Hathorne street, Salem, Massachusetts. Hacia ahí nos dirigíamos. Tras lo sucedido en la graduación, más que nunca quería descubrir por qué mi madre me había dejado aquello. Quién era yo. Había descubierto que era una bruja y dos vampiros me habían atacado a lo largo de estas semanas.
Respecto a Louis, enterarme de que había sido un hombre lobo todo este tiempo resultaba desconcertante. Mi mejor amigo, de toda la vida, resultaba ser un perro enorme. Todavía no habíamos hablado sobre ello. Ayer estábamos demasiado cansados como para hacerlo. Hoy, durante el viaje, hablaríamos.
El mundo que yo creía conocer no era para nada como pensé.
—El colgante te protege de nosotros. No solemos atacar, al menos no a humanos —rompió el silencio. Giró su rostro hacia mí un instante mientras conducía—. La piedra Lunar es como Kriptonita para nosotros. No podemos acercarnos a ella en nuestra forma de lobo. Quería protegerte de mí y de los otros, por si acaso.
—¿Por qué no me lo contaste, Louis?
—No quería que estuvieras involucrada en todo esto, Nora. Hasta ahora, llevabas una vida normal y así es como debía haber seguido —suspiró—. Tenía ciertas sospechas sobre tu madre... y seguramente ella de mí, pero nunca hablamos sobre ello.
—Vampiros, hombres lobo, brujas... ¿Hay algún otro ser del que deba saber?
—No que yo sepa —apretó sus manos en el volante—. Siempre hemos sido sólo yo y mi padre. Bueno, hasta hace poco.
—¿Tu padre? —pregunté sorprendida. Él asintió sin apartar la vista de la carretera.
—Él es como yo. Lo heredé de él.
—¿Por eso desaparecía tanto?
—Sí —reconoció, al fin—. Pensábamos que éramos los únicos en nuestro clan y resultó no ser así. Durante todos estos años, él ha estado tratando de reunirlos a todos. Han vivido ocultos todo este tiempo.
—Eso es bueno, ¿No? Tienes familia, gente como tú.
—Supongo. Aunque siempre he sido un lobo solitario —sonrió por su propio juego de palabras.
—¿Crees que sea mi padre? —pregunté, observando una vez más la fotografía que sostenía entre mis dedos. Acaricié los rostros sobre esta, con delicadeza.
—No lo sé. Iremos a esa dirección y preguntaremos —giró su rostro, mirándome—. Pero si alguien intenta algo, si te pasa algo, no dudaré en hacer daño al que sea, Nora.
Le sonreí levemente por sus palabras. Sabía que hablaba honestamente y eso me gustó. Suspirando, volví a apoyar mi cabeza sobre la ventanilla. Todo seguía muy confuso e incluso aunque quisiera descubrir más, necesitaba algo de tiempo. Mucho que asumir, aceptar. Además, nos esperaba un largo camino en coche.
Ni siquiera sabía con qué nos íbamos a encontrar. ¿Michael? ¿Una bruja? ¿Vampiro? Con todo lo sucedido ya me esperaba cualquier cosa.
══════ ∘◦ ❈ ◦∘ ══════
Louis me despertó suavemente, acariciándome el brazo. Me revolví en mi asiento, intentando despertar completamente. Había dormido la última parte del viaje. Al abrir bien los ojos pude ver que ya estábamos en Salem.
—¿Cuánto he dormido? —me rasqué el ojo, todavía con la voz rasposa por el sueño.
—Toda la noche. Paré en una gasolinera a descansar unas horas y seguías dormida cuando continué el trayecto —me regaló una débil sonrisa justo antes de concentrarse de nuevo en la conducción.
Casi veinte minutos después, llegamos a la dirección. Era una casa, normal y corriente. La observé por un instante, pensando en quién viviría allí. Miré a Louis por un momento justo antes de salir del coche.
Nos dirigimos hacia la puerta. Llamamos y la voz de una mujer al otro lado de la puerta me tranquilizó un poco. A los pocos segundos, ella abrió la puerta y se sorprendió.
—¿Delilah? —habló con un pequeño hilo de voz. Pareció incluso sorprendida. Conocía a mi madre.
—Eh... no. Soy Evanora.
Su rostro cambió completamente al oír mi nombre.
—Si estás aquí es porque algo ha pasado —observó la calle, mirando de un lado a otro y nos hizo entrar—. Pasad, rápido.
Los tres nos dirigimos hacia la cocina. Aquella mujer comenzó a preparar un té mientras Louis y yo nos sentamos en la mesa y nos mirábamos confusos.
—Soy Ivonne, por cierto —giró levemente su rostro mientras continuaba con el té.
Minutos después, lo sirvió y se sentó con nosotros.
—Gracias —musité tímida. No sabía qué decir o preguntar. Conocía a mi madre e incluso a mí, pero yo en absoluto a ella.
—Evanora —dijo en un suspiro—. ¿Cuánto hace?
Al principio, me sentí confusa por la pregunta, no entendía a qué se refería. Segundos después, creí hacerlo.
—Una semana y poco más.
