El día 13 de diciembre, y con ello mi cumpleaños número trece, llegó con rapidez, ese día sería el último partido de la temporada antes de las vacaciones de navidad y estaba nerviosa ya que como todos los primeros y últimos partidos era Slytherin contra Gryffindor.
Nos estábamos preparando en los vestuarios mientras los compañeros del equipo me felicitaban.
— ¡Vaya día para jugar! — exclamó Mel llegando al vestuario empapada — ¡Felicidades peque! — exclamó al verme levantándome en peso en un abrazo de oso.
— Gracias — exclamé intentando coger aire.
— ¡Esta diluviando! — exclamó Mark mirando fuera mientras estrujaba su capa.
— No la estrujes, en cuanto salgas volverá a pesar lo mismo — le respondí con una mueca mirando el exterior.
— ¡Hora de jugar! ¡Venga chavales a mojarse toca! — exclamó Jake con la escoba en alto, montando y saliendo del vestuario velozmente.
El partido transcurrió sin muchos incidentes, ya que entre los jugadores no nos veíamos bien, lo que evitaba muchas de las jugadas sucias de Slytherin por falta de visibilidad.
Horas después oí el pitido final, al parecer habíamos ganado de milagro, ya que Slytherin había conseguido coger la snitch en el último momento, pero teníamos 160 puntos de ventaja, haciéndonos ganar por 10 afortunados puntos.
Nada más pisar suelo Mel me miró con horror, lo que hizo que me diera la vuelta, entrecerrando los ojos para intentar ver lo que ella veía.
Grave error, una bludger impactó con fuerza contra mi cabeza, lanzándome varios metros hacia atrás, cayendo desmayada ante los gritos de horror de mis compañeros y amigos que habían saltado al campo a festejar la victoria.
Desperté semanas después en una cama de la enfermería, casi a punto de terminar las vacaciones de navidad.
El sol alumbraba en tonos dorados la enfermería, y a los pies de mi cama una montaña de regalos.
Me senté sobándome la cabeza con algo de dolor en ella y empecé a desenvolver regalos.
Estaban mezclados los de mi cumpleaños con los de navidad, ya que ambos días me los había pasado inconsciente.
La Señora Pomfrey entró cuando ya había desenvuelto todos los regalos y comía tranquilamente unas varitas de regaliz.
— Parece que ya se encuentra despierta Señorita Lestrange — dijo la mujer amablemente sonriéndome.
— ¿A qué día estamos? — pregunté reincorporándome en la cama.
— Mañana empiezan las clases si es lo que quiere saber.
Suspiré con pesar, había pasado todas las vacaciones inconsciente y por ende no había disfrutado de los días nevados, de los chocolates calientes, de los paseos por el castillo ni de las deliciosas comidas del colegio.
Me levanté y tras decirme la enfermera que las cosas aparecerían en mi cuarto salí en busca de alguien conocido con quien pasar el último día de navidad.
Nada más salir choque con Jay, que estaba entrando por la puerta de la enfermería.
— ¿Éride? ¡Éride! — exclamó Jay abrazándome con fuerza.
— ¿Qué pasa? — le pregunté sonriente abrazándole por los hombros.
— Llevo viniendo todos los días a verte esperando que despertaras ¡y justo cuando me voy a comer te despiertas! — exclamó entusiasta sonriéndome y volviéndome a abrazar más fuerte y zarandeándome, haciéndome reír.
Nos dedicamos a pasear el resto del día, cogidos de la mano y viviendo las típicas caídas de Jay, que intentaba hacer alguna tontería que nunca salía bien.
Esa noche, en la cena, si no me comí media mesa no comí nada, me había pasado todas las vacaciones en cama, sin comer, y ahora, hambrienta y con una mesa llena de manjares no había criatura mágica o no mágica que pudiera contenerme.
A mitad de la cena Jay empezó a poner caras raras, mirando los bombones de menta y chocolate con dudosidad.
Su cara empezó a llenarse de forúnculos y su piel se tornó rojiza.
Lo miré preocupada, quitándole el chocolate de la mano y dejándolo en la mesa para mirar disimuladamente a nuestro alrededor, encontrándome con Sirius y James intentando no reírse.
Los miré mal y me levanté golpeando la mesa y mirándolos furiosa.
