Me despierto entre sábanas, me doy la media vuelta y veo a Cameron en la cama.
Sonreí un poco, aunque arrepentida de haber cedido a ello.
Me visto lentamente sin hacer algún ruido, a punto de irme de la habitación puedo sentir su mano tocarme. Me atrajo hacia sí, me giré al verle la cara y vi que él también estaba un poco arrepentido.
—Esto es un poco confuso, pero, me gustó tenerte aquí y que estés conmigo —confesó—. No quiero que se lo menciones a alguien sobre esto, tiene que ser un secreto.
Ese era el principal problema: Que lo nuestro se vuelva un secreto de nuevo.
Y esta vez no iba a volver a ceder.
—No estuve contigo por qué quiero volver —le dije—. Realmente deberíamos acabar con esto y ya.
Escuché risas en el living de la mansión, me apresuré a terminar de vestirme.
Cameron hizo lo mismo, aunque dejándose un pantalón y su pecho descubierto.
Bajé las escaleras y casi tropiezo cuando veo s Steven conversar con Aryan y Rebeca, la madre de Atenea.
—¡Oh, Maia! —la sonrisa de Steven se ensanchó de oreja a oreja—. Perdona por no avisarte, pensé en...
Su sonrisa se bajó cuando vio a Cameron detrás de mí.
—¡Hijo! ¡Ponte una camiseta! —reclamó Aryan a Cameron.
—Veo que estás muy ocupada —interrumpió Steven, en ese momento parecía que el mundo se congelaba a mi alrededor. Él tomó su chaqueta y se dirigió a la puerta—. Mejor dejo que sigas con tus cosas, nunca debí venir a darte una sorpresa.
Me sentí atrapada en un torbellino de emociones.
Sabía que tenía que ser honesta, pero también sabía que mis acciones habían herido profundamente a Steven.
—Steven, lo siento. Cometí un error. Cameron y yo compartimos un momento anoche, pero... Eso fue todo.
Steven me interrumpió, su mirada llena de tristeza.
—No necesitas explicaciones, Maia. Entiendo lo que pasó. Lo vi en tus ojos cuando me miraste.
—Hermano, realmente no hicimos nada. Solamente nadamos en la piscina y ella se durmió luego, hemos compartido cama... No es para que hagas tanto drama, fue solo una... —Cameron cayó al suelo cuando Steven lo golpeó de un puñetazo.
Aryan corrió a socorrerlo de inmediato.
Vi la mirada fría de Rebeca y supe que debía llevarme a Steven de allí,
—¡¿Cómo puedes hacer algo así?! —le reclamé.
—Lo siento, Maia, no pude controlarme sabiendo que ese maldito pudo aprovecharse de ti de nuevo.
Noté una mirada violenta en él, algo que no me gustó en lo absoluto.
—¿Por qué viniste sin avisar? —pregunté.
—Vine a Alberta con Lana, no dudé en preguntarle a Atenea por ti, cuando la llamé estaba muy ebria —confesó—. Dudé en ella y en que estuviera cuidándote, así que tuve que sacar la dirección para encontrarte. Sé que esto no es bueno, pero me preocupé, ¿entiendes?, ¿y cómo es que recibo esto a cambio? No es justo, Maia.
Le toqué el rostro en forma cariñosa para calmarlo, pero fue en vano.
—No me acosté con Cameron, ¿sí?
Tampoco recordaba sí lo había hecho, solo sabía que había amanecido en la misma cama.
—No sé cómo quieres que haga para creerte.
La desilusión se apoderó de mí mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas. Sabía que había traicionado la confianza de Steven, y eso era algo que no podía deshacer.
—Steven, por favor, déjame explicar...
—No hay necesidad, Maia. Entiendo que jamás podrás olvidarlo.
Había una línea entre desilusión y atracción, pero era una línea más gruesa que delgada.
—Por favor, Steven, te prometo que nada sucedió, ¿sí? —Él no parecía muy convencido del todo.
