Frank (1): Recuerdos

4323 Palabras
Todo estaba oscuro, la «nada» cubría el mundo entero, todo era oscuridad pura y vacío extremo... Hasta que llegaron... Sombras con figuras ya olvidadas... Fantasmas de una vida que no es propia y al mismo tiempo conocida, susurros desde un pasado antiguo... Y los gritos, oh, los horribles gritos.... Aúllan sin cesar, lloran y maldicen, gritan y sufren eternamente... Y entonces el vacío comienza a llenarse de formas y alaridos extraños mientras una sensación de soledad y sufrimiento lo inundaban... Las sombras tomaban forma junto a los susurros y los gritos y recuerdos de una vida extraña regresan para ser escuchados por una última vez... «Nunca olvides que te amamos —La figura de una mujer le susurraba con cariño y tristeza— No podremos protegerte por siempre, pero.... Tienes que sobrevivir no importa que». La sombra y el susurro cambian, moldeándose en un nuevo recuerdo. «No sufras por lo que debas hacer —La sombra de un hombre con una voz firme y decidida—, se que tendrás un buen juicio en lo que debas decidir». Sombras de recuerdos extraños y cálidos lo inundaban, pero muy a lo lejos, alguien le susurraba, el susurro parecía venir desde muy lejos pero al mismo tiempo resonaba en todo el mundo.... —Dolor —repetía el susurro. El mundo cambiaba en sombras y las sombras formaban el mundo, pero entonces el sentimiento de calidez acabo.... y todo lo que vino fue sufrimiento, dolor desde lo más profundo del alma. «Recuerdalo siempre —Una sombra con la forma de una mujer anciana de voz dura y quejumbrosa—, siempre apunta el cañón del arma hacia el enemigo, nunca hacia ti mismo, incluso si el arma está descargada, no quieres volarte la cabeza por accidente... Y también recuerda las armas semi automáticas, siempre recarga....» La voz se perdía en el abismo y el recuerdo causaba dolor y nostalgia y luego llegaron otra voces, pero estas eran puramente sufrimiento y dolor. «Po... por favor, no me hagas daño...». La sombra de una mujer arrodillado y llorando. «No quiero... Irme... Por favor... Ayudame...». Un viejo yacía en el suelo encima de un charco de sangre. «Vete... ¡Vayanse!, ¡No mueran!». Una mujer les gritaba mientras corría hacia el infinito vacio y se perdia. «¿Por que... Po...por que lo hiciste?». Un niño sentado en el suelo con la cabeza mirando hacia la nada y susurrando palabras sin significado. «¡N... No le hagas daño!». Un hombre abrazaba a una mujer en sus brazos y lloraba su nombre. Ya no existía calidez, ni soledad o nostalgia... Las sombras abandonaban el mundo y todo se convertía en gritos y alaridos... Los recuerdos llegaban superpuestos uno encima de otros y su significado se perdía en el vasto vacio... Una iglesia, un edificio abandonado, una casa de campo antigua, un refugio de personas, unas calles abandonadas y una... Una noche oscura y lluviosa... Un recuerdo que debía ser olvidado pero que se negaba a ser abandonado... Y finalmente el susurro lejano se convirtió en un grito... Un grito incesante que repetía una y otra vez lo mismo. —¡Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor...! El grito que era un susurro continuaba sin parar y se combinaba con todos los gritos del pasado.... Llanto, dolor, alaridos, gritos, risas horribles y sufrimiento... Todo el mundo se llenaba de sufrimiento y sensaciones horribles... Impotencia, dolor, tristeza, odio, enojo, desesperación, desprecio y dolor otra vez... —¡Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor...! Repentinamente el mundo ya no existía y todo era sufrimiento.... Eterno sufrimiento... —¡Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolo...! Todo se desvaneció y sólo el grito perduraba... —¡Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor...! No existía nada, sólo dolor... —¡Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor...! Y entonces Frank se dio cuenta de donde provenía el grito... El grito provenía de su propia boca... —¡Ahh! —Y el mundo tomó forma y ahora Frank se encontraba en un lugar extraño. Frank se incorporó rápidamente, tenía su pistola en mano y comenzó a pasar la