Olivia (2): Mi oportunidad

3736 Palabras
Olivia se encontraba en la entrada de la sede de comando de los Conejos salvajes, lo que antes había sido una especie de estructura antigua al lado de un lago, ahora era la oficina principal de control de los Conejos, donde su abuelo la esperaba. Siempre se ponía nerviosa cuando entraba a ese lugar, tan antiguo y casi siempre un lugar que aportaba malas noticias según su experiencia. Olivia no sabia por que su abuelo la había mandado a llamar, pero creía tener una idea. Tal vez fuera porque hace dos días le corto el dedo a un soldado que trato de pasarse de listo con ella en el festival de cosecha, tal vez fuera porque había tratado de robar unas armas del almacén y había tratado de atacar por su propia cuenta a unos lobos que asesinaron a un conejo salvaje que salio a cazar hacia una semana. Por desgracia Olivia fue descubierta y le quitaron las armas, no la encarcelaron, pero si la obligaron a quedarse encerrada en su cuarto por dos días. Tal vez fuera porque seguía insistiendo en querer salir de caza sola o porque le destrozo la mandíbula a un oficial que había dejado inconsciente a Tristan durante una pelea... Pero probablemente la razón fuera porque habían descubierto que llevaba mas de una semana comunicándose con distintas personas del ultimo camino y de los Martires tratando de buscar cualquier rastro sobre la ubicación de Frank mientras que intercambiaba información «clasificada»... O tal vez fuera porque había robado un poco de queso de las cocinas (Olivia no era capaz de comer un sándwich sin la presencia de un buen queso) y un poco de vino (un poco como un barril entero) para poder festejar con Alana y otros compañeros Conejos por la iniciación de Olivia como una soldado hecha y derecha... Probablemente fuera lo primero... Olivia entro por la puerta principal donde habían apostados unos guardias, la saludaron cuando paso y le dijeron que su abuelo la esperaba en su oficina (pudo escuchar como hablaban sobre que Olivia había robado el queso de las cocinas). La base era un lugar bastante antiguo y no era extraño que partes se estuvieran derrumbando y en cada esquina estuviera completamente llena de polvo y telarañas. Cuando era pequeña, aquel lugar le había parecido de lo mas tétrico que había visto en su vida, lo peor de todo era el rechinar de las tablas de madera que hacia que pareciera que hubieran fantasmas. Por el camino pudo ver a varios oficiales de los conejos y otros trabajadores, estaba Camie y Tomas de «construcciones y remodelaciones», los cuales estaban trabajando en reconstruir una de las paredes donde comúnmente se encuentran los comunicados oficiales y otros tipos de documentos para que todos puedan verlos (Olivia los saludo, Tomás era un buen amigo... Camie no tanto). También estaba Ron, un soldado de apariencia un poco lúgubre que nunca hablaba mucho, pero que era muy bueno casando y recolectando. Francis, uno de los cocineros (con el mejor emparedado de queso de todo el mundo) que no parecía muy feliz de verla (probablemente por el queso) y Tiana, una chica un tanto extraña que siempre parecía estar yendo de un lado a otro con una mirada de constante preocupación. Y de los presentes, los mas importantes eran sin duda la almirante Emira y el sargento Broks, dos de los soldados mas antiguos del cuerpo que se encontraban al parecer discutiendo sobre temas de territorio frente al gran mapa de Nueva (O lo que queda). El mapa estaba pintado de distintos colores que representaban los distintos grupos de la ciudad (El de los Conejos era el rosado,un color no muy íntimamente). —¡Hey pequeña! —La llamo Emira (detestaba que la llamaran pequeña). La almirante Emira era una de las personas mas extrañas que conocía, Una mujer entre sus cincuenta, de tes morena y pelo corto y rizado, delgada y de estatura promedio. La mujer era una combinación entre una abuela dulce y cariñosa y una de las soldados mas letales de los conejos, capaz de derrotar a cinco hombres sin ninguna ayuda y una de las mejores guerreros de ataque cercano —¡Mira lo grande que estas!, escuche sobre tu pequeña jugarreta con el queso. —Olivia no estaba segura si queria ser recordada como una ladrona de queso—. Alana fue directo a acusarte con el comandante e incluso exigió un castigo para ella misma por haber participado en como ella lo llamo «tremenda falta a su deber como soldado»... ¡Ahh!, no puede ser mas tierna