Capítulo 5 - Te haré caso mamá

1804 Palabras
Betty, Betty, la veía conducir, dos años y medio sin verla, miré hacia atrás y la carita de mi hija me regaló esa hermosa sonrisa. No podía negar que las extrañé demasiado, tanto que en más de una ocasión me llené de estudios para no buscarlas. —Llegamos, ¿ahora qué? —Espérenme aquí, Rosa debe estar bastante enojada, puedo tardar un poco. —Bien. —miró al frente—. Voy a estacionarme de aquel lado, miró la hora—. Allá te esperamos. Bajé de su automóvil gris, el rojo que vi en el garaje debía ser el de Catalina, a ella siempre le habían gustado los colores. Llegué a la recepción, cancelé la estadía, me preguntaron por Rosa y dejé pago el de ella hasta el día de mañana. Si se queda será por cuenta. Aunque no lo creo, no gasta un peso. La verdad hace unas semanas teníamos fuertes diferencias, varias semanas de no tener sexo. Hace tres días discutimos muy fuerte, las fotos subidas a su red social compartiendo con sus amigos me molestó no por lo que sienta sino por la mentira dicha, nunca la he celado. Cuando le conté a mi madre, ella sugirió hacer lo que en este momento realizaba, era un cúmulo de situaciones a tener presente. Rosa no le caía bien a mi madre y viceversa. La diferencia entre ellas era que mi mamá se ha mantenido al margen, no le gusta, la acepta porque me empeñé en convertirla en mi novia, pero nunca he vivido con ella. Después de pelear con Rosa y al desahogarme con la señora Mary sus palabras retumbaban en mi cabeza, fue enfática al decir que mi problema era Betty, por eso no me entrego por completo a nadie. Eso mismo reclamaba Rosa. Mientras subía a la habitación recordé esa conversación con la señora Taylor. —Hijo, he sido honesta con relación a tu relación y no me gusta meterme en tu vida, de hecho, has demostrado lo bien criado, trabajas, estudias demasiado para alcanzar tus metas, ya te graduaste con honores. —mi carrera era de tres años y saqué unas materias adelante. » Como madre te digo, Rosa no es para ti, tal vez tú has sido el único en su vida y eso lo valoras, también veo que por eso condenas a Betty. —Yo también fui el primero en la vida de Betty y ese no era problema. —Mamá, ¿seguirás con el mismo cuento? —Escúchame, dame ese gusto al menos, no me quiero morir mañana y no sea que no pueda subir al cielo porque no ser sincera contigo y decirte lo que pienso. —Bien. —Aprovecha esta pelea con esa niña que… ¡Perdóname! Es un parásito, no estudia, no trabaja, trata mal a sus padres, tiene su casa y pasa metida en tu apartamento, ¡no me gusta! Por eso aprovecha que hizo algo que no te gustó y libérate unos días. Si lo haces, por favor, pasa esos días en Montería, con Cadie y analiza a Betty. —A qué viene Betty… —Betty es y será el amor de tu vida, aunque al parecer te hizo algo imperdonable, y no es que quedara embarazada de otro, de ser así, no le habrías dado tu apellido a la niña. Te lo digo es porque todos me dicen que ella no sale con nadie, nunca más ha vuelto a salir si no es con Cata. Se ha dedicado a su hija, su universidad y trabajo, si vieras cómo la alaban en las r************* por su manera de escribir. —Mamá. —Viaja un par de semanas, sé honesto contigo mismo, mira si puedes perdonar eso que no te deja ser feliz, si no puedes. Entonces regresa a los brazos de Rosa y entrégate por completo a esa muchacha. » He hablado mucho con Betty por Cadie, hace seis meses en las vacaciones fuimos a visitarlas por quince días y la pasamos increíble. Hablando con Samanta y Rafael supimos que Betty ha rechazado como cuatro pretendientes. Una vez dijo eso, una corriente de ira me inundó todo el cuerpo. ¿Por qué con Rosa no siento eso?— ¿Vez a lo que me refiero?, apenas escuchaste pretendientes al asecho, te pones rojo, pero cuando te digo, he visto a Rosa en más de una ocasión con hombres, tú solo me dices que son amigos. —Porque lo son mamá. —Dios, eres inteligente para muchas cosas y algo tarado para otras. La virginidad no te da pruebas de la fidelidad de una mujer, solo el corazón te da esa certificación. Una mujer pudo haber sido una bandida, pero cuando su corazón se enamora, no hay poder humano que lo haga cometer una traicionar. » Solo espero esa no sea tu manera de pensar. A donde quiero llegar es que Betty le dijo a Samanta que tú fuiste el último hombre en besarla y no quiere borrar ese sutil recuerdo de su piel. —Mi corazón se aceleró. Eso fue hace casi tres años. —¿Por qué me cuentas eso mamá? —Porque el corazón de madre no se equivoca, debía decírtelo. Comprueba con tus ojos lo dicho, han pasado mucho tiempo donde Betty no ha estado con nadie. Si eso era lo que necesitabas, ve y compruébalo. Me parece absurdo y retrógrado pensar que eres tan anticuado. —¿Cómo le dices a tu mamá que te cuesta perdonar es que ella se acostó con dos de tus mejores amigos?