mirada por toda la estancia, un lugar extraño y oscuro, Franklin observo en todas direcciones, no sabía donde se encontraba, debía tener cuidado, tal vez al fin lo habían encontrado y secuestrado, tal vez había llegado su momento de pagar por sus decisiones... Franklin estaba miraba en toda direcciones, el lugar era angosto, muy pequeño, un espacio donde solo habían unas pocas personas sentadas unas al lado de otras y donde a penas había margen de los movimiento... De repente en frente suyo vio un asiento, en el asiento había una persona, al parecer estaba dormido.... Y entonces Frank se dio cuenta de quien era... Esa persona era Jon... Y el lugar era el carro militar en el que viajaban... Frank recuperó sus sentidos y recordó donde estaba, no estaba secuestrado, ni lo habían puesto a dormir... Estaba durmiendo en la parte trasera del carro. Frank suspiro, tenía todo el cuerpo sudado y tembloroso. El brazo destrozado le dolía y la cuenca del ojo izquierdo le ardía intensamente... Todo había sido un sueño, por un momento el impacto había sido tan fuerte que había olvidado donde estaba. «Eso estuvo cerca —pensó Frank con inquietud- sólo un sueño...». Frank se sentía débil, su cuerpo estaba casi inmóvil, tieso y respiraba forzosamente. Frank logró recuperarse al fin, eso había sido peligroso, si no se hubiera dado cuenta a tiempo, hubiera metido una bala en la cabeza de Jon.... Y eso sería otra razón para tener más pesadillas... Hacia mucho tiempo desde que tenia pesadillas casi todas las noches y había pasado mucho tiempo desde que Frank dejo de buscarles significado a sus sueños, sabia perfectamente porque tenia esas pesadillas... Frank observo el carro, estaba en la parte trasera donde dormía encima de un largo pedazo de seda y usaba varias mudas de ropa como almohadas, Jon descansaba en el asiento del copiloto, como siempre, tenía el sueño pesado y los gritos de Frank no lo habían despertado.... Aunque no estaba seguro si en verdad había gritado. Amanda no estaba por ningún lado. Aquella noche habían decidido que fuera ella quien conduciría, ella misma se había ofrecido en vista de lo cansado que estaban John y el, pero por alguna razón, el carro estaba detenido. Frank pensó en su ojo, o al menos lo que quedaba de el, la cuenca le palpitaba, sentía como la sangre recorría por el lado izquierdo de su cara y sentía un dolor molesto en donde antes había tenido su ojo... Recordaba muy bien cuando lo había perdido, cada vez que recordaba ese día, a Frank le dolía la herida. Frank decidió salir del carro, era una camioneta militar que habían encontrado en una antigua base militar al norte, cerca de las tierras de los «Hijos de Dios» y del territorio de los «Mártires». En un principio habían pensado que estaba dañado, pero cuando Jon hubo revisado el carro, casi grito de alegría por lo que encontró. —¡Esto es increíble! —dijo emocionado Jon—. Pocas veces había visto un auto abandonado en tan buen estado, ¡Debe de llevar aquí más de cuarenta años!. Jon siempre se emocionaba por ese tipo de cosas, le encantaba la mecánica y todo lo que tuviera que ver con reparar, desde carros hasta artefactos anteriores a a «La Caída». En aquel momento se encontraban en medio de la «Carretera del norte», un camino de concreto de varios kilómetros de distancia cuyo nombre hace tiempo que no es utilizado. Solo algunos seguían usando los nombres de las antiguas ciudades y caminos, mayormente lo ancianos, que preferían recordar un mundo donde las cosas eran mejores, pero cada día esas personas desaparecían, ya no quedaban muchas personas que hubieran vivido en el mundo antiguo, Frank apenas tenía veinticuatro años y nunca había conocido otro mundo.... Aquel horripilante y asqueroso mundo era suyo y no conocía nada mejor. Era de noche, probablemente las cinco o seis de la mañana, habían salido de «Nuevo Camino» hacia unas diez horas aproximadamente, poco antes de que se pusiera el sólo y habían pasado toda la noche en viaje, hasta ese momento. La noche era oscura y tranquila, no se escuchaba nada que no fuera el ligero silbido del viento y no se