CAPITULO 91

981 Palabras

VALENTINA La madrugada todavía abrazaba los pasillos del orfanato cuando crucé el umbral. Todo estaba cubierto de sombras, como si el edificio mismo quisiera fingir que no me veía irme. El aire era frío y cada paso resonaba demasiado fuerte, como una confesión. Apreté la mochila contra mi pecho. No pesaba casi nada, pero sentía que cargaba una vida entera. Me detuve un instante. Miré atrás. Esperaba —no sé por qué— ver aparecer al padre Vittorio. Una última palabra. Una bendición. O solo su presencia, para no irme sola. Pero no hubo nadie. Ni pasos, ni luces, ni voces. Solo el silencio… y la certeza. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Me cubrí la boca con la mano para no sollozar. No quería que el orfanato me escuchara romperme. Afuera, el viejo camión esperaba envuelto en la bruma.

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