DORIAN En Palermo, la ley siempre llega tarde. Y cuando llega, lo hace pidiendo permiso. La famiglia Martinelli no necesitaba órdenes judiciales ni sellos oficiales. Aquí bastaba un gesto, una llamada, una palabra susurrada al oído correcto. La policía lo sabía. Por eso rara vez cruzaba nuestras fronteras sin bajar la cabeza y dejar claro quién mandaba de verdad. Pero esa noche… esa noche olía distinto. Las sirenas ya se habían apagado, aunque las patrullas seguían apostadas frente al viejo casino de las colinas, como perros nerviosos cuidando un c*****r que no les pertenecía. Había cuerpos cubiertos con lonas negras. Uno de ellos tenía nombre y apellido demasiado importantes. Andrea Vitale. Hijo del ministro del Interior. Eso rompía la omertà. Eso exigía sangre. Fue lo que dijo Matt

