Capítulo 7

1883 Palabras
—¡La familia Mitso es una vergüenza!. —¡La familia real fue corrompida!. —¡¿Quién dijo eso?!, ¡¿Por qué me trajeron aquí?! —preguntó con todas mis fuerzas. Mientras intento librarme de las enredaderas que se envuelven en mi cuerpo. —¡Hija de la pecadora!. —Mi madre no era una pecadora, ¡Ella era la única que me amaba!, ¡Ella me protegió!, ¡No se atrevan a hablar mal de mí madre!. —Eres un pecado, ¡La sangre de hadas no se debió mezclar con la de los no hadas!. —¡Tienes que morir!. —¡No, no!. —¡Muere!. —¡No, No! —grito y las enredaderas siguen subiendo, mi antebrazo, el brazo, mis hombros, mi cintura, mi cuello. —¡Deténganse, deben parar por favor!. Mi madre no es una pecadora, ella era el guardián de este lugar, ¡Ellas los protegió y así le agradecen!, ¡Sus corazones no son distintos a los humanos!. —¡Alida! —me llaman… ¡¿Rubí ?!, la luz me envuelve sacándole de ese tétrico lugar—, ¿Alida? —¡Ah, ahh!, Rubí —abrazo al lindo conejito. —¿Qué sucedió? —pregunta Ámbar mirándome con pena. Niego con mi cabeza. —Nada fue una pesadilla. —¿Segura?. Niego de nuevo, ¿La sangre no debió mezclarse? —Mi madre, ¿Es una pecadora?. —¡¿Quién demonios dijo semejante blasfemia?! —refuta Pericon y al escuchar la maldición del tonto rey, la piedra que apretaba mi pecho desapareció. —Gracias. —No me agradezcas mocosa, es la verdad. Sonrió y asiento. Miró el árbol, ¿Podré despertar a otra criatura?. —¿Puedo ver otra…?, Gema. —No puedes —dice Ámbar que parece un poco molesta—. No vuelvas a tomar otra gema Alida, todavía no estás lista, debes fortalecerte antes que puedas ayudar al resto de ellos además debo investigar con más detenimiento por seguridad de todos. —Oh —respondo, me siento un poco patética, ¿Soy demasiado débil?. No puedo ayudarlos. ¿Seguridad?, ¿Fue malo lo que hice? Mi mejilla se humedece, el pequeño panda corre y abraza mi mano mientras sonríe, por lo menos a él pude ayudarlo. Rubí salta a mi hombro. —Es muy lindo —dice Rubí emocionada. —Si —concuerdo y parece que Rubí también comparte mi obsesión por las cosas bonitas y mullidas—. Me esforzaré para dejar de ser débil. —Alida no te preocupes, no eres débil —espeta y miro confundida a Ámbar, ¿No lo soy?—, solo necesitas aprender a controlar tu verdadera fuerza. —¿Verdadera fuerza?. —Sí, pero otro día hablaremos de eso... Cuando tengas tiempo regresa y continuaremos la charla. —Está bien, ¡Yo regresaré!. —Rubí acompáñala —ordena el rey incómodo. Abro mis ojos sorprendida, ¿Rubí irá conmigo?. —¿Puedo ir con ella? —pregunta ella también confundida. —Eres su compañera debes de estar con ella —dice alegre Ámbar ante nuestra emoción. —Bien —contestamos ambas felices. —Los veré pronto —añado y abrazo a Rubí. —Espero que no sea tan pronto —interpela el intento de rey. —No lo decía por ti, sino por Ámbar y por Pudin —remarcó y cuando terminó de nombrar al pequeño oso un anillo apareció en mi mano derecha, ¡Oh, oh, creo que esto no es bueno!, la luz envuelve al pequeño panda, una gema oscura aparece en frente que es del mismo color que el anillo. —¡¿Qué acabas de hacerle a mi nuevo súbdito?! —grita el rey Pericón. ¡Juró que soy inocente, no sé qué está pasando! —reflexionó, ¡Yo no lo sé, no hice nada, brillaron y este anillo con gema de color chocolate apareció en mi mano! Yo tampoco entiendo nada, vivía en la ciudad y ahí lo máximo que cuide fue a un hámster que murió por deshidratación porque lo deje jugando en el sol toda la tarde dentro de su jaula y sin agua, a partir de ahí me prohibieron volver a cuidar un ser vivo, ya sea planta o animal porque a la semana también murieron las nuevas flores de Jazmín que compre e intente criar, ¡No es mi culpa, bueno si fue mi culpa pero obedecí las palabras de mi tía y no volví a tener ningún ser vivo a mi cargo!. No sé si es normal que un panda bebé brille. —Ámbar, ¿Qué sucede? —Inquiere Pericón que me fulmina con sus ojos. —No lo sé, es la primera vez que veo algo así, tu madre adoraba cuidar a los pequeños y ponerles nombre junto al rey hada pero nunca ocurrió algo como esto —informa Ámbar y saca un libro debajo de su ala, ¿Eso siempre estuvo ahí?. Miro al diminuto panda, sus ojos brillan llenos de vida, si se queda conmigo probablemente esos ojos dejen de brillar y va a morir miserablemente. —Rey inútil ten a tu súbdito. Pericón lo atrapa con sus plumas y el panda rompe a llorar, Ambar intenta consolarlo pero él no deja de llorar, mi corazón se retuerce, me duele al verlo así pero debo de ser fuerte, él debe vivir. ¿Qué sentido tiene salvarlo si después va a terminar muriendo?. —Alida sujeta al pequeño —pide Ámbar, ¿Yo?. —No, no… —No terminó de negarme que Ámbar lo arroja hacia mí, por reflejo lo atrapó y al verme él sonríe, lame mi mejilla, se recuesta en mis brazos y ¿Duerme?, espera, despierta no