veían Muertos en kilómetros, en el cielo estaba nublado y las nubes viajaban rápido mostrando y ocultando la luna que iluminaba con tenues haces de luz la vasta noche. El viento era fresco y Frank decidió estirar un poco su cuerpo, las piernas, su cabeza, la cadera y su brazo izquierdo, siempre era bueno realizar ejercicios de estiramiento antes de hacer cualquier actividad, nunca sabes cuando debes de huir de una horda de zombies, de la «Colmena» o de una caravana de «Matazangres». Por último estiró con esfuerzo su brazo derecho, en días como aquel era cuando más dolor e incomodidad le causaba el brazo... Su triste y penoso brazo derecho. A veces aún sentía el dolor que había sentido el día que la granada le destrozó el brazo derecho, el dolor había sido horrible, como si le clavaron cientos de clavos en el brazo y les dieran vueltas varias veces, el dolor fue insufrible y desesperante. Su brazo que antes había sido del mismo color de su cuerpo (n***o), ahora era una amalgama de color rosa con manchas negras y quemaduras que cubrían todo el brazo y lo hacían ver grotesco. Aquel golpe había sido devastador, había perdido la movilidad de básicamente todo su brazo, parte de su hombro y la parte derecha de su tórax, casi como de milagro su brazo no se había caído, además de que logro mantener cierta movilidad en los dedos y parte del hombro... Pero aún así, se sentía casi inútil por su brazo. Después de quedar casi inutilizado, toda su vida cambio, ya no podía usar el brazo como antes y debía esforzare y tener mas cuidado tanto en las cosas mas fáciles y básicas como las mas complicadas, tuvo que cambiar su forma de pelear ya que ya no podía usar casi el brazo, ahora cuando disparaba lo hacía con el izquierdo y si el arma era de dos manos, debía de utilizar todas su fuerzas para utilizar su brazo dañado, y solo lo usaba como apoyo para el arma, también era más difícil recargar, no podía recargar en movimiento o parado, debía de agacharse y apoyar el arma en el suelo para poder realizar todo el cambio con un solo brazo o si era una pistola o un arma a una mano, debía de usar la boca para sostener el arma mientras buscaba el cargador y lo cambiaba, para su mala suerte, no existían muchas armas que realmente se pudieran usar con una sola mano. Tampoco podía moverse con total libertad, no podía rodar por el suelo sin sentir un dolor tan intenso que lo hacia desmayar, tampoco podía pasar por lugares muy angosto o realizar movimientos bruscos. Frank debía de estirar el brazo todos los días, para evitar que los músculos se le atrofiaran más y para ayudar a la circulación de la sangre. Movía el brazo lentamente y con esfuerzo de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda, también debía de realizar varios movimientos con la mano que se le hacían más difícil, era complicado mover la muñeca de la mano, era una sensación extraña, como si pudiera moverla todo lo que quisiera pero cuando realizaba una acción de repente un gran peso se apoyaba sobre ella y limitaba sus movimientos. Abría y cerraba la mano, estirando los dedos varias veces, aquello era una actividad extenuante y molesta, pero era algo que siempre debía hacer. A veces el brazo no le dolía y podía pasar días enteros sin ningún tipo de molestia, pero normalmente sentía una sensación de calambre, como una electricidad que le recorría el brazo y causaba un dolor irritable y un ardor insufrible.... Pero por suerte, después de cinco años, ya se había acostumbrado un poco... No por completo, pero al menos ahora se sentía mejor que antes, que hace cinco años cuando... Cuando... «No, no pienses en eso, mira el presente, no el pasado» era lo que Franklin siempre se decía... aunque era difícil realmente hacerlo. Después de terminar los estiramientos, Frank confirmo que todo su equipamiento estaba bien. Como casi todos los días, llevaba un chaleco de cuero de color verde oscuro, parecido al de un uniforme militar ( la manga izquierda del chaleco estaba cortada, Franklin prefería tener el brazo dañado libre para evitar el rose con la ropa) perfecto para climas helados, debajo