Amanda (1): Complicaciones

5018 Palabras
Cinco horas pasaron desde que Amanda, Frank y Jon entraron a la ciudad de Nueva York y Amanda ya se arrepentía por su decisión. Habían tenido un viaje bastante largo desde el Ultimo Camino, pero habían llegado a Nueva York mucho mas antes de lo que tenían pensado, llegaron aproximadamente a las siete de la mañana, una buena hora tomando en cuenta que normalmente las patrullas de los Conejos Salvajes acostumbraban a salir a partir de las ocho de la mañana (una costumbre que llevan siguiendo desde mucho antes de que ellos nacieran). Todo fue bien cuando llegaron, no se encontraron ni una sola alma a la vista por la zona norte de la ciudad y las calles estaban lo suficientemente despejadas de autos y escombros como para que la camioneta pudiera pasar, no habían ni siquiera Muertos o saqueadores, toda la ciudad estaba bastante tranquila. En esa mañana, Jon se había logrado levantar temprano (algo bastante difícil para el) y decidido hacer un inventario de todos sus suministros. —Cinco botellas de dos litros de agua cada una, dos kilos de carne de venado conservada en sal, unas cuantas manzanas, peras y zanahorias, una botella completa de salsa de tomate y mayonesa, unos siete vendajes y un litro de alcohol desinfectante, hilo quirúrgico, pedazos de tela seca para usar cuando se nos acaben los vendajes, algodón, esponjas, analgésicos, pastillas para dormir... —Jon conto sus suministros para que todos pudieran escucharlo. —Sabes que no tienes que decirlo en voz alta, ¿No? —Le había dicho Amanda. —No molestes, sabes que me ayuda a pensar mejor —Jon no era muy bueno cuando se trataba de recordar cosas, su memoria era un poco mala... Excepto claro esta cuando se trataba sobre su gran afición por la mecánica y la construcción de armas... Aun así, acostumbraba a repasar todos los días sus suministros. Jon no era el mas listo de todos, pero tenia una vista que un águila envidiaría, tenia un conocimiento increíble sobre ingeniera y armas y una puntería casi tan buena como Frank, era bueno con las armas de larga y corta distancia y su arma favorita era el rifle francotirador... O al menos así había sido desde que perdió su pierna izquierda por una vieja mina de fragmentación de antes de la caída. Amanda aun recordaba los gritos de Jon, la sangre derramándose y la cara de dolor y también recordaba como horas después Jon ya se encontraba bromeando como ahora ya podían ser conocidos como «Los tres lisiados», Jon tendía a verle el lado bueno de las cosas como el idiota que era... Y por eso Amanda lo amaba. Llevaban juntos mas de ocho años como pareja, desde que Amanda había decidido declarársele de mala gana porque al parecer Jon no tenia ninguna intención de hacerlo a pesar de que llevaban en una relacion no establecida desde muchos años antes, incluso habían tratado de casarse, pero nunca lograron conseguir a un sacerdote que los oficiara. Su relacion comenzó cuando apenas eran unos niños y como todo había comenzado siendo amigos y luego escalo hasta risas nerviosas, sudor en las axilas, miradas de incognito y unos cuantos accidentes que Amanda prefería no recordar por su salud mental (O al menos así había sido para ella... Jon era un poco mas simple). A pesar de todo, se trataban como si estuvieran casados y poco importaba realmente cuando la única persona que tenían cerca para decirles lo contrario era Frank y ya no existía realmente una iglesia. —No tenemos demasiada comida y no sabemos cuantos días estaremos en la ciudad... Eso me preocupa —Había comentado Frank que se veía mas tranquilo y de mejor humor. Aquella mañana Frank había vuelto a tener pesadillas y eso siempre lo ponía un poco depresivo y de mal humor. Amanda sabia perfectamente que tipo de pesadillas tenia incluso sin que el nunca le hubiera contado de que trataban, después de todo, son casi las mismas que las suyas pero probablemente muchas veces mas horribles y sangrientas. Frank era básicamente la única familia de Amanda, no eran hermanos, pero llevaban tanto tiempo juntos que era como si lo fueran. Recordaba la primera vez que lo había visto, un niño pequeño, débil y sombrío sin amigos, justo como