Llegamos a casa a una hora temprana, relativamente, vivimos a las afueras de la ciudad en una mansión metida a un par de kilómetros para que nadie vea la magia que florece en nuestro hogar, mamá es la que invita personas para despistar y también la que trata de ser lo más humana posible con un Caído y la Bruja Negra en casa. Estaciona el auto en su lugar al tiempo que un relámpago cruza el cielo. Ladeó los labios antes entrar a la casa, papá está sentado en la sala con el televisor encendido, mira a Pride para entrecerrar los ojos. —Llegas tarde—acusa de malas. —Abigail quiso fresas con crema—me echa a mí la culpa. Que tierno. Niego antes de caminar a la cocina donde mamá habla muy animadamente con alguien, es una voz femenina. Una que yo conozco. Me quedo estática en la puerta al ver

