Capítulo 7

1299 Palabras
El show terminó y fui por otra cerveza. Alguien me había tocado el hombro y cuando me giré vi que era Steven. Nos saludamos con un beso en la mejilla. —Veo que te gustó el show —me dijo muy cerca, pude sentir su dulce perfume—. Por cierto, quería explicarte lo que pasó la otra vez. Debo serte franco, porque bueno, quiero conocerte y conectar contigo. Esbozo una sonrisa coqueta. —Supongo que realmente te intereso. —Por supuesto, ¿lo estabas dudando? Creo que es demasiado obvio —nos reímos a la par, de repente veo a la rubia pasar y ella lo saluda desde lejos con una sonrisa aún más coqueta—. Ella es Jenny. Es mi hermana mayor. Casi escupo la cerveza cuando dijo eso. —¿Qué? —Lo que oíste... —dijo entre risas—. Te dije que debía explicártelo. No supe que decir. Supongo que estaba roja de la vergüenza. —¿Y la pequeña? —volví a preguntar. —Es su hija, mi sobrina. Su esposo falleció hace unos dos años, él era el cuarto integrante de la banda. Ahora ella sale con Carl, el baterista... —No sabía donde carajos meterme. Era mucha pena ajena demasiado junta. —Soy una estúpida —dije, dándome la vuelta—. Sobrepensé todo. —No te juzgo... —comentó—. Pero qué bueno que ya hemos aclarado las cosas. Hubo un silencio, atormentado por la música de fondo. Atenea se había ido antes de que el show acabe. —Vine en mi camioneta, por sí deseas volver a casa conmigo —apuntó hacia afuera y pude ver una camioneta ochentona estacionada—. Disculpa sí resulta ser muy vintage para ti. Yo soy muy vintage para ti. Me reí nerviosa. —No hay nada malo. Mi madre tenía la misma hace unos años. —Entonces estás familiarizada con las cosas vintage —soltó entre murmuros—. Estás linda hoy. Había olvidado lo que llevaba puesto. No quise pensar en Cameron en ese momento pero lo hice. —Pienso que deberíamos marchar, ¿qué te parece? —Pienso lo mismo... ¿Te gustaría ir por un helado? Dije que sí con la cabeza, y nos fuimos del bar. Subimos a la camioneta y él lo puso en marcha. Cuando llegamos a la tienda móvil de helados, nos dimos cuenta que estaba cerrado. Steven bufó por eso, pero le dije que no se preocupara. Nos sentamos cerca de la orilla del río Vancouver. —¿Quieres? —me ofreció un cigarro de menta. Acepté. Él se acercó a mí y usó su encendedor para prenderme el cigarro. —Qué rico huele —le comenté—. Hace mucho que no fumo. ¿Lo haces habitual? —Solamente cuando salgo con una chica bonita, qué sé que arruinaré la cita. Por eso fumo, para arruinar la cita y que piense que soy un adicto a las sustancias ilícitas y ella sale corriendo. Nos echamos a reír. —¿De verdad? —pregunté. —Por supuesto que no, ¿quién carajos hace eso? —le dio una calada a su cigarro—. Fumo para relajarme. —Yo igual, no me interesa. Solamente fumo con chicos bonitos. Steven giró su cabeza y me hizo una mueca de burla. —No creo que te parezca bonito —murmuró—. Al menos no después de verme rockear en el escenario. —Me gustó mucho esa canción... —solté. Él esbozó una sonrisa. Un poco tímida. —La escribí hace un tiempo —comentó—. Cuando me gustaba mucho una chica que conocí. Pero luego vi que tenía novio, o bueno, un chico que siempre tocaba el timbre de su apartamento. Entonces me dije: ''debes olvidarte de ella...'', y salió esa canción. —Mmmh... —dije mientras terminaba mi cigarro—. ¿Y quién es ella? —No puedo decírtelo —respondió—. Es secreto de artista. Me levanté y comencé a caminar por la orilla. Él hizo lo mismo luego de apagar su cigarro. —¿Puedo preguntarte algo? —mi voz parecía quebrarse. Él se detuvo frente a mí con la mano en los bolsillos. —Dime. —¿Por qué me dejaste entrar a tu apartamento esa noche? —le pregunté. Steven no esquivó la pregunta, solamente aplanó sus labios. —No sé sí lo entenderías —se balanceó un poco de atrás hacía adelante—. Pero realmente he notado tu presencia mucho antes. Es decir, te he visto más de una vez. Y eso me descolocó. ''Wow, esta chica es muy interesante, creo que me gusta un poco...''. Y luego vi a tu chico, o quién sea, y dije que me alejaría de ti. Pero cuando te volví a ver ese día, no pude no ser bueno contigo. Sabía que iban a quitarte el coche y el departamento. —No tenías porque sentir lastima por mí. —No es lastima, no lo entenderías. Tampoco es solidaridad. Es simplemente... Es porque me gustas. Agaché mi mirada un poco confusa. Me acerqué un poco más a él. —¿Te molestaría acercarte un poco a mí? —le dije. Steven parecía sorprendido. —No... —se acercó, nos miramos fijamente—. Jeju. —¿Qué? —pregunté muy intrigada. —Tus rasgos, tu voz. Quiero creer que tus padres son de la isla de Jeju. Había acertado. Mi padre lo fue. —¿Polonia? —Steven comenzó a reírse carcajadas. —Estuviste un poco cerca... —apenas pronunció entre risas—. Klev, Ucrania. —No pareces —Steven se acercó un poco más—. Ni acercándote tanto. Me toma de la cintura y me besa. Eso no lo vi venir para nada. Se separa y apoya su frente con la mía. —Jeju... —dijo entre risas—. Me gustas tanto. Quise contener la risa pero fue imposible. —Creo que tú también, Klev. Nuevamente nos miramos y de nuevo nos besamos. Camino a casa, mientras estacionaba la camioneta, vi la moto de Cameron estacionada. Algo me decía que no andaba bien. —Reconozco esa moto —dijo Steven—. ¿Sucederá algo? —No lo sé, pero creo que ya debo subir al depa —murmuré apresurando mi paso—. Te veré mañana. No dejé que me contestara, rápidamente subí a mi departamento e intenté abrir rápido. Cameron abrió la puerta y se apoyó contra el marco del mismo. —Pensé que estarías aquí. Te llamé toda la puta noche. —Estaba haciendo mis cosas, ¿no dijimos que olvidaríamos esto? —lo empujo hacia un costado y entro al apartamento, veo como él cierra la puerta mientras que Steven se queda mirándome con intriga. Odiaba esa situación. Debía sentirte traicionado. —Me preocupa todo lo que hablamos, ¿estás bien? —me tomó del brazo y me hizo girar para verlo—. ¿Alguien te está manipulando y no quieres decírmelo? Sabes que puedo encargarme de esa persona. Me solté furiosa. —¿Todo lo tienes que arreglar con violencia? ¿Es necesaria esa mierda? Estoy cansada que quieras controlar lo que hago, ¡déjame en paz! Te lo pedí en la cena porque creo que es necesario. Vives follando con Georgia, cuando no estás conmigo ahí estás con ella. ¡Quiero dejar de ser tu maldita segunda opción! —grité con todas mis fuerzas. Sentí su mano en mi espalda. —Eres siempre mi primera opción —murmura cerca de mí. Sentía que me debilitaba en su presencia. Había algo, no sabía que era, que me hacía entregarme a él una y otra vez. —Te odio —bufé mientras que apoyaba mi frente en su pecho.
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