CAPITULO 111

1107 Palabras

DORIAN La Cisterna huele a humedad eterna y a silencio podrido. Las paredes de piedra sudan frío, un frío que se me clava en los huesos y se queda ahí, haciéndome compañía. Cada gota que cae del techo marca un segundo perdido, un latido menos en el corazón de este lugar. Bajo los escalones. Mis pasos son el único sonido, hasta que no lo son. Él está allí. En su jaula de oro. No una celda sórdida, sino un espacio dentro de la misma cisterna, reformado con prisa pero con cierta consideración: una cama angosta pero limpia, un lavabo, un inodoro químico tras una cortina. Una jaula, pero una jaula digna. Para un hombre de Dios. Esperándome. Lo sabe. Sabe por qué he vuelto. Es nuestro ritual. Levanta la cabeza desde donde está sentado en el borde de la cama. Sus ojos, en la penumbra, no tiene

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR