Capítulo 4 - El regreso a Montería

1891 Palabras
No le he prestado atención a lo que estaba diciendo Eugenio, en dos ocasiones Megan me ha dado un par de patadas por debajo de la mesa. No podido sacar de la cabeza lo que le escuché decir a Catalina. «Espero ese ser no tenga la intención de recuperar una amistad que él destruyó, él ya no es nada para mí, mucho menos volverá a ser mi héroe, ahora es el feo villano. Ahora yo tengo a mis amigos y a mis pretendientes». ¡Ningún pretendiente, ni un carajo Bodoque!, no me he sacrificado este tiempo por ti, para que hora digas; voy a tener o aceptar pretendientes. Definitivamente, ya debía arreglar mi regreso. No iba a permitir que ande besuqueándose con otro. «Yo le he sido fiel, declaré mi vida en celibato hasta volver a tu lado», como quisiera poder aclarar todo, pero aún no se puede, no obstante, debo hacerte entender Catalina Suárez que solo yo puedo tocarte. ¡No faltaba más! «¿Ahora tengo pretendientes?» —Las voces habían cesado y yo seguía en mi mundo. —¿Quién tiene pretendientes? ¿Sé puede saber en qué estás pensando?, porque no paras de hacer mofas. —¿Qué? Eugenio se cruzó de brazos, Megan solo negó divertida, no me he acostumbrado a verla con ese cabello anaranjado chillón. —Dylan, ¿qué te pasa?, ¿has escuchado algo del proyecto que te ganaste? Negué con sinceridad. He tenido una buena relación con él y ni se diga con Megan. Esa escandalosa era una gran amiga. Además, ellos sabina todo sobre mi vida y la promesa que hice con relación a mi novia. —Debemos buscar la manera de trabajar desde Montería, me radicaré en esa ciudad con todo lo necesario para continuar con mis grabaciones. —¿Piensas tirar todo lo que has logrado? —Eugenio se cruzó de brazos. —Siempre les he dicho que apenas me necesitaran en Montería dejaría todo, ahora no lo pienso dejar tirado, solo trasladarlo, puedo viajar, saben que los conciertos no es lo mío y Megan ha realizado una gran campaña por internet. Por eso soy tan famoso. —Hoy no me agrada tu sinceridad. El estudio a instalar en Mon… En esa ciudad a dónde vas, debe ser igual al mío, para poder trabajar de manera correcta y en la misma sintonía. —Así será —sonreí. —¿Entonces me voy a radicar en la ciudad de Catalina? —comentó Megan. —Sí, y desde ya te advierto que hace un calor infernal, el sol sale desde las seis de la mañana fuerte y candente, ese pelo naranjado se puede encenderse literal. —Me lanzó el borrador que tenía en su mano. —¡Idiota! Si no me pagaras lo que me pagas te dejó tirado. —Vas a amar esa tierra, es algo costumbrista, pero mágica. —¿Cuándo te vas? Mañana firmamos contrato, serás tú el artista que haga el homenaje a Julio Iglesias. —Eso me tiene emocionado. Viajo cuando termine de comprar las cosas, conseguir un apartamento o casa donde pueda trabajar. —Bien, te ayudaré a instalar el estudio, deberás comprar muchos instrumentos. —¿Catalina tiene algo que ver? Me preguntó Megan, ellos sabían todo, además ya veían a Catalina como una más del grupo, casi todas mis canciones son para ella. —Tiene todo que ver, la señorita anda diciendo que va a aceptar a sus pretendientes. —Si haces todo con tiempo, tu viaje sería en cuestión de nada, quiero ayudarte de manera silenciosa, no quiero medios de comunicación. —Será el tiempo justo para asistir el grado de Bodoque. —Bueno muchacho, comencemos a trabajar en pro a eso. Yo no me iré, pero mientras instalo tu cuarto de sonido y grabación conoceré a esa Oro ¿cómo se llama el pueblo donde compraste esas tierras? —Ciénaga de Oro. Me reí de imaginarme a Eugenio en abarcas, eso era tradición de mi parte, no seré el único, debía lograr que muchos padecieran. En ocasiones los fines de semana en verano me las ponía. Nos despedimos, ahora debía poner al tanto a mi abuela, también a Rafael, necesito que me pases opciones de casas o apartamentos. Ellos vivían en una inmensa casa. Es más, le diré a Rafa que Bodoque escoja el lugar donde a ella le guste. Esa será nuestra casa. Bajé del Audi, apenas ingresé en la casa en la que vivimos en Nueva York, la abuela preparaba la cena. Ya no trabajaba, la tienda de variedades en el centro comercial la vendió, ahora yo cubría todos sus gastos y de sus necesidades como una vez lo juré. —Buenas noches, abuela. Me dio el beso, se puso a servirme, había una muchacha ayudante en las cosas de la casa, aunque seguía de terca, era imposible evitar que arreglara la casa. —Ve al comedor, ya te llevo la cena, hice enchilada con pollo. —Siempre te luces. No te demores, necesito hablar contigo. —Eso me suena a cambios. Dame un segundo. —No se demoró, trajo los dos platos—. Catalina salió muy bien de su última cirugía, la dejarán en la clínica unos días. Rochi me dice que se ve muy bonita. —Mi Bodoque siempre ha sido muy bonita. —Tú la vez con los ojos de enamorado como borrego idiotizado, ¡por cierto!, ya te compré las medicinas que debes tomarte, las que usas desde hace un par de años, sigo sin terminar de aceptar ese plan. Pero Samanta y Rochi dicen que es lo