llevaba una camisa, en ambas prendas llevaba cosidas varias placas de metal y cuero reforzado, principalmente en los hombros, lo brazos y el pecho, además de rodilleras en unos pantalones negros o azules oscuros (Frank nunca podía notar la diferencia). También llevaba pedazos de tela amarrados a las extremidades para protegerse de mordidas, unas botas militares y unos guantes negros. Tanto en el pecho como en los brazos y las piernas llevaba guarda-cuchillos en caso de emergencias, además de fundas para pistolas, una en la pierna, en la cadera y en el pecho, todas con pistolas Glock automáticas de las cuales llevaba los cargadores en correas de munición que en aquel momento no estaba utilizando, ya que son bastantes pesados y por ahora podía guardar la munición en sus bolsillos. Frank era muy bueno con armas de fuego a corta y mediana distancia, aunque mayormente debía usar armas automáticas que fueran más fáciles de utilizar, antes era bueno con las armas cuerpo a cuerpo y prefería un estilo de combate más cercano, ahora debía alejarse de los enemigos, atacar de lejos y no realizar muchos movimientos, el brazo le dificultaba toda actividad que hacia... Pero aún así era bastante bueno en combate, tanto que era capaz de disparar una pistola a un objetivo a varios metros de distancia y nunca fallar, ni una sola vez... Tristemente. Una vez terminado, Frank comenzó a buscar a Amanda, probablemente se había detenido para estirarse o ir al baño, pasar tantas horas dentro de un armatoste como son los carros no puede ser bueno para las salud. La noche seguía nublosa, aquello no era buena señal, significaba que podría haber lluvia... y la lluvia no es buena. Frank busco por la zona, la carretera era larga y parecía casi interminable, a su izquierda, a menos de un kilómetro se podía ver el rio Hudman (Alguna vez llamado rio Hudson) y hacia el otro lado todo era verde y verde cuanto el ojo podía ver, arbustos, hierba, bosques y terrenos rocosos donde no vivían mas que animales, lugares lejos del toque humano y la civilización. A Frank le encantaba esos lugares desérticos, donde todo es tranquilo y silencioso. Frank siguió buscando por unos minutos, pero no la veía por ningún lado y un sentimiento de preocupación comenzó a nacer en el, miedo por sus seres queridos, por su única familia... Pero la preocupación se fue rápido, si Amanda había sido lastimada, probablemente sus atacantes estarían enterrados metros bajo tierra para aquel momento, Amanda era fuerte y por sobretodo, insistente, si alguien podía sobrevivir en ese mundo sola, era ella. Entonces Frank dejo de preocuparse y decidió dar un paseo por las tierras verdes al lado de la carretera. Se podía ver como la naturaleza invadía a la carretera, las raíces de arboles partían el concreto y la hierba crecía entre las grietas, la lluvia causaba humedad y destrozaba el concreto y en aquel momento lo que antes debio de ser una enorme carretera para el paso de cientos de vehículos, ahora no media mas que unos poco metros de ancho, por donde solo eran capaces de pasar un máximo de dos o tres autos al mismo tiempo. A Frank le encantaba como la naturaleza cobraba vida a partir de la devastación, como de una calle que era destrozada, podía nacer un bosque entero. En aquellas tierras, habían plantas de distintos tipos, Frank no era un experto en nada que no fuera combate y armas de fuego, pero pensó que en alguna otra vida le hubiera gustado vivir de la naturaleza y estudiarla, vivir una vida tranquila aprendiendo el nombre de cientos de especies distintas de plantas... Lastima que eso no era posible y mucho menos para el. A Frank le seguía molestando la cuenca del ojo, muchas veces le habían preguntado como era vivir con solo la mitad de la vista, pero el nunca sabia que decir, para el era una sensación tan normal como la de cualquier otra persona, después de todo, llevaba toda su vida así y no recordaba claramente un tiempo donde tuviera ambos ojos. Frank agarro una flores que encontró en un arbusto cercano, eran de color rosa y parecían rosas, aquellas las había visto varias veces