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1985 Palabras
El Príncipe banda suelto y no se imaginan cuánto jajaa Feliz Lectura… Acomodo los libros que me hacen falta, Pride se fue a quien sabe dónde hace un par de horas, y me dejó aquí sin antes decirme que en caso de no volver me fuera a casa. Nox es el que me hace compañía mientras arreglo el desorden de libros que alguien vino a dejar. —¿El humano… que era de ti?—sé que habla de Mike. —Nada. —Ese nada no es muy convincente, Abby—miro al gato que está sentado en uno de los libros que hay en el carrito—. No le diré al Príncipe que su esposa tuvo una relación con un humano. —No fue una relación—me quejo antes de poner el libro en su lugar—. Mike y yo… su padre no quería que se metiera conmigo porque mi abuela es de las brujas más extravagantes que hay y… soy una mestiza con poderes raros. —Dirás poderosos. —No lo creo, Nox—me bajo de las escaleras para tomar otros dos libros cuando la pata de Nox se pone sobre mi mano. —Para nunca haber invocado un demonio lo hiciste bien. —Y ahora es mi esposo. Sigo acomodando los libros hasta que mi tía Louise me dice que puedo irme que la abuela irá a mi casa para ver a mi madre. Tragó despacio sin que se note, aceleró el paso a la salida cuando me topo con alguien que no quería ver en mucho más tiempo. El señor Arthur me mira de arriba abajo antes de darme una sonrisa torcida que me hela la sangre. —Dile a Emilia que espero verla en la cena de Galápagos y a tu padre también. —Sí, yo le digo. —Sería bueno que le dijeras al idiota con el que viniste que estás comprometida con Cameron. Sólo asiento antes de sacarle la vuelta y correr lo más lejos que se pueda de él. Al llegar a afuera veo un Mercedes estacionado con cierto demonio parado frente a él con un cigarro entre los labios y unos lentes oscuros puestos en sus ojos. Se ve imponente así. El Mercedes y él se ven tan bien juntos, tira el cigarro al suelo antes de pisarlo con la punta del zapato, se acerca a mí antes de besarme en la mejilla. —¿De dónde sacaste el coche? —¿De verdad piensas que estoy en la calle en el mundo mortal? —Pensaba que los Príncipes del infierno sólo están… —Deja que te muestre. Me hace la seña para que suba al auto, pero luego recuerdo que tengo que ir a casa, Santo Infierno. Enciende el auto antes de alejarnos del Podium a una velocidad estándar, no lo miro ni de reojo. Sólo la calle que siempre he recorrido muchas veces antes, me pego a la puerta del auto acomodándome con cuidado. Pride pone música en el estéreo del auto y eso llama mi atención, más que el hecho de que no sé de dónde salió el auto y tampoco de a dónde nos dirigimos. Pero la conversación con Arthur pone mis nervios intranquilos porque la fiesta de Galápagos es unas dos semanas y es una de las fiestas más importantes de las brujas, bueno, de todas las especies en general. Es un evento al que asisten todos los importantes de cualquier especie, hombres lobos, vampiros, cazadores, gárgolas… entre otras. —Vienes muy callada, Cariño—da vuelta en una de las avenidas principales—. Será porque no sabes de dónde salió el auto. —Eso y otras cosas. —Te quitaré un peso de encima—ahora si llevo mi cabeza a él—. Como demonio tengo personal en la tierra que opera en el nombre que aparece en el acta de nuestro matrimonio, claro que cambia en el país en el que me encuentre. —Eso quiere decir… —Que estás casada conmigo en todo el mundo dependiendo el nombre que tenga en ese país. —Pero Pride… —Así es como me conocen en general—asiento sabiendo que te go dinero en todo el planeta por estar casada con él—. Por eso lo usé, pero luego recordé mi nombre en el país… cambia cada cierto número de años y debo aprenderlo. —Que fastidio—ríe por mi comentario y luego llega a una zona recidencial a la que yo tragó saliva de ver dónde es. El guardia sale de su cubículo para preguntar a dónde vamos, pero Pride saca un papel de sabrá Infierno dónde y se lo muestra al guardia. El hombre le sonríe y nos deja pasar, juro que voy nerviosa como un conejo, no se supone que nos deje pasar así como así. No digo nada mientras Pride maneja por las lujosas calles de la zona residencial a la que me trajo, da vuelta en una esquina y se detiene en una casa en específico, estacionándose en la cochera de la casa. Se baja del auto dando vuelta por enfrente y dejando que me baje al abrirme la puerta, me guiña un ojo antes de subir por unas escaleritas y abrir la puerta de la casa para entrar en ella. Lo sigo por instinto, y el interior… —Bienvenida a casa, Preciosa. —Pero… —Ya te dije que tenemos dinero por el fantasma que crece por mí aquí cada cierto número de años—la puerta de cierra a mi espalda y siento algo de pánico al escucharlo—. Tenemos propiedades, dinero, casas y otras cosas más, cómo el auto de afuera. —¿Tienes empresas legales? —La mayoría lo son—se acerca a mí de forma peligrosa—, por eso somos libres de gastar todo el dinero que queramos muñeca, que se acumula mucho en Europa. Se pone a mi espalda