esa niña. —Emira era la madre adoptiva de Alana desde que sus padres murieron cuando apenas tenia cuatro años. —No me extraña sinceramente, Alana siempre es... Bueno siempre es Alana —dijo Olivia. No sabia si pensar en Alana como una niña. —Por eso quiero tanto a esa tonta chica, tan justa e inocente... Sabes, ella siempre habla sobre lo buena que es tu puntería y tu habilidad con los cuchillos... Realmente deberías, ya sabes, tratar de conseguir algo con mi Alana... Si sabes a que me refiero... —dijo Emira mientras le guiñaba un ojo. —Yo... Yo no... —Ese era un tema que Emira siempre sacaba cada vez que se encontraban. Desde que eran pequeñas, Alana había sido una chica un tanto tímida, cuya única amiga realmente era Olivia. Cada vez que hablaban sobre el tema se sonrojaba... No estaba segura sobre sus sentimientos por Alana... —¡Ohh!, no tienes por que sonrojarte... Solo quiero que lo pienses un poco... —dijo Emira. Mientras tanto Olivia trato de cambiar el tema de conversación. —Y... ¿De que estaban hablando? —pregunto Olivia. —Si, bueno... Al parecer los lobos han estado haciendo unas cuantas... Incursiones un tanto preocupantes... —Dijo Emira que parecía estar intranquila. —¿Un asalto tal vez?, ¿Tan cerca de la llegada de la colmena a Nueva York? —pregunto Olivia. «La colmena», eso era algo preocupante. La colmena era la super-acumulacion de zombies, una congregación tan grande de muertos, millones de come-hombres corriendo juntos, con muertos de todo tipo, desde Sapos hasta perseguidores y «Arañas» (Unos zombies horribles que casi parecían arañas). Cuando lo veías era casi como ver una inmensa ola de cadaveres que destrozaban todo a su paso y mataban todo, desde animales y humanos hasta plantas. Se le conocía la Colmena porque seguía siempre un extraño patrón establecido que por alguna razón recorrían siempre en una cierta cantidad de tiempo, como si se tratara de una estación del clima, casi como si fueran abejas que seguían ordenes de una abeja madre. Siempre pasaba por aquella época (Junio y mediados de noviembre, fechas que ya no se usaban tan regularmente, ahora preferían usar como indicativo de fecha las llegadas de la Colmena) y siempre causaban estragos por toda la ciudad. Nunca se había aprendido muy bien el recorrido que seguía, sabia que rodeaba en su gran mayoría las costas y luego tanto el norte como el sur y que siempre a finales de año daban una corrida por todo el centro del país, como para no dejar nada sin recorrer. Sabia que faltaban solo cinco días hasta la próxima llegada de la Colmena y normalmente todos los grupos de la ciudad hacían un alto al fuego para poder prepararse para su llegada... Y que un grupo estuviera tan activo últimamente era extraño. —¿Crees que quieran aprovechar la llegada de los zombies para...? —dijo Olivia antes de ser interrumpida por Emira. —Oh, querida, sabes que no nos gusta que usen ese nombre... No es muy agradable... —Emira se refería al nombre de «zombies», que es casi tratada como un tabú. A las personas que vivieron en los primeros años del «Nuevo Mundo » se les hacia un poco ofensivo el termino que aludía a la antigua ficción sobre muertos que comían gente. Al parecer cuando todo había comenzado, las personas no querían pensar que algo que fuera tan fantasioso pudiera ser real, así que a la mayoría de generaciones mas antiguos preferían usar el termino «Muertos» o «Come-Hombres». —Ohh, lo siento, no era mi intención —Olivia estaba tan acostumbrada a llamarlos zombies que a veces se le olvidaba (algo que al parecer le pasa a la gran mayoría de las nuevas generaciones). —No te preocupes, se que los chicos de ahora tienen esa mala costumbre de... —Emira —dijo el sargento Broks. El sargento era un hombre también entre sus cincuenta, alto de tes blanca, casi calvo con pelo gricaseo, alto, bastante musculoso y de actitud un tanto seria. Normalmente el sargento nunca bromeaba sobre nada y siempre tenia esa cara de gruñón que lo hacia ver mas intimidante. Pocos eran tan buenos con los rifles como el sargento—. La niña tiene que hablar con el comandante, seria mejor que no la molestaras. —Cierto, cierto. Perdón Olivia, se que tienes mucho que hablar con tu abuelo. Fue bueno hablar contigo por un rato... Y trata de no olvidar mi sugerencia —Emira le volvió a guiñar el ojo. Antes de irse, el sargento Broks la llamo. —Olivia... —dijo el sargento suavizando su voz — Se que tu abuelo y tu