—Lo siento mucho por ella. Era increíble —jadeó, con claro dolor reflejado en su rostro—. Supongo que ya has descubierto tu condición.
—Algo así —removí el té, nerviosa.
—Eres bruja, igual que tu madre.
—Y al parecer también existen los hombres lobo y los vampiros —alcé mis cejas, algo incrédula.
—¿Has conocido a alguno?
—No exactamente. Una noche uno me atacó, pero apareció otro y me salvó —expliqué confusa. Ni yo misma entendía por qué me había ayudado aquél vampiro.
—¿Qué?
—Y en la graduación, apareció uno y pareció conocerme, ¿Cómo es posible?
—¿Os ha seguido alguien?
—No... No creo.
Ella me miró durante varios segundos sin decir nada. Soltó un gran suspiro y dio un trago al té.
—Esperaba de verdad que nunca tuvieras que venir a verme.
—¿De qué hablas?
—Evanora, cuando tu madre se quedó embarazada de ti, tuvimos que ocultarla. Cuando se enteraron de quién era tu padre...
—¿Michael Soulton? —interrumpí. Ella me miró sorprendida. Asintió cuidadosamente.
—Todo el mundo quería ir tras ella, querían quedarse contigo.
—Pero, ¿Quién es él? ¿Qué tiene de especial? ¿Y yo?
—Tu padre es un vampiro, Nora.
Aquellas palabras entraron como si de un bofetón se tratara. Mi padre, ¿Un vampiro?
—Eso es imposible, yo no soy un vampiro. Ni mi madre, que seguramente esté muerta por culpa de uno —espeté.
—Evanora —alargó su mano, posándola sobre la mía—. Siento mucho lo de tu madre. No debía haber sido así. Nada ha salido al final como esperábamos.
—Ya, bueno.
—Tú... eres fruto de la unión de un vampiro y una bruja. Nunca había ocurrido nada así. El aquelarre la perdonó y me encargaron a mí ayudarla y ocultarla. Los vampiros querían tenerte. Tus padres, al engendrarte, crearon una nueva especie, siendo tú la única en ella.
—Esto es una locura —moví mi cabeza con una sonrisa nerviosa.
—Escúchame, por favor —apretó sus labios mientras fruncía el ceño antes de hablar de nuevo—. Apenas quedamos unas pocas brujas de nuestro aquelarre, los vampiros se encargaron de ello. Tuvimos que ocultarte y tu padre no podía saber donde estabas, teníamos que ocultarte de él también, por tu seguridad.
—¿Quién es él?
—Él pertenece a uno de los linajes originales del vampirismo.
—¿Quieres decir que mi padre tiene más de mil años?
—Bastantes más, para ser exactos.
—Yo... Creo que necesito algo de aire —dije levantándome, sintiendo que los nervios y la ansiedad comenzaban a apoderarse de mí.
—Evanora, por favor —se levantó, viniendo hacia mí—. Van a por ti, no puedes dejar que te atrapen. Van a querer matarte para convertirte.
—¿Qué?
—Llevas la sangre de vampiro en tus venas pero no lo has activado. Para ser vampiro, debes morir. Y eso es lo que quieren hacer, matarte. Quieren que seas uno de ellos para luego sacrificarte en un ritual y convertirse ellos en tu especie.
Escuchaba cada cosa que decía y cada cuál sonaba más loca. Miré a Louis, jadeando, intentando comprende todo aquello en mi mente.
—Te hablo de los otros linajes. Tu padre, claramente se negó y tuvo que huir también de ellos. Creían que habías muerto durante un tiempo pero han conseguido dar contigo.
Comencé a hiperventilar, sentí que el aire me faltaba cada vez más y más. Louis se levantó y trató de ayudar a calmarme, consiguiendo todo lo contrario. Los nervios aumentaban cada vez más y con rapidez. Aquella presión en el pecho me dificultaba respirar o pensar. Algo parecía querer salir.
—Apártate de ella —exclamó Ivonne.
Solté un gran grito, sintiendo cómo poco a poco todo lo malo de estos días atrás, la ansiedad, los nervios, el miedo, iba saliendo de mi cuerpo, formando una gran onda de energía que retumbó por toda la casa y viajó por toda esta. Todo se detuvo, quedando en completo silencio. Al darme cuenta de lo que había hecho, de lo que sucedió, corrí hacia ellos. Estaban tirados en el suelo, se habían golpeado por mi culpa.
—Lo siento, lo siento. No sé ni cómo... —miré mis manos, horrorizada.
—No pasa nada —gruñó Louis y tosió, levantándose todavía adolorido.
—Eso —Ivonne tomó aire—. Es tu poder, Evanora. Necesitas aprender a controlarlo. Te está comiendo por dentro.
La ayudé a levantarse.
—¿Poder?
—Siempre lo has tenido. Tu madre estuvo inhibiéndolo durante años. Quería que tuvieras una vida normal, alejada de todo esto. Cuando ella murió, dejó de hacerlo y comenzó a salir a flote.
—¿Y cómo aprendo a controlarlo?
—Yo voy a ayudarte.