Pero creo que lo convencí cuando traté de explicarle de nuevo la situación.
—Mira, quiero creerte. Pero sé la historia, y me cuesta hacerlo —Steven me dio la mano y supe que todo estaría casi bien, al menos pude calmar el nerviosismo de mi mente y corazón—. Trataré de hacerlo. Sé que prometiste que estarías bien, y sé que lo haces siempre. Pero me quedaré contigo hasta que vuelvas a Vancouver, ¿de acuerdo?
Eso no iba a ser un problema para mí, excepto que iba a tener que no estar en tensión con Cameron.
Decidimos hacer lo mejor de la situación y explorar la mansión juntos, aunque la tensión entre Steven y Cameron era palpable. Había momentos incómodos en los que cruzábamos miradas y palabras cortantes.
Durante la cena, la atmósfera se volvió aún más tensa.
Cameron y yo intentamos mantener una conversación ligera, pero Steven estaba claramente incómodo.
—Lamento mucho el golpe —murmuró Steven hacia Cameron, quien llevaba una bolsa de hielo en su pómulo—. No suelo ser agresivo, solamente creo haberme dejado llevar por la situación.
Aryan parecía feliz luego de la disculpa de Steven, que hasta ese entonces lo miraba con desconfianza.
—Qué buen chico eres, Steven, ¿de dónde has dicho que eres? —pregunta mi madre, la habíamos invitado a cenar.
—Ucrania —respondió él—. Aunque mi madre lo es.
Cameron soltó una risa de repente.
—¿Qué es lo gracioso, hijo? —pregunta Aryan, algo confundida por el comportamiento de su hijo.
—Oh nada, recordé un chiste —se estaba comportando como un verdadero patán, él miró a Steven de una forma agresiva-pasiva, como burlándose de él—. Recordé que en Ucrania sucedió lo del estallido de Chernóbil.
A Steven no le cayó bien el chiste.
—No entiendo lo gracioso, muchas personas murieron allí por sus vidas.
Cameron no dejaba de reírse, aunque se levantó de la mesa y se fue riéndose.
—No le hagas caso —le dije—. Es un idiota.
Aryan me escuchó decir eso e hizo un gesto con una mueca. No le había gustado nada que hablase así de él.
Ella lo amaba mucho, al igual que su otro hijo, Lucian, ellos eran su vida entera.
Cuando terminamos la cena, fui en busca de mi maleta para comenzar a prepararla. Saldríamos al mediodía del aeropuerto, con un vuelo único a Vancouver. Sin embargo, había sido un fin de semana incomodo.
Sentí la mano de Steven rozarme la espalda.
—Nena, estás tensa, ¿estás bien? —le dije que sí con la cabeza un poco triste—. Lana ha vuelto a Vancouver esta tarde.
—Pensé que irías con ella. No deberías dejar sola a tu hermana con esa situación que me has contado.
—Fue por eso mismo que vinimos, pero ya todo está bien —Se acercó para besarme el cuello, dejándome un beso cálido allí—. Maia, ¿puedo preguntarte algo? —Afirmé con la cabeza—. Es que, Lana y yo queremos realizar un concierto a beneficio, ¿crees que la familia de Cameron pueda apoyarnos?
Dudé de ello, y de ahora tener una complicada situación con Aryan.
Parecía que la relación se estaba enfriando.
—Sí, claro, podemos intentarlo.
—Eres la mejor, nena —dijo besándome de nuevo—, pero tiene mucha ropa, ¿no te importa sí te la quito?
Nos reímos un buen rato por ello, y luego hicimos el amor.
Cuando anocheció por completo, me quedé mirando las estrellas brillantes del cielo de Alberta.
Y, claramente, a lo lejos vi a Cameron sentado en el borde de la piscina. Con un cigarrillo entre sus dedos, dando una calada tras otra, y dejando expulsar todo su ser entre el humo y la nostalgia.
Deseé nunca haberlo conocido.