era ella. Frank había llegado con los conejos salvajes cuando apenas tenia cuatro años, exactamente al mismo tiempo que ella, junto a muchos otros que habían sido «salvados» por los conejos, eran los dos únicos niños y a pesar de que era difícil hablar con Frank (siempre lo ha sido), tardaron poco tiempo en hacerse amigos y casi veinte años después siguen tan juntos como uña y mugre. Nunca se separaban, ni siquiera cuando uno de los dos salía lastimado o a punto de morir, ni siquiera cuando tomaron a Frank como un criminal o un asesino, ni cuando había tenido que escapar de los conejos y todas las otras bandas de la ciudad, ni siquiera en el peor momento se separaban, adonde fuera Frank, Amanda lo acompañaba y Jon los seguía. Era casi imposible separarlos... Excepto tal vez cuando Jon se obsesionaba con un nuevo aparato del viejo mundo como si fueran un niño y un juguete. —No planeo que estemos ni siquiera un día en la ciudad —Le respondió Amanda, no le preocupaba mucho la comida, siempre podían buscar entre los escombros de la ciudad que aun después de mas de sesenta años tiene lugares donde se pueden conseguir recursos, o podían cazar algún venado cerca del centro de la ciudad, pero lo preocupante era que se encontraran con cualquier grupo de la ciudad como las Abejas o los Indígenas Saltarines, Frank no era amigo de realmente muchos grupos y menos en Nueva York... Y mucho menos ahora desde que asesinaron a los lideres de los Sagrados. Los Sagrados era un grupo cuya base se encontraba en una ciudad sin nombre muy al norte de Nueva York, un lugar donde la esclavitud se intercambia a cambio de seguridad, algo parecido a los Martires, pero a diferencia de estos, los Sagrados no habían tratado a Frank como un héroe. Amanda se había mostrado en contra de la decisión de Frank de ayudar a los Sagrados, sabia que esos idiotas era como comadrejas, pero Frank no podía dejar que tantas personas sufrieran, ese era un mal habito suyo, era demasiado suave por dentro y siempre trataba de ayudar a todos, incluso si ellos no se lo merecían... Y eso es justamente los que los ha llevado a donde están, de vuelta a la ciudad que los traiciona, la ciudad que los consumió, los convirtió en monstruos, maquinas para matar y que luego los había desechado como si nada... Amanda odiaba esa ciudad. Después de que Jon conto los suministros, paso a contar las armas que tenían a su disposición. Amanda sabia que tenían un arsenal bastante decente, tenían las cuatro pistolas glock de Frank y su rifle semi automático, una AK-47 en buen estado, una escopeta de bombeo y una de caza, el rifle francotirador de alta precisión de Amanda (Ella lo llamaba su "asesino"), la magnum favorita de Jon (El la llamaba su "helado"... Amanda no estaba segura porque) y unos cinco cuchillos militares de la ultima base militar antigua que saquearon, aproximadamente unos siete además de unos cuantos cuchillos de cocina. Para ellos, las armas eran como una segunda familia, un mejor amigo o un hermano intimo que siempre los ayudaban cuando los necesitaba... Para Frank eran mas como una penitencia auto infligida que debía cargar por toda su vida. —Nos estamos quedando quedando sin balas del calibre .50, tenemos pocas calibre .12 y tenemos tal vez demasiadas balas de 9 y 10 mm, tal vez deberíamos cambiarlas por algunos cartuchos de escopetas —Las balas eran el menor de sus problemas, siempre podían ir a alguna base militar o comprárselas a algún comerciante de la «Fabrica», la mayor (y básicamente única) factoría de balas del pais. —Mmm, creo que la AK-47 ya no sirve —dijo Frank que sostenía el arma, aquella era una arma única, existían muy pocas de su clase y ellos habían tenido mucha suerte de encontrarse con una en tan buen estado en la base militar al sur del territorio de los Martires. —¿Que?, es imposible, la revise varias veces antes de salir y estaba en el mejor estado posible... Oh... —Jon frunció el ceño cuando vio como Frank le mostraba la AK y como con jalar el cañón, se partía a la mitad. Amanda rio, le encantaba la cara de frustración de Jon cuando se decepcionaba por un nuevo juguete que terminaba no sirviendo (algo que era bastante