Capítulo 13

1195 Palabras
Pasaron algunos días desde mi último encuentro con Steven, y las cosas habían estado relativamente tranquilas. La confusión que sentía por tener a dos hombres en mi vida aún persistía, y estaba tratando de encontrar claridad en medio de la neblina de emociones. Una tarde, mientras estaba en mi departamento, el timbre sonó. Al abrir la puerta, me encontré con Cameron, con una sonrisa cautivadora en el rostro. Aunque habíamos decidido ser amigos, no podía evitar sentir una ligera tensión cada vez que lo veía. —Maia, ¿puedo hablar contigo un momento? —dijo Cameron, su mirada llena de determinación. Aquel día no había ido a la oficina, era mi día libre. Y para él también. Asentí y lo invité a entrar. Se veía elegante como siempre, y eso solo aumentaba la nostalgia por los tiempos en que éramos más que amigos. —¿De qué querías hablar? —Maia, el fin de semana próximo están organizando un evento en la mansión de la familia —comenzó Cameron—. Me gustaría que vinieras conmigo. Sé que hemos decidido ser amigos, pero quiero que vuelvas a casa por un tiempo. Además, tu madre estará contenta de verte. La invitación me tomó por sorpresa. La mansión de la familia de Cameron era un lugar lleno de recuerdos compartidos y una parte importante de nuestra historia juntos. Mi mente se llenó de recuerdos de días felices y momentos especiales que habíamos compartido allí. —Cameron, no estoy segura de que sea una buena idea —dije con cautela, tratando de evitar una respuesta definitiva. Cameron se acercó un poco más, su expresión intensa. —Entiendo que las cosas hayan cambiado entre nosotros, pero no puedo evitar sentir que aún hay algo especial entre nos. Tal vez solo necesitemos un poco de tiempo juntos para recordar lo que solíamos ser... —Se alejó cuando se dio cuenta que la tensión iba a irse por la borda sí volvía a provocarme de esa forma—. Lo siento, quiero decir... Quiero que vuelvas a casa. Me encontré en una situación complicada. Por un lado, estaba comprometida en darle una oportunidad a mi relación con Steven, pero, por otro lado, la invitación de Cameron resonaba con nostalgia y posibilidades. La desilusión y el conflicto regresaron mientras consideraba su propuesta. —Cameron, esto es complicado —dije con sinceridad—. Tengo que pensarlo. No puedo tomar esta decisión sin considerar cómo afectaría, además ahora salgo con alguien más. Cameron asintió con comprensión, aunque su mirada reflejaba una determinación obstinada. —Entiendo. Solo quiero que sepas que aún me importas mucho, y estoy dispuesto a luchar por nosotros si alguna vez decides darle una oportunidad a lo que solíamos tener... O al menos sientes que podríamos volver el tiempo atrás. Con esas palabras, Cameron se despidió y se fue, dejándome en un mar de pensamientos y emociones. Sabía que enfrentaría decisiones difíciles en los días por venir, y la confusión parecía aumentar con cada giro inesperado en mi vida amorosa. ──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ──── Colgué el teléfono, luego de hablar con mi madre, cuando vi la camioneta de Steven acercarse poco a poco. —¿Te ayudo con eso? —preguntó bajándose de la camioneta—. Me alegra que vayas a ver a tu madre, ya quiero conocerla. —Por supuesto, le agradarás mucho —dije entre risas—, aunque ella crea que deba ser virgen hasta el matrimonio. Steven también comenzó a reírse con eso. Tomó la maleta y la colocó en la caja de su camioneta. —¿Cuánto tiempo te irás? —preguntó con cautela. —Es por el fin de semana, el lunes estaré en la oficina de nuevo. —¿Irás sola? —volvió a preguntar, pero le cambié de tema para no tener que enfrentar esa situación. Al llegar al aeropuerto, le pedí que me diera la maleta. —Bueno, tengo un corto viaje hasta Alberta —dije mientras tomaba la maleta—. Será quizá una hora o menos. —¿Tapones para los oídos? —una risita traviesa nació de su boca—. Ya en serio, ¿no has traído chicles? —No suelo tener esos problemas —comencé a caminar hacia la entrada del aeropuerto—, además, ¿quién come chicle en un avión? ¿No está prohibido eso? —le di un beso en la mejilla antes de despedirme del todo—. Te llamaré cuando llegue, ¿está bien? Steven me tomó del rostro y me besó. —Hazlo, o te castigaré —dijo entre risas—. Te extrañaré un poco. Su sonrisa se bajó de repente cuando miró por encima de mí. Me giré y vi a Cameron parado junto a su chofer. —Te llamaré, lo prometo, ¿sí? —Añadí antes de tomar la maleta e irme caminando en dirección hacia Cameron. Me giré un poco preocupara para saludarlo por última vez antes de enfocarme en el camino. Cameron se giró a verme y no parecía muy contento con lo visto. Nos embarcamos en el jet privado, y en ese momento, me senté a un costado y casi alejada de él. —Ahora creo haberlo visto todo —dijo, otra vez con ese tono provocador e impulsivo—. Entiendo por qué no quieres volver. —¿Y a ti que te picó? —pregunté—. Al fin entiendes por qué ya no te deseo. No dijo nada más luego de eso. Llegamos a Alberta en menos de lo esperado, aquel lugar donde había crecido. Un chofer de la familia pasó a buscarnos, me alegré al verle ya que era alguien que conocía hace años. Me introduje en la camioneta, sin embargo, Cameron no lo hizo. Vi su figura parada alejarse mientras que la camioneta se ponía en marcha. —El señor Brown no quiso compartir vehículo con usted —confesó Harry, el joven chofer de la familia—. Fue una decisión inesperada, ni yo sé el por qué. ¿Ustedes se han separado o algo así? Agaché mi cabeza. —Nunca estuvimos juntos... —confesé, el chofer parecía un poco sorprendido. —Lo sospeché —dijo entre risas, miró por el espejo y se dio cuenta que no estaba riéndome a su par—. Lo siento, no era mi intención reírme de usted. Realmente desconozco la intención de aquella actitud, pero se encontrarán en la mansión luego. Me recosté sobre el asiento y vi el enorme lago ante mis ojos. Alberta era un lugar de ensueño, y quizá mucho más hermoso que Vancouver. Me bajé del coche y corrí a abrazar a mi madre cuando la vi parada en la puerta de la casa. —¡Mamá! —grité con alegría dando saltitos. Ella, como siempre, un poco fría y distante. —Maia, te ves muy delgada, ¿kimchi? —preguntó mientras me hacía pasar a la enorme mansión—. Lo preparé hace unos días. Me giré al ver sí veía la camioneta de Cameron, pero nada de eso ocurrió. Decidí despejar mi mente y olvidarme de eso. Al fin regresé a casa.
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