es momento para dormir. ¿Tan fácil te puedes dormir?, ¿Esto es no es lógico?, abre tus ojos. —No me miren de esa forma, solo es coincidencia que dejara de llorar. —Tendré que investigar que sucede, Alida tendrá que cuidar al infante. —¡No! —gritamos con Pericón en negación. —Si ella lo va a hacer, y lo harás. Sospecho que ella será una pieza esencial para el crecimiento del diminuto nuevo súbdito o… ¿Quieren que algo malo le suceda al pequeño?. Pericón me maldice en voz baja y con ojos llenos de resentimiento asiente. ¡Ey, no es mi culpa!. —No es buena idea, no soy confiable… —Sé que no lo eres pero confío en mí capitán de la guardia real, Rubí cuida a mi nuevo súbdito. —Si rey —responde Rubí y Pericón infla su pecho con orgullo. Como si me dijera, ¿Ves así se hace?. Cuando sea más fuerte voy a patear su trasero emplumado. Miro a la nueva bola de pelos en mis brazos, ¿No tengo opción?, miró el anillo, no tengo. —Es tiempo que se vayan, cuando cae la noche el poder negativo se vuelve más fuerte y ese pequeño es un ser de luz, está lleno de pureza y sería un aperitivo perfecto para fortalecer a esos seres corrompidos —dice Ámbar y yo trago en seco, ella me mira con pena—. Rubí los protegerá. Eso quiere decir qué… —¿Yo también soy un aperitivo?. —No cariño —reconoce ella, ¡Uy que bueno!—. Tú eres su cena ideal. Quiero llorar, Rubí acaricia mi mejilla y me siento mejor. —Mientras Rubí los acompañe estarán bien. Intenta no morir —agrega burlándose el rey inútil. —Gracias Rubí y Ámbar son las únicos confiables aquí. —¿Qué intentas decir?, este rey es el más confiable… —Rey deben irse. —Luego continuaremos nuestra charla —refunfuña él. Yo también puedo reírme de ti, pajarraco. —Gracias, adiós Ámbar y te veré pronto, quiero escuchar historias sobre mamá y aprender a ser una guardiana fuerte y digna como ella. —¡Ni en tus sueños lo harás como ella! —responde el pájaro, ¿No sabes cerrar el pico pajarraco?. —¡Y tú, sólo en tus sueños eres un buen rey!, ¿No Pericón? Cuando veo que el águila real extiende sus alas en mi dirección empiezo a correr como si fuera una atleta profesional corre o te arrancará la piel, este tipo es muy sentimental. —Aguarda Alida debo enseñarte a salir de aquí. —¿Qué? —avisa Ámbar mientras vuela sobre nosotras con Pericón que me lanza dagas mortíferas, cuando me giro la mariposa en mi muñeca brilla y estoy nuevamente en la entrada del bosque, de alguna manera logré salir. —¡Alida, señorita Alida! —gritan y esa voz es de ¿Krust?. Miro a los pequeños peludos. —Debo esconderlos, ¿Pero cómo? —Mi anillo brilla y el panda desaparece —¿Rubí que sucedió? —Creó que está en el anillo —contesta sorprendida. —Pudin —lo llamó y regresó a mis brazos—, bien pero como lo regreso al anillo de nuevo. Después de 5 minutos los gritos de Krust aumentaron y Pudin no volvía al anillo. —¡Ya sé! —dice Rubí. Mi salvadora. —Dime por favor Rubí. —Piensa en pudin dentro de su huevo, ese anillo debe de ser como el huevo, es la casa de Pudin —explica, no encuentro fallas en su lógica. Después del sexto intento Pudin desaparece y yo por fin me relajo. —¿Y ahora qué hacemos contigo Rubí?. ¿Puedo meterla dentro del collar?. —No quiero volver a mi huevo, yo, yo puedo camuflarme. —¿Puedes hacerlo?. El diminuto conejo asiente y ya no lo veo pero el peso de Rubí aún está en mi hombro, coloco mi mano en donde Rubí estaba y siento su cálido pelaje, si ella aún está aquí. —Ahora guarda silencio Rubí, te avisaré cuando lleguemos. —Si. Apresuro mis pasos hacia donde continúan los gritos de Krust. —Krust. —Señorita Alida. —Krust me abraza y sus lágrimas mojan mis túnicas. Muchas personas me miran con ojos llenos de desaprobación. —Su horario de clases terminó pero no es correcto que asuste a los profesores y directivos del lugar, mañana la espero en mi oficina señorita, Alida Mytso Calligaris. —Comprendo —respondí y varias personas que estaban con mi mayordomo se van resoplando. —Señorita, ¿Está bien?, como se atreven a tratarla así, todo es culpa de su padre y hermano, mi señorita, ¿Cuántas injusticias tuvo que vivir? —se reprocha Krust que está a punto de llorar nuevamente. —Krust estoy bien, en realidad me dormí cerca del bosque y me desperté hace poco. —¿Es así?. —Si estaba cansada, no es fácil el primer día —miento sin pestañear y sujetó su brazo—. Regresemos tengo mucha hambre, hoy no empaqué mi almuerzo. —Oh señorita perdone la incompetencia de esta vieja bolsa de huesos. —Fue mi culpa, así que volvamos. ¿Si? —Bien, como ordene. Agradezco que Krust estuviera tan preocupado que no notó mi pésima actuación, cuando regresemos pensemos un nuevo plan para que toda esta locura no sea descubierta, además jamás escuche que mamá sea una guardianes, ya me duele la cabeza de pensar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR