Estaba en la puerta del edificio esperando a Cameron.
Lucía un vestido casi transparente con una chaqueta de cuero por encima.
Él llegó en motocicleta, algo típico de él. Lo hace cuando está en su tiempo libre.
—Perdona la tardanza, creí que no iba a haber tanto tráfico —se quita el casco y me mira, tenía el cabello despeinado—. ¿Por qué tienes esa cara? Parece que no te alegra verme.
—Pues no, eso está claro —le digo, inmediatamente me coloco el casco y salimos acelerados por la calle. Me aferro a su cintura mientras disfruto la vista frente nosotros.
Paseamos un buen rato por la ciudad, terminamos estacionando la moto al frente de un restaurant c***o.
—Hoy se me antoja algo de ramen, o sushi, ¿qué piensas? —murmuró mientras apagaba la motocicleta.
Apoyó un pie en el suelo y sentí que me caía hacia un costado.
—Pienso lo mismo, se me antoja eso.
Me bajo del vehículo y lo espero a él.
En un abrir y cerrar de ojos, Cameron me había puesto una mano en mi cintura, atrayéndome hacia él.
—Se me antojan unos besos tuyos —me dice demasiado cerca.
—A mí no —le digo, soltándome de su agarre.
Creí haber sentido mariposas, pero sentí más enojo que eso.
—Vaya, que mala eres —dijo entre risas mientras caminaba junto a mí—. ¿Será que luego de la cena sí me lo das?
—No sé que quieres que te de —me di la vuelta y lo miré, entramos al local y él ya había reservado un lugar.
Nos sentamos e inmediatamente nos trajeron la carta.
—He estado pensando darte el puesto de socia —Cameron era alguien directo, muy directo. No le gustaba los rondeos, ni fingir que algo le gustaba. Él iba, por su propia cuenta, y hacía lo que le apetecía sin pedirle permiso a alguien.
Agarré mi carta y comencé a leerla para calmar los nervios.
—Quieres algo a cambio, ¿no es así? —lo miré por encima del libro, él me guiñó el ojo—. Lo sabía.
—Ya sabes lo que quiero, ya me conoces.
—Pensé que con Georgia era más que suficiente.
Él bufa. Sabe que no me quedaré callada.
El mozo llega y pido lo mío. Cameron hace lo mismo.
—¿De nuevo empezarás con eso? —el mozo se lleva las cartas, Cameron se acomoda en su silla—. Georgia es parte del pasado, ya te lo dije. No tengo nada más con ella. No estamos juntos.
—¿Y cómo explicas su visita nocturna? Porque tu oficina no es una sala de visitas del hospital.
—¿Estás celosa?
Mi pierna comenzó a temblar.
—N-no... ¿Celosa? ¿Yo? ¿Por qué debería estarlo? Eres mi ex.
Cameron chocó su rodilla con la mía.
—Porque sé cuando te pones de esa forma. Tiemblas. No controlas tu ansiedad, muerdes tu labio inferior tratando de controlar ese nerviosismo... Estás celosa, no aceptas que vea a mi ex en ciertas circunstancias. No aceptas que esté con alguien más.
Le pegué con mi pie por debajo de la mesa.
—Todo lo que dices es una puta mentira, ¿para qué mierda me trajiste hasta aquí?
—Solamente quería que habláramos como dos personas civilizadas.
Su teléfono comenzó a sonar, en la pantalla vi el nombre de ''Gigi'', era Georgia.
Y la tenía con dos emojis de corazones.
—¿No vas a atender? —le pregunté con sarcasmo.
—No la necesito ahora. Me debe unos documentos.
La comida llegó más rápido de lo que esperaba.
Mi plato era langostinos al vapor, con verduras salteadas y ensalada.
Vi el plato de Cameron y solamente era ramen.
—¿Comerás solo eso? —cuestioné—. Parece poco.
—No hay nadie más en este restorán que lo prepare tan bien... Al igual que tu madre.
Mi madre y Cameron han tenido una bonita relación siempre. Mi madre nos preparaba ramen, para mí, él, y Atenea. Cuando éramos pequeños, teníamos una gran conexión. Mientras que Lucian, el hermano mayor de Cameron, siempre fue muy reservado y tímido. No le gustaba el ramen de mi madre, siempre decía que la comida occidental era un sacrilegio que los americanos no podíamos tocar.
