Capítulo 15

1317 Palabras
Me despedí de algunos invitados que estaban ya yéndose de la mansión. Regresé a mi habitación sintiéndome abrumada por las emociones y la confusión que habían dominado la noche. Sabía que tenía que hablar con alguien para poner en orden mis pensamientos, y la única persona en la que podía confiar plenamente era mi madre, Soo-Min. Llamé a mi madre y le pedí que viniera a mi cuarto esa noche. Poco después, ella llegó, su rostro lleno de preocupación. Nos sentamos en el sofá, y con un suspiro profundo, le confié todo lo que había estado sucediendo en mi vida: mi relación con Steven, la invitación de Cameron y cómo me sentía atrapada entre el pasado y el presente. Mi madre escuchó atentamente, sus ojos llenos de comprensión y empatía. Finalmente, tomó mi mano y comenzó a hablar en voz baja. —Maia, siempre quise protegerte de lo que vivimos en Corea del Sur —comenzó, con un tono lleno de nostalgia—. Recuerda cómo luchamos para sobrevivir en medio de la pobreza y la adversidad. Fue un momento difícil en nuestras vidas. Asentí con tristeza, recordando los tiempos difíciles en nuestro país de origen. Mi madre continuó. —Fue el padre de Atenea quien nos encontró en Argentina, ¿lo recuerdas? Y nos ofreció trabajo aquí. Fue una oportunidad para cambiar nuestras vidas, y no podía dejarla pasar —Bajé mi mirada cuando lo recordé, fue el momento más difícil de nuestras vidas—. Era eso o morirnos de hambre. Las lágrimas llenaron mis ojos mientras escuchaba la historia de cómo habíamos llegado a Canadá, mi madre siempre me lo recordaba cuando yo me sentía débil. Siempre había sabido que mi madre había sacrificado mucho para darme una vida mejor, pero escuchar su historia de primera mano me conmovió profundamente. Siempre me conmovía. —Maia, te amo más que a nada en el mundo —dijo mi madre con voz entrecortada, ella nunca tenía un lado amoroso, siempre ha tenido eso de su país de origen—. Quiero que seas feliz y que encuentres el amor que mereces. No importa la decisión que tomes, siempre estaré a tu lado. Pero, por favor, no engañes a tu propio corazón. Debes serte sincera contigo misma. Sus palabras llenaron mi corazón de gratitud y amor por mi madre. Sabía que debía enfrentar las decisiones difíciles que se avecinaban, pero también sabía que tenía el apoyo y el amor incondicional de mi madre en cada paso del camino. La conversación con mi madre me recordó que nuestras vidas estaban marcadas por las decisiones y sacrificios que habíamos hecho para escapar de la pobreza en Corea del Sur. Ahora, enfrentaba una nueva encrucijada en mi vida amorosa, y tenía que decidir qué camino tomar. La desilusión y la confusión seguían siendo parte de mi viaje, pero con el amor y el apoyo de mi madre, tenía la fuerza para enfrentar lo que viniera. La conversación con mi madre continuó en un tono de confesión y comprensión mutua. Después de un momento de silencio, mi madre habló de nuevo, pero esta vez con un tono más serio. —Maia, hay algo que necesito confesarte —dijo mi madre en voz baja—. Siempre he sabido lo que estaba pasando entre tú y Cameron. Desde el principio, vi cómo se miraban y cómo se cuidaban el uno al otro. Nunca dudé de que fuese malo para ti, pero siempre supe que él te rompería el corazón como lo hizo en varias oportunidades. Y te lo dije solo una vez para que lo vieras tú misma. Mis ojos se abrieron de par en par, sorprendida por su confesión. No sabía que mi madre había estado al tanto de lo que había estado sucediendo entre Cameron y yo. —Mamá, ¿cómo lo supiste? —pregunté, sintiendo una mezcla de curiosidad y confusión. Soo-Min sonrió con tristeza antes de responder. —Madre siempre sabe, Maia —dijo con ternura—. Pude ver en tus ojos que Cameron quería algo más contigo, algo serio. Él quería casarse contigo, ¿verdad? Asentí con cautela, sin saber qué esperar de esta conversación. —Sí, mamá, es cierto. Cameron me lo propuso una vez, pero decidí no aceptar —confesé. Mi madre asintió con comprensión. —Entiendo tus razones, Maia. Pero también quiero que recuerdes que el amor puede ser complicado. Tienes una oportunidad con alguien que te conoce desde hace mucho tiempo y que ha estado dispuesto a luchar por ti. Pero también tienes el derecho de seguir tu corazón y tomar la decisión que sientas que es la correcta. Sus palabras resonaron en mi corazón mientras procesaba la conversación. Mi madre estaba tratando de mostrarme que las decisiones en el amor eran difíciles, pero que tenía el derecho de elegir mi propio camino. —Park Maia, sea cual sea la decisión que tomes, te aconsejo que hables con sinceridad con ambas personas involucradas —continuó mi madre—. La honestidad es la base de cualquier relación. Habla con Steven y Cameron, explícales tus sentimientos y tus dudas. Deja que te comprendan, y que ellos también compartan sus pensamientos y deseos contigo. Sus palabras resonaron en mí como un consejo sabio y sensible. Sabía que tenía que enfrentar la situación con sinceridad y compasión, no solo hacia mí misma, sino también hacia Steven y Cameron. La conversación con mi madre había arrojado luz sobre mis sentimientos y mi camino a seguir. La desilusión y la confusión seguían siendo parte de mi vida, pero ahora tenía una perspectiva valiosa para tomar decisiones informadas y seguir adelante con mi corazón abierto. Cuando ella se fue de la habitación, me senté de nuevo en el sofá que daba hacia el patio. Vi a Cameron sentado con los pies dentro del agua de la piscina. La noche estaba fresca, y quizás era otra oportunidad de darme por vencida en el amor con él y con todo lo que me rodeaba. Suspiré y respiré hondo antes de salir de la habitación sin importar ya qué. Bajé las escaleras y salí al patio, la mirada de Cameron se cruzó con la mía. —Pensé que ya te habías dormido —habló—. ¿No tienes frío? Señaló mis brazos descubiertos, me senté a su lado quitándome los zapatos antes de meter mis pies en el agua. Cameron se quitó la chaqueta y me colocó en los hombros. —No puedo dormir, pienso mucho en ti —él se giró con una sonrisa—. En el buen sentido. —Lo sé —comentó—. Y yo debería dejarte ir como me lo pediste. Me acerqué un poco a él. —No sé qué haré contigo... —dije rendida—. Y con esto. Esto es un lío. —No tienes que hacer nada, pero entiendo que no puedas traicionarlo a él. En eso tenía razón, no podía cometer una traición. Una dulce traición que podría estar dispuesta a cometer. —Sí... —afirmé—. Esto es demasiado complicado. —He pensado en nuestro pasado, y sigo pensando en qué fui un idiota. —Hay cosas que no cambiarán, y lo sabes —dije. Nuestras miradas se desconectaron de inmediato luego de eso. Vi que Cameron se tiró al agua con la ropa puesta, y de un jalón me tiró a mí también. Me encontré bajo el agua, zambullida entre burbujas, y vi su rostro entre las olas. Saqué mi cabeza del agua quejándome del vestido estropeado. —¡Ten cuidado, idiota! —grité enfadada. Él no dejaba de reírse. —No entiendo como pretendes alejarme sí me haces sentir más atraído a ti. De un solo tirón volvió a arrastrarme a él, y me sostuvo fuerte mientras que volvía a besarme. Soy una maldita idiota, lo sé, pero ¿cómo podría escapar de semejante atracción?
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