— Eso es lo que necesitas para ser por completo feliz. Aléjate de ese pulpo que es Rosa. Por eso estoy aquí. Le hice caso al consejo de mi madre. No puedo negar, ver a Betty aceleró mi corazón de una manera diferente, verla un sábado con ropa de estar en la casa relajada cuando ella no perdonaba los fines de semana, de entrada, me confirma que ya eso lo ha cambiado. Toqué la puerta de la habitación. Rosa abrió, sonrió de oreja a oreja. —Recapacitaste. ¿Ya me perdonaste? —hizo pucheros—. Solo salí a divertirme un ratico, sabes que no hice nada malo. —Rosa, yo te pedí tiempo, no solo fue este fin de semana, se te ha vuelto una costumbre, salir con tu hermana y amigos. Yo necesito un tiempo. —Pero viniste. —Sí, a buscar mi maleta, ya te dejé pago hasta el día de mañana. —Se puso roja. —Veo que ya dejaste de amarme, ¿cómo me vas a dejar desamparada? —Mira Rosa, así como conseguiste el dinero para comprar el tiquete y venir a esta ciudad, compra el de regreso o gasta en la estadía en este lugar. Tomé las maletas—. Yo vine a pasar las vacaciones con mi hija. —Ella no es tu hija. —¡Lo es! —Le alcé la voz, las únicas veces que le grito era cuando se metía con Cadie—. Mi hija es la razón por la cual no estamos bien. Nos vemos en quince días Rosa. —¡Eres mi marido! —Soy tu novio, nunca te he pedido que vengas a vivir conmigo y menos matrimonio. Nos vemos. Tomé las dos maletas, la pequeña donde guardé mi ropa y la gigante donde traía los regalos a los niños. —No puedo creer que aún estés interesado en esa perra, se acostó con tus mejores amigos. Salí de la habitación, ahora no solo sudaba por la temperatura de Montería, sino por la rabia. Esa era la puta razón por la cual no he perdonado a Betty, ella se pudo haber acostado con miles, el problema era que se acostó con dos de mis mejores amigos. Cuando salí ella se encontraba del otro lado de la calle. Le había comprado a Cadie un helado, tenía a la niña sentada en el capó del auto. Se dio cuenta de mi mirada, me dirigí a ellas y bajó a la niña. —Por tu rostro las cosas no salieron tan bien. —Mi enojo no es por ella. —miré a Betty—. Quiero conducir. —dije serió. —Claro. Me entregó las llaves, se subió en el puesto de copiloto, guardé las maletas, Cadie subió en el asiento trasero. Ya era de noche, tal vez mi madre tenía razón, necesitaba aclarar mi situación con ella. Al llegar a la casa ya casi a las once de la noche, la niña quería que yo la durmiera. Mientras lo hacía, me sentí completo, feliz, sentado en una mecedora en la sala de una casa hogareña, con la vista de Betty en un mueble escribiendo con un boli en la boca. Esa sencillez que ellas siempre me han transmitido, era lo que necesitaba, el problema soy yo y mi maldito orgullo. —Esta muñeca se durmió. Llegué hasta donde Betty, dejó el computador a un lado y con el boli en la boca extendió los brazos para cargar a la niña, le quité lo que tenía en la boca y me lo metí en la mía. » Boli de kola con leche. —En la nevera hay de varios sabores, con esta oleada de calor que hay en la cuidad, refrescan bastante. —¿Cuál es el cuarto de la niña? Hablé con la boca llena. Presioné el boli para terminar de comerlo, la seguí escalera arriba, acosté a la niña, ella el echó la bendición y salimos, mi cuarto sería el de al frente. —Gracias, por pasar estos días con ella. —Lo necesitaba. —Bien, yo seguiré terminando mi trabajo. —Vas a mitad de carrera, ¿cierto? —Sí, no pude adelantar materias, no doy abasto, Ceci tampoco pudo, aunque la carrera de ella es de cuatro años, adelantó un semestre, por lo que en junio termina. —Ya seriamos cuatro los profesionales, Cata nos contagió el terminar antes. Lucas lo está logrando también. —comenté. —Tu carrera y la de Dylan eran de tres años. Eso es casi la mitad del tiempo de mi carrera. Y con Catalina y Luchas no contamos, ellos demostraron ser inteligente y disciplinados. —¿Sigue odiando a Dylan? —Eso dice ella de dientes pa’ afuera. Es evidente que lo espera, Catalina es de esas mujeres que nacen para un solo hombres. —Lo mismo mi amigo. ¿Y tú? —Se puso nerviosa. —Yo por decisión propia decidí ser de uno. Que pases buenas noches. Salió apresurada dejando mi corazón acelerado, como un idiota sonreí, te voy a hacer caso mamá, dejaré que las cosas pasen como deben pasar y después de quince días miraré que hago. Pero te concedo, el estar entre los Páez era la mejor terapia para pensar.
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