común). —Al menos el rifle de Frank sigue funcionando... Oh... —dijo Amanda hasta que vio como Frank levantaba el rifle que les había costado tanto conseguir de los comerciantes del Ultimo Camino, un pueblo tranquilo a pocas horas de la ciudad y que actuaba como un territorio aparte. El rifle tenia la empuñadura totalmente destrozada, el seguro del cargador no funcionaba y el gatillo se había salido—. ¡Maldición!, esos hijos de puta, tuve que intercambiar mi ultima lata de gaseosa (A Amanda le encanta la gaseosa) y mi tarjeta de ultima edición de Spiderman. —En la actualidad, la única forma de conseguir un objeto con un comerciante era mediante trueques, a Amanda le habían contado que antes utilizaban papel dinero creado por el gobierno, ella había visto muchas veces estos billetes, pero la mayoría estaban rotos, mojados o quemados y ya no tenían ningún tipo de valor, ahora las cosas de mayor valor eran cosas de antes de la Caida, como las latas de refresco o armas que ya no se fabrican, pero entre los mayores productos de intercambio, el mas codiciado por los comerciantes en todo el pais eran unas tarjetas de colección con superhéroes famosos de la antigua civilización, las cuales debían existir aproximadamente mas de 500.000 en todo el mundo y solo algunos las pueden conseguir. Estas tarjetas fueron creadas por una compañía antigua llamada Cola-Cole, una empresa que se encargaba de crear latas de refresco y cuyo nombre era igual a una ciudad del sur. Amanda coleccionaba esas tarjetas, era uno de sus pocas actividades recreativas además de reírse de Jon y ella estaba muy orgullosa de su colección, incluso tenia un libro donde guardaba todas sus tarjetas y lo protegía como si fuera un hijo. —Te dije que era una mala idea —Jon se rio de ella y Amanda le dio un golpe con su prótesis, aquel día el dolor fantasma la molestaba como no lo hacia en un tiempo, pero trataba de que no se le notara. Amanda rio junto con Jon e incluso Frank mostro el esbozo de una sonrisa (lo que ya era un logro de por si)... Estaban bastante tranquilos y felices para estar donde estaban... Pero ella sabia que solo lo hacían para que no se les notara los nervioso y disgustados que estaban, bromeaban para no tener que pensar en su situación, para poder distraerse de su triste realidad. A Jon le temblaban las manos y Frank apartaba la mirada cada vez que no lo observaban y se quedaba viendo el horizonte con una expresión de rabia. Ir a esa ciudad no hacia nada mas que traerles malos recuerdos. A pesar de todo, las cosas estaban saliendo bien, habían pasado sin problemas la fortaleza del norte de los lobos que por alguna razón estaba abandonada, algo extraño teniendo en cuenta que ellos tenían una estricta regulación en cuanto a la entrada de la ciudad y no se habían encontrado con ninguna «abeja» en su camino por la «carretera oeste»... Eso ya no era algo normal... —¿Creen que sea una trampa?... Quiero decir, todo esta demasiado tranquilo y vacío —inquirió Jon con preocupación en su voz—. Tal vez sepan que veníamos y nos planearon una emboscada... —Es imposible, los únicos que podrían saberlo son los conejos y a ellos los engañamos para hacerles creer que nos dirigimos al centro del pais —Amanda y los demás sabían que el comandante Moises llevaba años vigilándolos por medio de informantes y amigos en los distintos territorios, incluso en territorio de los Martires donde Frank es tratado como un héroe. Amanda había pensado en quedarse con los Martires y su protección casi incondicional, después de todo, Frank había estado casi un año ayudándolos a pelear contra «Los antiguos amos», el grupo que usaba a los Martires como esclavos cuando ni siquiera tenían un nombre establecido y solo eran llamados «prole». Al igual que con los Sagrados, Frank no había podido quedarse quieto mientras otras personas sufrían y después de matar a Kano, el ultimo de los Antiguos amos, la prole había logrado su libertad, con la cual decidieron pasarse a llamarse Martires, por todos los años que estuvieron como esclavos y también ganaron un nuevo profeta, «Frank el justiciero» o como algunos preferían llamarlo, «El ojo de la justicia»... Obviamente esto no