en su viaje, siempre recogía un par cuando tenia tiempo, no conocía su nombre, el las llamaba «Dulceras» porque el olor que emitan era dulce y recordaba al de la miel. Frank olfateo la flores y el olor que percibió fue... ¿Nauseabundo?... Las flores olían horrible, como a queso podrido y carne cruda con excremento de perro. No entendía porque olía así y entonces se dio cuenta de que el olor no venia de las flores, provenía de otro lugar y movido por la curiosidad, Frank comenzó a seguir el olor nauseabundo hasta su origen. Con cada paso que daba, mas horrible era el olor hasta que en un momento Frank sintió como si fuera a desmayarse de lo mal que olía, quiso vomitar y tosió sacando todo el aire de sus pulmones, el olor inundaba todo su cuerpo y lo mareaba y cuando ya casi no podía respirar... Una figura lo embistió y lo tiro lejos del origen del olor. Por un momento Frank había creído que era un Perseguidor que lo había visto y que se preparaba para comerlo, por instinto agarro el cuchillo que tenia en el pecho y estuvo a punto de apuñalar a la figura... Pero entonces se dio cuenta que era Amanda. —¡Maldición! —grito Amanda mientras seguía encima de Frank, este la miro con una cara de confusión por unos segundos, sin entender que ocurría, hasta que vio que apuntaba hacia un lugar con su mano buena, el lugar donde apuntaba estaba a unos pocos metros de ellos, en el se encontraba una cosa escondida por la maleza y los arbustos, Frank no se había percatado de la cosa por lo oscuro de la noche, pero ahora que sabia donde mirar, pudo verlo claramente... La cosa era un "Sapo", o como algunos lo conocían, "Embarazados", zombies realmente peligrosos y grotescos. Aquellos zombies eran muy distintos al de un Muerto común o a un perseguidor, e incluso entre los otros distintos tipos extraños, este era especialmente grotesco. Su apariencia era la de un cadaver normal, pero con las extremidades destrozadas que causaban que el zombie tuviera que arrastrase por el suelo para atrapar a sus victimas, normalmente están muy descompuestas, con piel verde oscura y llena de basura y suciedad, pero lo mas horrible de este tipo de zombie era el cuerpo. De su abdomen sobresalía su estomago que se encontraba tan extendido que parecía una mujer embarazada, solo que el estomago era mucho mas grande que el cuerpo y se arrastraba por debajo de este y por encima... A frank siempre le daban nauseas mirar la espalda de un Sapo, totalmente destrozados los músculos y huesos de la espalda, se podía observar un agujero en la espalda que dejaba al descubierto todo el contenido del abdomen y del tórax, excepto por una especie de membrana de dos pliegues, que cubría el agujero y que se abría y cerraba como si fuera una boca. Lo horripilante de aquel tipo de zombie es que a diferencia de otros Muertos que acostumbran a atacar a cualquier humanos que vieran, los Sapos permanecían quietos hasta que alguien se les acercara y en vez de atacar cuando su presa estuviera distraída, producían una especia de gas increíblemente grotesco y oloroso que causaba que su presa perdiera el conocimiento poco a poco y una vez que estuviera indefensa, el Sapo procedía a alimentarse de la pobre criatura. —Eso estuvo cerca —dijo Amanda que se paro y ayudo a Frank a levantarse. Con la pistola que llevaba en la cadera, Amanda le disparo al Sapo que trataba de arrastrarse hacia ellos, el disparo dio de lleno en la cabeza y el monstruo ni siquiera soltó un alarido. Ambos se dirigieron hacia el auto, cuando llegaron, Jon seguía durmiendo plácidamente sin haber escuchado el disparo o el grito de Amanda, que al verlo sonrió cariñosamente, con una expresión que pocas veces dejaba mostrar. Frank se sentó en el suelo de concreto y comenzó a observar la nada, Amanda hizo lo mismo. Amanda era una mujer extraña, de veintiséis años de edad, con pelo amarillo amarrado en una coleta (como siempre), de piel pálida, pero de complexión fuerte, con una sonrisa que pocas veces hermosa pero que mostraba pocas veces. Amanda era robusta, no tanto como Jon, que era un poco mas alto que Frank y mas fornido, pero