mejor. —¿Acaso no quieres tener bisnietos? Ya me había comido una Enchilada, le quedaron deliciosas, por el medicamento que me dieron no podía comer tanto picante, aun así, la abuela cocinaba increíble. —No es eso, lo que le hiciste hace casi tres años los alejó. —Abuela, ya hemos hablado de eso, lo hice por salvarle la vida, ahora lo que pasará es porque tenemos una oportunidad de tener nuestros propios hijos, y no puedo decirle nada de eso, ya que volvió a formársele esa bendita bolsa donde se le acumula la sangre. No le han dicho nada, la tiene muy pequeña, sin embargo, deberá estar vacía para darle espacio a mis hijos. —Lo veo muy riesgoso. —Por eso son esas pastillas, están potencializando mi esperma. La abuela se sonrojó, voy a montársela, no tengo a mi lado a Cata, pero sus dichos los tengo más enraizados, al mencionarlos se siente como si la tuviera al lado. » Ahora que regrese, por favor, cuando llegue Catalina a la casa no se te dé por entrar a mi cuarto como lo haces siempre a recoger mis cosas, puedes encontrarme en una situación comprometedora. —El manotazo fue grande—. ¡Auch! —dije riendo. —¡Deja de decir esas majaderías, condenado chamaco! —Se le salió el mexicano. —Abuela, ¡eso es normal! —¡Eso es íntimo! Se puso rojita cuál tomate, ¡no!, como el achote como diría Bodoque. —¿Acaso mi mamá fue producto de la cigüeña y no de noches extenuantes bajo el sudor tuyo y de mi abuelo? Levanté el plato y corrí a terminar de comer en la isla de la cocina, ella se quedó renegando, mientras que yo terminaba de comer, me tomé las pastillas. Solo falta que de tanto tomar esta vaina nos lleguen dos niños o hasta más. Lavé mi plato y la señora María me miraba mal por arriba de los lentes. —¿Qué ibas a decirme? Porque no creo que sea esas babosadas indecentes e irrespetuosas. —Nos vamos a vivir a Montería en unos meses. La rabia de esa bella mujer desapareció y ahora me regaló una sonrisa, me abrazó, correspondí a su abrazo, la besé en la frente. —Esa es la mejor noticia, ¡ya mismo llamo a Rochi! —Se han vuelto las mejores amigas del mundo. —Solo que no le digan a Bodoque. —Hijo, si compras una casa, trata de buscarla con un apartamento para mí, no quiero estorbar. —Un momento señora María Gaitán. ¿Qué me está diciendo? —Vas a casarte, formar una familia y los viejos estorbamos… —No la dejé terminar. —Usted es mi abuela, usted es la mujer que con sus manualidades le ayudaba a mi madre a pagar las cuentas de la casa, usted es la mujer que me cuidaba mientras ella se partía el lomo trabajando para darme una educación. » Si la mujer escogida como compañera de vida no te ve con admiración, respeto y comprensión se va. Usted estará a mi lado hasta el día que Dios decida llévate o llevarme con él. Si ella no te acepta, no es la mujer perfecta para mí. » Y para tu tranquilidad le recuerdo que Catalina te adora. Tú no eres un estorbo y no quiero volver a escucharte decir eso. Ahora me llegó la hora de devolverte todo lo que tú me has dado en estos próximos vientres años. No tengo a mamá a mi lado, para darle lo prometido en mis infantiles palabras de niño. » No, abuela. Así no puedas caminar, estarás conmigo, así repitas mil veces lo mismo, te escucharé todos los días. —Mi abuela comenzó a llorar—. No es que tú seas primero que ella, o ella primero que tú, son amores y temas diferentes. Si quieres conocer el mundo hazlo, pero regresas a nuestra casa. —Nos señalé. —Yo quiero vivir en la finca que compraste hijo. —Pues entonces vivirás ahí. Yo solo espero saber dónde desea vivir Catalina. Si escoge una casa en Montería podrás repartir tu tiempo entre las dos. No eres, ni seas un estorbo. —Te amo, hijo. —Y yo, abuela. Le di un beso en la frente, nos retiramos cada uno a su habitación, al ingresar en la habitación sobre mi cama tenía un enorme cuadro de una fotografía con mi Bodoque. Me desnudé para bañarme, ¿cómo habrá quedado Catalina?, no he querido que me manden fotos de ella. En mi mente mantengo el recuerdo de mi carita redondita, de su manito gordita. Espero no se haya obsesionado con quedar muy delgada, esperemos a ver qué pasa. Que pasen rápido estos meses. Salí de la ducha, me puse algo cómodo para dormir, apenas me acosté y sonó el celular, era Megan. —¿Tú no dejas dormir? —Solo porque estoy muy contenta con mi trabajo, no te digo que te vayas a meter el dedo en donde nunca te da el sol. —¡Grosera! —¡Tú empezaste! Te llamaba porque por fin conseguí la entrevista con Franchesca la mejor presentadora del momento. —Gracias, yo sabía que lo harías. —Baboso, ya la agendé. —Perfecto. Ahora deja dormir. —Sí, si ya sé, te dejo para que puedas dormir. Hasta el viernes. Dejé el celular al lado del reloj; regaló de Catalina. ¿Qué estarás haciendo Bodoque? Mi mente me transportó a sus recuerdos, a esa hermosa sonrisa y a sus elocuentes frases. Ahora la ansiedad me jugará malas pasadas. Lo único claro era, no me aceptarás tan fácil, pero ya necesito verte. —Te amo Bodoque.
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