le hacia mucho gracia... Y desde entonces, evitaban lo mas que podían a los Martires, era extraño como tenían que escapar hasta de sus aliados. —Es posible que hayan descubierto mi plan... Moises puede llegar a ser bastante insistente e ingenioso —El plan de Frank era bastante bueno, fingir que su objetivo era ir al centro del pais y hacerlo incluso cuando creían estar solos, pidiendo consejos e indicaciones sobre como llegar o comerciando solo con comerciantes de ciudades de Terreno Pequeño y pidiéndoles las «las ultimas noticias». Como siempre, Frank era el que hacia los planes, Jon era el que se encargaba de que Amanda no se comiera todos sus suministros antes de tiempo y de sus armas y equipo y ella... Bueno, Amanda conducía y se encargaba de dar los golpes, después de todo, ella era la única que aun podía moverse con cierta libertad. Frank ya no podía pelear de cerca y debía siempre usar armas de fuego desde una distancia considerable (algo que realmente no lo detenía a la hora de hacer su trabajo) al igual que Jon, al final ella era la única que podía actuar como su primera linea de ataque sin recibir un disparo porque no puede recargar a tiempo o no puede rodar por el piso para esquivar un ataque o porque el dolor de su herida la dejo inconsciente (cosa que habían aprendido a la mala). A pesar de su prótesis, el recargar no se le hacia tan complicado y había pasado ya tanto tiempo, que lo hacia casi sin esfuerzo y disparar o apuntar no tenia demasiada magia... A diferencia de Frank, que aun tenia que acostumbrarse a su brazo herido, el pobre había estado a punto de morir después de que la granada le destrozara el brazo, tuvo una infección por las quemaduras que lo dejo fuera de servicio por casi un año, en el cual tuvieron que viajar de ciudad en ciudad por el oeste, desde Terreno pequeño hasta mas allá de Ciudad Insular, incluso habían llegado a «Costa Bonita» y a «Valle del ruiseñor», las ciudades mas al oeste del pais. Tuvieron que ir a cada uno de los centros de curación y tratamiento de heridos de las ciudades para poder ayudar a Frank... Por un tiempo pensaron que lo mejor seria cortarle el brazo a Frank para evitar que la infección se expandiera, pero este se había negado, según el, quería mantener su brazo como un «recuerdo de sus pecados», algo tal vez un poco extremo pensaba Amanda... Pero bueno, Frank era a veces un tanto extremista y eso no le desgradaba tanto, un poco de paranoia y obsesión era bueno en su mundo. —¿Creen que sepan sobre que queremos ir a Newland? —pregunto Jon después de haber guardado las municiones en sus bolsos y limpiado las armas junto con Frank. —Mmm, puede ser... Aunque no creo que Moises sea tan tonto como para creer en cuentos como esos —explico Frank que se encontraba leyendo un libro que le había regalado la familia que los había acogido en el Ultimo Camino. Frank llevaba unos pocos años desde que tomo como afición el leer, algo que en años anteriores nunca hubiera hecho. El libro que leía trataba sobre la historia antigua del viejo mundo, algo sobre como se creo Estados Unidos o algo así... Amanda creía que eso era algo muy bueno, una forma para que pudiera distraerse e ignorar esos pensamientos que tanto lo atormentaban... —Aun no se si creer en Newland... Esas cosas que dicen sobre que no hay un solo zombie dentro de las murallas o de que la ciudad funciona tan bien como lo hacia hace mas de sesenta años... No me convence mucho —opino Amanda, ella no era de las que creían en falsas esperanzas, aun creía que Newland era un lugar que los Matazangres utilizaban para atrapar personas en busca de una forma mejor de vida y luego devorarlos... Porque bueno, los Matazangres son caníbales. —No importa si es real o no, en el caso de que no lo sea, siempre podemos ir mas al sur, dicen que Mexico aun se defiende de las colmenas y que no esta tan mal como Estados Unidos. —Siempre se escuchaban esos rumores, mayormente de los comerciantes que vendían cualquier cosa como si fuera información importante y muchas veces eran puras patrañas—. Además, no esta mal tener un poco de... ¡Espera! —grito Frank de repente y Amanda freno de golpe el vehículo. —¡Que