si tenia un cuerpo mas duro que el de Frank, el cual era de complexión delgada, gracias a los años de entrenamiento y ejercicio que habían convertido su cuerpo en una muy buena maquina de combate (Algo que le costaba olvidar y que prefería no recordar). A pesar de la apariencia seria de Amanda, Frank conocía pocas personas que fueran tan cariñosas como ella, para el era una hermana, su única familia y la persona que junto con Jon amaba mas en el mundo. Ambos se quedaron sentados en el suelo en silencio por varios minutos, algo normal entre ellos, era fácil para Frank hablar con Amanda, pero era mucho mas fácil y cómodo para ambos quedarse así como estaban, sin hablar, solo mirando el firmamento en un tranquilo silencio. Frank ni siquiera pensó en preguntarle el porque se habían detenido, debía de tener su razón. —¿Pesadillas otra vez? —pregunto finalmente Amanda, que ahora miraba a Frank con una expresión de cariño y preocupación, siempre se ponía nerviosa cuando Frank tenia pesadillas, aunque siempre trataba de que no se le notara. -—Si... —respondio Frank. —¿Mucho dolor en el brazo? —Si —dijo Frank—, y ¿Tu? Amanda levanto su brazo derecho con una cara de incredulidad, como diciendo que no sabia a que se refería, pero luego alzo el otro brazo. Amanda había perdido su brazo izquierdo cuando un maldito psicópata la había secuestrado y se lo había cortado, el cual luego les dio el brazo como comida a los zombies. Frank recordaba cuando la habían encontrado, estaba encima del c*****r de su secuestrador, con un cuchillo en la mano y con el muñón y el cuerpo completamente llenos de sangre, pero sin ninguna lagrima, Amanda no era débil, ella era fuerte y nunca dejaba que los demás vieran su sufrimiento, pero no era totalmente fría, sabia cuando era el momento para llorar y reír... A diferencia de Frank. Ahora Amanda llevaba una prótesis en el brazo, de esas que terminaban en unas piezas de metal que la ayudaban a sostener y agarrar cosas, pero que parecía mas a un garfio que a una mano. —A veces amanece mejor, pero hoy siento demasiado el dolor fantasma -—Dijo Amanda—. A veces siento como si pudiera seguir moviendo mi brazo, como una fuerza extraña como si aun tuviera el brazo pero no lo viera... Pero claro, eso es imposible... Frank siguió observando a Amanda, que ahora tenia una expresión de tristeza y añoranza, como recordando algún evento triste. Pasaron varios minutos y Frank se dio cuenta que ya estaba amaneciendo. Ambos, Frank y Amanda observaron el amanecer en silencio, mirando la belleza del colorido cielo cambiando, de azul oscuro a rojo con y amarillo, que por un momento causaban que el cielo se tronara de un color violeta combinado con anaranjado, como las nubes se despejaban dando paso al Sol y despidiendo a la Luna. Aquellos eran los momentos por los que Frank seguía viviendo, a pesar de todo el dolor y el sufrimiento, esos momentos le causaban una dicha y placer que hacia que por un momento olvidara todos sus problemas en la vida... Pero aquella voz susurrante siempre regresaba, siempre era constante, siempre repitiendo lo mismo: «Dolor». Frank sabia que aquella voz era suya. —¿Por que nos paramos en mitad de la nada? — pregunto Frank con voz serena mientras seguía observando el amanecer cambiante. La única respuesta de Amanda fue señalar con su prótesis hacia el horizonte, hacia un punto exacto. Frank observo con esfuerzo y lo encontró. A la lejanía se podía observar una ciudad, desde ese punto se veía tan pequeña como una hormiga, la ciudad se alzaba como una especie de c*****r que se negaba a dejarse enterrar. Aquel era el único lugar al cual Frank no regresar nunca mas, pero era su única opción, su único camino... —Bienvenido a Nueva York —dijo Amanda con voz triste e intranquila. Al ver la ciudad, la cuenca del ojo de Frank comenzó a arder furiosamente y su brazo dañado se entumeció completamente. Aquel horrible lugar donde todo en su vida cambio, donde dejo de ser un humano y se convirtió en un monstruo... Frank no quería recordar aquel lugar... 
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