tienen sus «diferencias », pero tienes que recordar que todo lo que hace, lo hace porque se preocupa por todos nosotros... Sobre todo por ti —Olivia sabia que el sargente podía ser serio y estricto, pero también podía ser sentimental y cariñoso cuando era necesario. —Yo... Lo se —dijo Olivia que se retiro haciendo el saludo de oficial de los Conejos salvajes (empuñando la mano derecha sobre el corazón y luego haciendo un movimiento con la mano hacia la cabeza con los dedos extendidos y la palma hacia afuera). Emira y Broks son bastante queridos entre los soldados y las personas comunes... A diferencia de otros como el líder de los cazadores, el señor Montt, un hombre menudo y astuto como una comadreja que gracias a Dios en ese momento se encontraba en una expedición a las afueras de la ciudad. Montt era cuanto menos un hombre perverso y malvado cuya única razón de que siguiera en los Conejos era por su maestría en la busca y captura de presas, su abuelo siempre decía que era muy leal a su causa, pero ella creía que esa lealtad era para su propia causa. Olivia llego hasta la puerta de la oficina del comandante, no había nadie protegiendo la puerta, como a su abuelo siempre le gustaba. Ella estaba nerviosa, siempre lo estaba antes de hablar con su abuelo. Olivia decidió entrar de inmediato, sin tocar ni llamar, de todas formas ya la estaban esperando. —Olivia, al fin llegaste —dijo su abuelo cuando la vio entrar. El comandante Moises Barboza era un hombre de mas de cincuenta años, de complexión robusta, piel bronceada por el sol, pelo lizo con canas y de cara seria y tranquila. Aquel día llevaba como siempre su uniforme militar gris de comandante con un chaleco n***o por encima para que todos supieran quien era. El comandante era un hombre de gran agilidad mental, fuerte y bravo, amado por todos y temido por sus enemigos, un hombre que hacia lo que fuera necesario para proteger su comunidad y a su familia. Era un hombre tranquilo que siempre decía lo justo que debía decir. Su abuelo se veía mas cansado que en años anteriores... Desde lo de Frank, había decaído un poco su salud. —Presente abue... Quiero decir, comandante Moises, Señor —Olivia hizo el saludo de los conejos y se presento de manera como cualquier otro soldado haría. —Puedes descansar Olivia, hoy tenemos... Mucho de que hablar —dijo el comandante con su típica voz de que estaba a punto de regañara por algo. —Yo... Esta bien —respondió Olivia. Acto seguido se sentó en una de las sillas que se encontraban en frente de la mesa de oficial donde se podían ver un montón de libros y mapas de la ciudad y de distintas zonas del país (A su abuelo le encantaba leer). —Bien, pasemos a lo que nos aqueja —dijo su abuelo con voz seria, Olivia se preparo para el golpe—. En las cocinas están muy enojados, todos hablan como te sigues llevando el queso sin preguntar y Francis quiere cortarte la cabeza. —El comandante Moises sonreía plácidamente, le gustaba hacer ese tipo de bromas. —Muy gracioso —dijo Olivia que no estaba segura que diría a continuación su abuelo. —Dile eso a Francis, esta realmente enojado, deberías dejar esa obsesión por el queso, sabes que los lácteos ni siquiera te caen bien —dijo Moises haciéndole recordar su triste condición. —No... No me caen tan mal, solo me dan unos pocos gases... Nada mas —Antes de vomitar y caer desmayada al piso como si hubiera bebido litros de cerveza. Esas conversaciones eran muy típicas, Olivia las llamaba la calma antes de la tormenta. —Bien... ¿Que haces comunicándote con soldados de los Martires? —Directo como siempre—. Sabes que no se puede tener comunicaciones con nadie del exterior antes de ser autorizado por un oficial. —Ya sabes porque lo hago... Solo hay una razón por la que podría faltar a las normas (exceptuando el queso) —dijo Olivia secamente. —Aun sigues con eso Olivia... Debes dejar de obsesionarte... No puedes pasar toda tu vida buscándolo... —Su abuelo siempre se ponía mal cuando recordaba a Frank y la muerte de su único hijo, el padre de Olivia.. —Es imposible que lo olvide... Sabes que lo vi todo... ¡Vi como Frank mataba a papa! —A su abuelo no le gustaba escuchar el nombre de Frank, debía recordare al día cuando había aceptado a Frank en los Conejos e incluso lo había tratado como un hijo. Hubo un tiempo, hace mas de diez años, cuando se creía que el comandante terminaría pasando la batuta a Frank y no a su padre, gracias a su gran