mierda! —Exclamo Amanda cuando vio lo que tenia en frente... Parecía una guerra... —Esos son Saltarines y... ¿Abejas? —pregunto casi atónito Jon. La calle estaba totalmente bloqueada por lo que parecía una batalla entre la banda de los Indigenas Saltarines y las abejas... El único problema es que era absurdamente grande, debían de haber aproximadamente mas de mil personas en es batalla, cientos y cientos de abejas se encontraban atrincherados en un edificio de color rojo que parecía como un castillo mientras que otros cientos de Saltarines se protegían con muros móviles hechos de escombros y pedazos de autos. Habían varios edificios en llamas, cientos de muertos por las calles, habían varios francotiradores en edificios cercanos, las Abejas tenían una especie de camión de gasolina convertido en un camión de guerra con ametralladoras montadas en la parte de arriba y llena de picos... Todo era un caos, los Saltarines parecían estar ganando (Ellos eran los que llevaban chalecos de cuero con un indígena bordado en la parte trasera) y casi todos los muertos parecían ser de las abejas (Que eran los que llevaban trajes de cuerpo completo de color amarillo y un panal de símbolo)... Pero lo mas inaudito era el hecho de que se suponía que los Saltarines eran aliados de las Abejas. —¡Esa es la razón por la que no encontrábamos a nadie, parecer que los Salatrines rompieron su trato! —grito Frank para que pudieran escucharlo entre los gritos mientras revisaba sus pistolas y las otras arma—. Debemos... ¡Mierda, agáchense! —De repente una bala a travesó el vidrio delantero y Amanda se dio cuenta que ahora un grupo grande de Saltarines les apuntaba. —¡Hijos de puta! —Exclamo Amanda indignada mientras aceleraba el auto hacia adelante. Golpeo una de las barreras de escombros y atropello a unos cuantos Saltarines. Las balas golpeaban el vehículo como una lluvia, ahora la mitad de los Saltarines les apuntaba. Una de las balas roso su cachete y Amanda maldijo cuando vio que por delante los Saltarines habían puesto todas las murallas en forma de una barrera. Amanda estuvo a punto de golpear la barrera, pero logro llevar el volante hacia la izquierda, por el único camino que se veía despejado de escombros y autos. El auto hecho chispas al rozar la barrera y estuvieron a punto de volcarse cuando le pasaron por delante a unos cuantos Saltarines. Amanda acelero con toda su fuerza, el motor sonó como el rugido de un león y salieron disparados del lugar. Frank se encontraba en la parte de atrás con el rifle de Amanda disparando a algunos Saltarines que trataban de seguirlos a pie y les disparaban con sus armas... Amanda pudo ver como en menos de cinco segundos Frank abatió a mas de quince Saltarines como si fueran nada e incluso a algunos francotiradores escondidos en los edificios. Amanda creía que Jon había nacido para disparar un arma, porque no conocía a nadie que fuera mejor que el, tal vez el faltarle un ojo le hacia mas natural apuntar. Jon también disparaba con una de las pistolas de Frank mientras maldecía a Nueva York. —¡Les dije que no era buena idea venir a esta mierda de ciudad! —grito Jon mientras le caía sangre de la frente, a el también le había rozado una bala. Podían escuchar los gritos de furia de los Saltarines que los seguían y algunos decían «Los lisiados»... Adiós a la discreción... —¡Cállate y dispara idiota! —Le reclamo Amanda mientras esquivaba a varios saltarines que salían de callejones o a algunos Perseguidores que se tiraban al auto como si supieran que eso podría volcar el auto.... —Ehh, chicos, tenemos un problema... —Amanda sintió como el volante del auto se tensaba y las llantas dejaban de funcionar bien... Y de repente el motor comenzó a echar humo y el auto se paro por completo y Amanda fue a dar un golpe al volante con su frente. Pudo ver como el blindado de la parte delantera estaba totalmente agujereadas por balas. —¡Mierda!, ¡Salgamos! —grito Frank. Los tres agarraron sus cosas lo mas rápido que pudieron (Por suerte llevaban todo en sus bolsos y lo único que dejaban eran unas prendas de ropa) y salieron casi a rastras y con la cabeza agachada del auto. —¡Con que muy blindado!, ¿No? —Le