Jay me cogió del brazo y negó con la cabeza.
Lo miré por un momento y soltando todo el aire cogí su mano.
— Vamos a la enfermería — dije para acompañarle a dicho lugar, donde con una poción desapareció su roja piel y los forúnculos.
Paramos en una intersección de pasillos.
— Mañana nos vemos ¿vale? — me pregunté besando mi cabeza y sonriéndome.
Asentí.
— Mañana nos vemos donde siempre, ten cuidado esos dos siguen por ahí — dije refiriéndome a los culpables de su visita a la enfermería.
Jay asintió y dándome un último beso se fue por uno de los pasillos.
Esperé un poco, mirando por donde se había ido.
Algo me decía que no iba a pasar nada bueno.
Seguí disimuladamente a Jay por los pasillos hasta que vi como James y Sirius le cortaban el paso, haciéndole levitar.
— Ey Jay, creo que deberías dejar de meterte en nuestro camino — dijo Sirius.
— Bájame Sirius — dijo Jay tranquilo.
— No te bajare hasta que aceptes mi propuesta — dijo Sirius.
— Si es salir contigo antes muerto — dijo Jay divertido.
Sirius hizo una mueca rara.
— Más quisieras Lee, lo que quiero es que dejes de salir con Éride — dijo Sirius.
— No pienso hacer eso — dijo Jay dejando de sonreír.
— Pues no pienso bajarte — dijo Sirius.
— Bien, porque tengo todo el tiempo del mundo para estar aquí colgado — dijo Jay de brazos cruzados mirando mal a Sirius que le miraba enfadado.
— Venga, solo acepta cortar con Éride, Sirius la vio primero, es una norma entre tíos, el que la ve primero se la queda — dijo James intentando hacer fluir la conversación al campo de su amigo.
— No, no pienso dejar a Éride por un crio como tú — dijo Jay mirando a Sirius furioso — es demasiado buena para ti.
— ¡No, es demasiado buena para ti! — exclamó Sirius estallando en ira.
— ¡Ya vale! — grité saliendo de detrás de una armadura, furiosa y apuntando con la varita a Sirius — ¡Bájale, ahora!
— No — dijo Sirius sin mirarme.
— No te lo he pedido, te lo he ordenado, bájale — ordené de nuevo.
— No — volvió a decir.
Lo miré en silencio por un momento.
— Bien — dije para hacer un movimiento de varita y que Jay cayera al suelo estrepitosamente haciendo que corriera hacia él — ¿Estas bien? Perdón, perdón...
— No pasa nada — dijo sonriéndome apoyándose en mi para levantarse mientras se sobaba el hombro sobre el que había caído.
— ¿Seguro? — dije inspeccionándole preocupada.
— Sí, estoy bien ¿Tu estas bien? — preguntó Jay.
— Pues claro, yo no me he pegado ese trompazo — dije sonriéndole haciendo que riera.
— ¡¿Queréis dejar de hacer como si un estuviéramos aquí?! — exclamó Sirius enfadado.
— Tu... — dije enfadada acercándome a él con la varita en alto mientras James se ponía delante de su amigo y Jay me sujetaba — ¡No te vuelvas a acercar a él!
— ¡Pues corta con él! — exclamó Sirius enfadado.
— ¿Porque iba a cortar con él? — pregunté cabreada.
— Para salir conmigo — dijo Sirius.
— ¡Antes beso al calamar gigante! — exclamé — Vamos, te acompaño a tu casa — dije cogiendo a Jay del brazo y mirando a Sirius y James con desconfianza.
— Siento que te hayan hecho esas cosas... es culpa mía... — dije tristemente cuando paramos delante de la entrada a su sala común.
— No digas eso — dijo sujetándome las mejillas con sus manos — pasaría por un millón de bromas con tal de estar contigo, eres perfecta, te quiero ¿Lo sabes?
Sonreí y asentí.
— Yo también te quiero Jay — le susurré mientras su nariz rozaba la mía, haciéndome cerrar los ojos mientras mi cuerpo parecía ascender a una nubosa sub-realidad.
Sus labios acariciaron los míos para danzar poco después al compás.
— Buenas noches — dijo Jay sonriéndome.
— Buenas noches — le respondí viendo cómo se metía en su sala común y tras unos segundos me iba a la de Gryffindor.