habilidad y que eran muy cercanos... «Mi padre me contaba como solía pensar en el como su pequeño hermano... Mira a lo que lo llevo» pensó Olivia. —Se lo que viste Olivia, pero eso no es excusa para que faltes a las normas que establecimos hace mas de cincuenta años, puedes ser mi nieta, pero aun eres una soldado. —Su abuelo también había tratado de buscar hace años a Frank y traerle justicia, pero había fallado en encontrarlo. Estuvieron un rato en silencio hasta que Olivia decidió discutir lo que quería. —Puede que haya roto las reglas, pero, conseguí muy buena información sobre el paradero de Frank. —Su abuelo la miro con cara intrigada y luego movía su cabeza para que prosiguiera—. Bien, sabemos que Frank había decidido hace cinco años ir al norte para escapar de la justicia. Bueno, me he estado comunicando con una chica de los Martires que me hablo de como habían visto hace pocos meses a Frank cerca de su territorio. —Ya he escuchado sobre eso, mis informantes me han hablado como se le ha visto varias veces en territorio de los Martires y recuerda que ellos no esta en malos términos con Frank —dijo Moises tranquilamente. —Bien, si, los Martires aman a Frank y lo tratan casi como un mesías, pero eso no es lo importante. Estuve también hablando con una familia de «Terreno Norte», un padre y una madre bastante cariñosos que buscaban información sobre un pariente lejano que había ido a Nueva York. Esa familia jura haber visto a un hombre que era exactamente igual a la descripción de Frank acompañado de un hombre y una mujer lisiados —dijo Olivia. Su abuelo puso cara pensativa y saco de una gaveta un mapa de los Estados unidos (modificado para marcar los distintos territorios). —Mmm, «Terreno Norte»... Esta a solo unas pocas horas al sur de los Martires —dijo su abuelo—. ¿Pero que tiene eso de importante?, sigue estando cerca del territorio por donde se ha visto comúnmente a Frank. —Si, pero ahora viene lo interesante, Recuerdas como hace menos de un mes, ¿Los lideres de los «Santos Sagrados» habían sido asesinados?, bueno... Resulta ser que el que los mato fue el propio Frank. —Suena probable, ¿Pero como estas segura? —pregunto Moises. —Bueno, los Sagrados llevan transmitiendo desde hace mas de una semana el mismo mensaje en bucle donde hablan sobre que están buscando a un hombre n***o son un brazo destrozado, sin un ojo y de nombre Frank... Creo que la descripción es parecida a la de nuestro Frank... —Bien, pero aun no entien... —Olivia lo interrumpió. —Déjame terminar... Bueno, Terreno Norte queda también al sur de de los Sagrados y según la familia, lo habían visto hace menos de tres semanas y que parecían heridos y apurados por irse lo mas rápido posible y lo mejor de todo, es que hace menos de una semana, una mujer de Ultimo Camino me hablo de como Frank se estaba quedando en la casa de una familia que lo había ayudado. Según la mujer, Frank había estado varios días en Ultimo Camino recuperando fuerzas y que lo había escuchado hablar con sus amigos de hacia donde se dirigían... ¡Hacia el sur! —Exclamo emocionada Olivia. Su abuelo seguía tan sereno como siempre —Mmm, Ultimo Camino, solo queda a menos de un día al norte de Nueva York, ¿Pero como puedes estar tan segura que pasaran por aquí?, puede que decidieran tomar otro camino o desviarse atravesando el Hudman para evitar la ciudad, si fuera el, yo evitaría todo lo que pudiera Nueva York —Esas eran buenas preguntas. —Yo también pensé lo mismo, pero luego recordé como faltaban pocos días para la llegada de la Colmena y ambos sabemos que cuando llegan, cierran los caminos entre el sur y el norte y bloquean toda posibilidad que no fuera Nueva York. Estoy casi segura que debe estar dirigiéndose en este momento hacia la ciudad por el camino del norte y que tratara de usar la ciudad como un camino seguro para ir mas al sur —Olivia estaba bastante segura sobre su teoría. —¿Al sur?, ¿Que querría Frank mas al sur? —pregunto su abuelo y Olivia se quedo en silencio por un momento para tratar de dar un mejor ambiente. —Newland —dijo Olivia, estaba muy orgullosa de su descubrimiento. —La antigua Washintogn DC, dicen que es una ciudad sin zombies donde todos viven tranquilamente... Puras patrañas —dijo Moises, no le gustaba las promesas de lugares paradisíacos. —Lo se, pero es el lugar perfecto, si estuvieras siendo perseguido por la mitad de Estados Unidos, ¿A donde irías? —Su abuelo no tardo