Un día, y lo recuerdo muy bien, mi madre habló a solas con él y le sirvió ramen. Lucian se negó a comerlo en su presencia, mientras que Cameron y yo espiábamos, vimos que Lucian en menos de 5 minutos ya se lo había terminado.
En ese momento Cameron había tocado mi mano sin querer con la suya. Nos miramos. Hubo chispa.
—Teníamos trece años —dije casi en silencio.
—Trece años... —murmuró él, creo que me había escuchado decir eso—. Ha pasado volando el tiempo.
Le dio un sorbo a su ramen y me quedé contemplándolo.
—Creo que deberíamos terminar —dije de repente.
Él alzó su vista.
—¿Quieres terminar conmigo? ¿Siendo exnovios?
—Quiero decir... No nos hacemos bien. Eso está claro. Deberías conseguirte otra socia.
A Cameron no le gustaba fracasar.
—Le tienes miedo al éxito, eso está claro.
—No le temo al éxito, solamente quiero ya no estar en tu vida.
Me levanté y caminé en dirección a la salida.
—¿No eras tú la que fue a pedirme trabajo y fingió ser otra persona con otro curriculum? —dijo, me di la vuelta y lo vi de pie—. Te recuerdo que aún quedará algo de nosotros, no puedes negarte a esto que tenemos. Es algo del que no puedes escapar.
Tenía razón, no era nada fácil.
—Lo intentaré.
—No creo que podamos estar lejos uno del otro. Siempre volveremos a vernos.
Comencé a caminar de nuevo hacia la salida. Sentí sus pasos en mi espalda.
—Tomaré un taxi, no te preocupes por mí —dije en voz alta, sin darme la vuelta.
—Tampoco iba a hacerlo. Sí quieres cortar este vínculo, lo haremos. Lo prometo.
Lo conocía, cuando prometía algo realmente lo cumplía.
Caminé durante un buen rato hasta que llegué a la esquina del edificio de Cameron. Muy cerca de allí reconocí el coche del chofer de Atenea. Seguramente ella estaba allí. Me acerqué apresurada y fui directo allí.
Era un bar, con música indie.
Entré esquivando un par de parejas besuqueándose, mientras que me pedía una cerveza en la barra. Vi a mi amiga con otros amigos, me acerqué a ella y le toqué la cintura. Se sorprendió y pegó un grito.
—¡Maldita perra! ¡¿Cómo se te ocurre asustarme así?! —me abrazó fuertemente—. ¿Y Cameron?
—Tiempo pasado, amiga —le respondí con una sonrisa apagada.
—Oh... —supo decir, fue lo último que me dijo antes de girarse a ver el show.
Las luces se encendieron cuando pasó el presentador, subiéndose al escenario.
—Damas y caballeros, hoy tenemos el gran honor de presentarles a la banda indie rock del momento. Ellos son como una familia, él es un bajista muy popular entre las mujeres, amante de los perros. Ella es una dulce rockera de nacimiento, de una voz adictiva. Y luego viene... Carl —las risas aumentaron por todo el local—. Ellos son... ¡The Climbers!
Apareció Steven en la escena. Y ella, la chica de la foto. Ambos se acercaron al micrófono a cantar la primera estrofa.
—Girl, since I met you nothing's been the same... —Atenea se volteó y me guiñó el ojo—. I'm thinking that you're good for me.
—Esa parte pareciera que fue hecha para ti —me dijo muy fuerte al oído.
Me reí por lo bajo. No lo creía en absoluto.
Ella tomó el mando del micrófono.
—Boy, ever since I saw her picture I'm jealous —No pude evitar ponerme algo enojada.
—Ok baby don't be mad we're just friends —volvió a cantar él, y luego huyó para tocar su bajo.
Los aplausos, y como la gente seguía el ritmo de la canción... Era notorio que amaban su banda.
La mirada de Steven se conectó con la mía en un momento. Fue como un brillo se mantuvo en sus ojos.
Me dedicó una sonrisa, cómo sí estuviese feliz que estuviera allí viéndolo.
Tomé un sorbo de mi cerveza y me dejé llevar por el ritmo.