—Soy el mismo. —No lo eres—tomo la maleta y comienzo a caminar a la salida del cuarto. Me toma de la cintura para detenerme, no quiero mirarlo porque si lo hago no me iré nunca. Con sus dedos toma mi mentón para elevar mi cabeza y hacer que lo mire, sus ojos me dicen que no es el Pride que me robó. —No le pertenezco a nadie, más que a ti y a nuestro hijo—una lágrima rueda por mi mejilla. La quita con cuidado y luego deja un beso en mi frente, me abraza y con esto tengo para ponerme a llorar. Sus manos sostienen mi cuerpo mientras lloró como una niña por lo que estaba pasando entre los dos. —Te prometí tranquilidad cuando te pedí que escaparamos—asiento despacio—. Eso te daré, no me iré de tu lado, así que regresame a lo que era. —Te voy a lastimar. —Te prometo que no lo harás. Tra