para dejar sus manos en mis hombros como el día que lo invoque y me casé con él, su aliento choca contra mi oído robándome un jadeo. —Te dije que muero por sentirte piel con piel—siento su lengua en mi cuello. Eso me roba un jadeo que parece darle el permiso de explorar mi cuerpo; sus manos no pierden el tiempo para delinear mi silueta sin que yo pueda decir algo. Su altura no impide que haga conmigo lo que quiera. No sé en qué momento terminamos sobre uno de los sillones con su mano recorriendo mi cuerpo libremente, y con mi blusa en el suelo. Su mano libre la lleva por debajo de mis pantalones provocando que no diga nada y que sólo haga muecas porque sabe es mi primera vez. Lleva sus labios a mi cuello para luego sacar su lengua y pasarla por mi piel que comienza a arder cuando sus dedos juegan en mi entrada, sólo roces suaves que van aumentando mi temperatura. —Pride… —Sólo déjate llevar—aprieto sus hombros al sentir uno de sus dedos en mi interior—. ¿Duele o se siente rico? Comienza a moverlo de cierta forma que me hace gemir, entra hasta donde puede para salir y jugar con mi humedad antes de meterlo de nuevo en mí. —Rico. —¿Mucho o poco, Cariño?—me muerdo el labio cuando interna otro para hacer lo mismo—. Vamos, Abigail. ¿Que tanto? —Mucho—penetra con sus dedos—. Santos Infiernos. Pride, se siente delicioso. Siento su sonrisa contra mi cuello antes de sentir otro dedo más en mi cuerpo, me da el permiso de buscar mi placer con sus dedos y no me repudia comenzar a buscarlo con él. Mis gemidos se vuelven constantes con cada movimiento que hace mi cuerpo contra su mano abierta que recibe mis movimientos. Sus malditos labios me atraen, pero no me deja besarlo, sólo mueve sus dedos sin moverlos y yo me corro sin poderlo detener. Aprieto sus brazos fuerte, mientras gimo su nombre con todo lo que tengo, luego mi teléfono interrumpe lo que pasa mientras me recuperó del orgasmo. Pride me da el teléfono mientras reparte besos castos en mi piel sudada. —Mande. —¿Dónde estás?—papá. —En… —Tu abuela quiere saber de la persona que te acompañó al Podium esta tarde. —Ya voy. —Tu madre la está entretenido con preguntas sobre la fiesta de Galápagos—Pride saca sus dedos de mi interior y me siento vacía cuando lo hace—, te quiero aquí en unos minutos. —Sí. Cuelga la llamada y mis ojos van a Pride que se ve molesto porque debió escuchar la conversación. Sus planes de quitarme mi virginidad esta noche no pasarán porque la abuela quiere verme y porque papá me quiere allá. —¿Cuándo puedo dejar de portarme como un ser razonable? —Pride… —Quiero a mi mujer en mi cama totalmente desnuda esperando a que entre en ella—estoy por hablar cuando me da la vuelta y quedó debajo de él—. No son mis dedos los que quiero cubiertos por un orgasmo—abre mis piernas con una suya. —Sólo espera a que la abuela… —Dame una fecha—en sus ojos reluce una especie de llama que me hace tragar grueso. —Pride… —Dame una fecha o mataré a todos los bastardos que me impidan tenerte bajo mis sábanas. —La fiesta de Galápagos—asiente sin dejar de mostrar esos rasgos asesinos que hay en sus ojos—. ¿Ya puedes llevarme con mis padres? —Le dices a tu padre que te quiero aquí después de esa fiesta. —Sí. Me transportan las sombras de su poder y aparezco en mi habitación, vaya que se tomó en serio lo que mamá le dijo sobre no decirle nada a la abuela sobre nuestro matrimonio. Bajo las escaleras para ver a mi abuela diciendo que hay rumores de que un demonio grande fue invocado provocando que los Príncipes mandarán señales de presencia en nuestro mundo. Me desplazo a la cocina por un poco de agua mientras la abuela está con mi madre y tía hablando de lo mismo que cuando llegue. —La fiesta de Galápagos es importante, Emilia—le recuerda la abuela. Tengo un idea de que vestido voy a llevar, pero no me decido muy bien, y tengo que ir a juego con Pride ahora que estoy casada con él. —Ya sé, madre—camino a dónde está papá sentado y extiende el bote de palomitas que tiene en las piernas—. ¿Daremos a conocer la unión de Abigail con Cameron? —Eso ya lo sabes—papá me mira y luego me guiña un ojo. —Los Wilson se retorceran en agua bendita—me rio con papá de eso. Pride no dejará ni de chiste que alguien más me lleve a ese baile y mucho menos que me usen como un trueque. —Abigail—me callo al escuchar que me llama—. Irás con tu tía por un vestido digno de la prometida de un brujo. —Claro. Entrecierra los ojos porque no discutí con ella sobre ese punto, pero tengo un demonio gatuno viendo la televisión y otro esperando con ansias la fiesta para coger conmigo. Aunque al segundo no se lo espera. —Bien. Louise, dile a Donna que el joven Marcus quiere un baile con ella en la fiesta. —Estará encantada de hacerlo. Me voy a mi habitación porque ya no quiero escuchar más de Donna por lo que resta del día. Me acuesto a dormir no sin antes sentir un beso en la mejilla. —Buenas noches, Pride. Tranquilos que es sólo el medio tiempo jajaja. ?
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