El Marqués se llevó la mano a la cara para cubrirse los ojos. —¡Dios mió! ¡Cuando pienso las cosas que le dije! ¡La forma en que la traté! Se veía tan pura... pero no podía creerlo. —¿Y qué crees que le haya pasado ahora?— preguntó el Capitán Vestey. El Marqués lanzó una exclamación. —¡Escapó de casa! ¿A dónde pudo haber ido? ¡Dios mío, Gervase! —¡Ojalá no sea lo que me imagino! Atravesó la habitación casi corriendo, abrió la puerta y salió al vestíbulo. El mayordomo esperaba afuera. —¿Adonde fue la señorita Stanyon?— preguntó—. ¿Lo sabe alguien? —No exactamente, milord— contestó el mayordomo. Pero cuando su señoría pareció sorprendido por su ausencia, traté de hacer averiguaciones. La señorita Stanyon no dijo a nadie adonde iba, pero le pidió al lacayo de la puerta que le indicara