reclamo Amanda a Jon mientras corrían hacia un callejón para evitar los disparos, por suerte los perseguidores y otros zombies les prestaron mas atención a los Saltarines que gritaban y disparaban a lo loco. —¡En mi defensa, se veía muy bien cuando lo había revisado la primera vez! —Le discutió Jon mientras salían del callejón y se metían a otro, en el se encontraron con un grupo de ocho zombies, pero Frank disparo con la magnum de Jon y los remato antes de que siquiera se dieran cuenta de su presencia. Lo bueno era que había tanto desorden y caos en la ciudad, que un disparo mas no atraería la atención de otros zombies. —¡Dejen de discutir y corran! —Los regaño Frank después de matar a los zombies, escaparon lo mas lejos que pudieron de la zona de guerra. Paso una hora desde que escaparon de la guerra y ahora se encontraban escondiéndose en un edificio la sur de sonde los habían interceptado los Saltarines. El edificio era uno de los escondites de caza secretos de Jon cuando aun era parte de los cazadores de los conejos. Como era de esperar, el edificio era un desastre, había polvo por todos lados y tuvieron que ir a la terraza del edifico, porque todo lo demás estaba hecho escombros. Ya en el lugar descansaron un poco, Jon le limpio la herida a Amanda y Frank montaba guardia con su rifle para asegurarse de que nadie los seguía. La herida no era casi nada, solo un rasguño, pero Jon se veía muy preocupado, se preocupaba mucho por las heridas. —Recuerda lo que le paso al viejo Tom, se corto con la punta de una hoja de papel y termino muerto por la infección que contrajo —Era lo que siempre le contaba Jon cuando Amanda se quejaba de que se preocupaba mucho. Lo único es que Jon no recordaba que el viejo Tom tenia mas de ochenta años y que realmente murió de un infarto. —Mmm... Parece que nadie nos sigue —dijo Frank que se veía un poco mas calmado, aunque se le veía bastante cansado, probablemente por todo el ajetreo de tener que moverse por callejones tan angostos y al parecer le dolía un poco el brazo. —¡Dios, como odio esta ciudad!, no podemos estar mas de un minuto sin que haya una guerra o traten de matarnos —Amanda en serio detestaba esa ciudad y a todos los que vivian en ella. —Bueno, pues no podemos quedarnos por mucho tiempo, ya escuchaste a los Saltarines, nos lograron reconocer y no tardara mucho antes de que toda la ciudad lo sepa —dijo Jon después de terminar de vendar de manera muy exagerada el cachete de Amanda. —Deberíamos salir cuanto antes... —opino Frank, pero de repente se quejo y se sostuvo el brazo herido, Amanda lo miro preocupado— Mierda... Creo que me golpee el brazo cuando escapábamos —Frank sudaba mucho y tenia una expresión de dolor bastante terrible. —Mejor deberíamos esperar unas horas... —Amanda se preocupaba cada vez que Frank se golpeaba el brazo, a veces se desmayaba del dolor o no podían moverlo por un día entero, así que cada vez que pasaba algo así, trataban de no moverse mucho y de no entrar en combate. —Si... Creo que mejor descansemos por una hora... —dijo Frank que dejo de vigilar y le tendió el rifle a Jon (No dejo que Amanda lo tuviera porque supuestamente estaba muy herida). Frank se quedo mirando el piso mientras el sudor caía de su cara. Podían escuchar los disparos y gritos de dolor a pesar de lo lejos que se encontraban, habían explosiones por toda la ciudad, se escuchaban llantos y lamentos, edificios derrumbándose y se podía ver como el cielo se llenaba del humo de los incendios y las explosiones... Aquel era la ciudad que Amanda recordaba, el olor a sangre, humo y muerte, una ciudad en eterna guerra... No podía entender como alguien elegía vivir en aquel infierno. —Saben... Me acabo de recordar algo que decía un libro... Sobre como en la antigua sociedad las personas juzgaban a otros según su apariencia... —Frank parecía cansado y Amanda supuso que hablar lo ayudaba a ignorar un poco el dolor. —¿Y en que se diferencia con el mundo actual? —pregunto Amanda, ella no entendía mucho el atractivo del mundo de los libros, pero siempre aceptaba cuando Frank quería hablar sobre ellos y trataba de participar lo mas que podía—. Si vez a alguien que parece un