosos. Muchos otros habían decidido huir por miedo a que Frank volviera a terminar su trabajo, muchos le tenían miedo e incluso algunos lo llamaban «El lisiado del diablo», hasta las madres contaban historias de terror a sus hijos sobre el monstruo llamado Frank... Pero ella sabia que no era un monstruo, Frank era un humano, igual que ella y todos los demás, no le tenia miedo, porque los humanos podían morir fácilmente. Olivia llevaba muchos años esperando para poder realizar su venganza, su dulce, dulce venganza contra aquel que había arruinado su vida, cuando ocurrió aquel horrible día, muchos decidieron salir a buscar en busca de Frank para poder vengarse, varios grupos de soldados salieron en su búsqueda, que gracias a que Olivia había visto en que dirección se dirigieron, podían saber mas o menos donde se encontraban, muchos salieron... Pero ninguno había regresado, solo una vez había regresado uno de los soldados, un chico llamado Jhony cuyo padre también fue asesinado por Frank. Al pobre lo encontraron convertido en zombie cerca del refugio. Aun así, Olivia no le tenia miedo, ella no le tenia miedo a la muerte. —Hey, Olivia, el «Comandante» quiere verte, dice que es urgente. —Les aviso uno de los soldados que vigilaban la entrada. —¿Que querrá el viejo contigo? —pregunto Tristan. —Tal vez tiene alguna misión especial para Olivia—dijo Alana con entusiasmo. —O probablemente va a regañarme otra vez, como siempre hace. —dijo Olivia. —¿El viejo es muy duro contigo, no? —pregunto Tristan divertido. —Como debe de ser, el Comandante Moises es el abuelo de Olivia y tiene el deber de entrenarla para convertirse en la próxima Comandante de los Conejos Salvajes —dijo Alana, con una voz de orgullo. En algo no se equivocaba Alana, el comandante era su querido abuelo, pero Alivia pensaba que la parte de ser el próximo Comandante tal vez no fuera tan cierta. —Deseen me suerte, la necesitare. —Se despidió Olivia y se dirigió al cuartel de su abuelo. Aquel día su abuelo tenia muchas cosas de que hablar, al igual que Olivia tenia mucho que decir.
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