Habíamos pasado los siguientes días en casa de Ivonne, enseñándome a controlar mis poderes. Me había dado algunos de los grimorios del aquelarre para leer en casa. Todavía me parecía una locura todo aquello. Yo, una bruja. Mi vida convertida en todo aquello que no creía, hasta ahora. Definitivamente nada era lo que parecía. Ahora comprendía algunas cosas de mi infancia, actitudes, por qué mi madre era como era. —Cuida de ella, por favor —le pidió a Louis con una sonrisa. —No dejaré que le pase nada —le sonrió de vuelta. —Y tú —suspiró. Llevó su mano hacia mi mentón, acariciándome—. Me recuerdas tanto a ella... Sé fuerte. Cualquier cosa, tenéis mi número —sonrió una vez más. Asentimos los dos y nos despedimos de ella. De nuevo, debíamos hacer un largo viaje en coche. Ivonne nos había da