psicópata, obviamente no trataras de hablar con el. —No, no de esa manera... Es mas bien como las personas eran tratadas distintas dependiendo de como se ven... Mmm, como por ejemplo, existía una época donde las personas insultaban a alguien solo porque era de un color distinto al suyo e incluso los llegaban a matar por esta razón... —Frank hablaba entrecortadamente, seguro que el dolor lo atormentaba. Cada vez que hablaba sobre un libro, la cara se le iluminaba. —¿Que?, eso no tiene ningún sentido —dijo Jon que dejo de revisar por el francotirador, Amanda lo miro enojada y este volvió a seguir vigilando, no quería que de repente les llegara un grupo de saqueadores y los mataran sin que se dieran cuenta. —Si, por ejemplo, si hubiéramos vivido hace mas de cien años, probablemente ustedes me habrían insultado o golpeado porque soy negro... —explico Frank. —Eso es imposible, ¿Por qué te golpearía solo por ser n***o? —pregunto Amanda que no entendía como era posible que alguien quisiera matar a alguien por ser n***o y no fuera un psicópata. —Habría muchas razones... Pero realmente, al final solo lo harías porque era algo que se hacia en esa época, algo que otros hacían y tu seguirías solo la corriente, aunque realmente no te importe... Con el paso del tiempo, las personas dejaron de preocuparse por el color o la r**a, después de todo, cualquiera que pudiera salvarte la vida, era bien recibido, aunque no te gustara su color... —dijo Frank que parecía estar recuperando un poco las fuerzas. —Pues seguro que las personas del viejo mundo eran muy estúpidas —Amanda se rio mientras estiraba un poco sus piernas, se le habían acalambrado un poco. —Bueno... No es tan distinto a nuestra época... Es como los Conejos Salvajes y los Lobos, nunca verías a un conejo hablando con un lobo, ni siquiera si sus vidas dependiera de eso... —dijo Frank. —Pero eso es distinto... Ambos están en diferentes grupos... Y están en guerra... —dijo Amanda, ella no entendía mucho sobre cosas de filosofía. —En realidad... Es casi lo mismo, las personas siguen odiando a otros por razones estúpidas, solo que ahora no lo hacen por el color de su piel o su r**a, sino por el símbolo de su uniforme... Incluso hubo un tiempo donde las mujeres se consideraban inferiores o mas débiles que los hombres... —dijo Frank riéndose, eso era una buena señal, Frank no acostumbraba a reírse mucho. —¿Que?, ¿Cómo es posible?... Estoy seguro que ninguno de los dos podría ganarle en una batalla a Amanda... O ningún otro hombre —dijo Jon que por suerte seguía vigilando. —Antes se trataba a las mujeres como si fueran una flor frágil... Pero con el tiempo, todos tuvieron que aprender a hacerse mas fuerte... Se podría decir que eso es algo bueno de nuestro mundo... Una pequeña cosa dentro de todas las demás cosas horribles... —expuso Frank. —Je, eso me gusta... Es algo bonito —dijo Amanda. Frank se veia mucho mejor que antes, eso era algo bueno. —Si... No se porque me recordé de eso... Tal vez por ver a todas esas personas gritando y matándose entre si... Creo que la humanidad siempre ha sido y siempre será igual, sin importar que tipo de catástrofe ocurra. —Estuvieron unos minutos mas sin hablar mucho cuando de repente Frank se levanto y movió un poco el brazo—. Creo que ya me siento un poco mejor... Podríamos ir yendo, no quiero estar mucho mas tiempo aquí. —¿Estas seguro que puedes seguir? —pregunto Amanda que no estaba muy segura de que se hubiera recuperado tan rápido. —Me... Duele menos que antes... Tranquila, no creo que me vaya a desmayar, el dolor no están intenso. —Se excuso Frank que agarro su equipaje y estiro un poco sus brazos—. Ahora si deberíamos irnos. —Yo... Creo que eso no será posible... —dijo Jon que estaba mirando el cielo. Frank alzo la mirada y su expresión se endureció. —Mierda... —dijo Frank con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Amanda también alzo la cabeza.... Y lo que vio no era nada bueno. El cielo estaba nublado y no por el humo... Una gota de agua le cayo en la cara a Amanda y toda la ciudad se oscureció como si se hubiera hecho de noche... Estaba lloviendo...
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