ni dos segundos en responder. —Al lugar donde la gente menos esperara... Entraría por la zona donde mas me odian y literalmente tengo la entrada prohibida, dejaría que las personas me vieran para que se corriera el rumor de que planeo ir a algún lugar del sur, con suerte haciéndoles creer a todos que iría a «Terreno Pequeño» o «Centro Insular», para poder ocultar realmente mi paradero y finalmente tendría como objetivo un lugar que todos consideran un montón de mentiras para soñadores ilusos... Que da la casualidad que es uno de los lugares mas protegidos de la zona sur... Interesante... —Su abuelo había deducido todo en unos pocos segundos, Olivia había tardado una semana en dar con aquella conclusión. —¡Si!, es la única forma posible —dijo Olivia triunfante. —Tiene sentido... —Moises se quedo pensativo por un largo rato. —Y... Yo creo... Ya sabes, que podríamos... Ya sabes... Aprovechar para bueno... Atacarlo —A Olivia se le hacia difícil pedir cosas a su abuelo desde que era pequeña, normalmente su respuesta siempre era la misma. —No —dijo secamente su abuelo, sin pensárselo mucho. —¡Pe... Pero!... —Imposible, tenemos mejores cosas de las cuales preocuparnos, los lobos han estado muy activos últimamente, atacando caravanas y cazando a pobres por las calles, puede que se estén preparando para un ataque. Olivia se quedo en silencio, sabia que cuando su abuelo decidía algo, no había nada que lo detuviera. —Y no solo los lobos, también los Saltarines han estado destrozando muchos puestos de avanzada de los Lobos y se han acercado demasiado a nuestro territorio, dejando marcas por varios de nuestros edificios, como si fuera ahora su territorio. Las Abejas también han estado molestando a los comerciantes de caminos. —Pe... Pero no tendría que se un equipo muy grande, solo una docena o así... —dijo Olivia que se sentía irritada, ya sabia que las cosas acabarían así. —Ambos sabemos que se necesita mas que un pequeño grupo para derrotar a Frank... —Y... Yo... —Olivia había estado semanas recolectando toda esa información que ahora no servia para nada... Y eso la enojaba. —Olivia... Se que te duele mucho todo lo que paso con tu padre... Pero no creo que lo mejor sea que bases toda tu vida en una misión como esa —dijo Moises —Yo solo... —Se lo que quieres... Y sabes que yo también lo quiero, pero no puede ser en este momento, no puede ser en peor momento, a mi también me hace sentir rabia, pero, no hay nada que podamos hacer... «No hay nada que podamos hacer», toda su vida le habían repetido lo mismo, siempre le decían que no era el momento adecuado, o que no se podía hacer nada. Pues, ella podía hacer algo, lo sabia, tenia que hacer algo, sin importar que, debía vengarse. No solo por si misma, Frank era una amenaza muy peligrosa para todos, cualquier día podría volver y terminar su trabajo... Ese día podía haber llegado y ella no lo permitiría... No lo haría... —Bien, lo entiendo... —dijo Olivia tratando de ocultar su enojo—. Me despido señor —Olivia hizo el saludo. —Olivia, por favor, no hagas ninguna tonteria... Se que tienes mucho odio dentro de ti... Pero a veces... Debemos aprender a dejar pasar las cosas... — dijo Moises. —¡Olvidar!... ¡Tal vez tu seas un cobarde, pero yo no lo soy! —Olivia hizo el saludo y salio de la oficina antes de que su abuelo pudiera decir otra cosa. —¡Olivia...! —La puerta se cerro cortando de golpe el grito del comandante. Olivia estaba muy enojada, pero eso no importaba, Frank estaba muy cerca y esa podría ser su oportunidad en años para poder conseguir su venganza, no podía dejar pasarla, incluso si debía hacerlo sola... El único problema es que ella no era la mejor ubicándose, podría llevarse a Alana y a Tristan, pero ninguno de ellos se conocía tan bien la ciudad... Entonces a Olivia se le ocurrió algo antes de salir de la sede. Algo que podría ser realmente peligroso. —¡Hey Ron! —Llamo Olivia al hombre menudo que se encontraba apoyado a la pared donde se suponía que Tomas debía arreglar el concreto. El hombre se le quedo mirando— Necesito tu ayuda... ¿Que tanto conoces la ciudad? —El hombre lo pensó por unos segundos. —¿Que tanto amas tu un queso? —pregunto Ron con una cara totalmente seria (No sabia si era una broma o en serio). Supuso que la respuesta era bastante... Aunque con Ron era dificil decir... Olivia ya se arrepentía de haber robado el queso...
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